La palabra como eje central
En esta aventura denominada “Oralidad, gesto y escritura”
participamos 19 personas, las cuales llegamos a esa taller creativo
guiadas por el amor a las palabras
Manuel Vega Loo
mvega@prensa.com
Alondra
Badano y Mirta Gómez fueron nuestras guías en el mundo de las
palabras, allá donde toman forma y se convierten en frases, oraciones,
párrafos, cuentos o novelas.
En esta aventura denominada “Oralidad, gesto y escritura” participamos
19 personas, las cuales llegamos a ese taller creativo guiadas
por el amor a las palabras.
Badano y Gómez fueron designadas nuestras orientadoras por el
grupo pedagógico de Casa Taller, que participa con su pabellón
Torre de Marfil en la Feria Internacional del Libro, que se efectuó
hasta el pasado 5 de agosto en ATLAPA.
Disfrutar, crear y jugar
Durante este periplo recordamos que gracias a la capacidad oral
-y a sus compañeros los gestos- se logra ese mágico intercambio
de ideas y conocimientos que denominamos: comunicación.
Para que los 19 viajeros comprendiéramos mejor el proceso coordinado
en que trabajan la palabra, los gestos y la escritura, Badano
y Gómez nos propusieron una serie de ejercicios individuales y
colectivos.
Comenzamos con una caminata para relajarnos e integrarnos con
los demás miembros del grupo, en el que había educadores y algunos
otros miembros de la Casa Taller.
En este momento Mirta Gómez tomó la batuta y nos explicó que desde
ese momento sería Maya, y que teníamos que seguir sus instrucciones.
La primera fue caminar más rápido y en diferentes direcciones;
posteriormente solicitó que intercambiáramos miradas. Tras este
acercamiento del grupo Maya reveló las instrucciones de otros
ejercicios, los cuales requerían de una absoluta concentración.
Para acatar la orden primero teníamos que oír “Maya dice” que
nos sentemos, por ejemplo. Al cabo de un tiempo hubo un poco de
confusión entre los miembros del grupo, ya que varias veces siguieron
algunas indicaciones sin la famosa frase “Maya dice”.
Fue un momento para el humor y la integración de viajeros de mundos
diferentes, pero que comprendían la importancia de los ejercicios
y sus propósitos. Esos primeros minutos fueron solo la base para
el futuro aprendizaje.
La creación
Luego de que Maya ordenará subir los brazos y caminar arrodillados
terminó esa parte del taller creativo. Posteriormente empezamos
a trabajar con las palabras; primero las relacionadas con la Feria
Internacional del Libro, después llegaron las vinculadas con el
hospital, el bosque, etc.
Las palabras primero llegaron suavemente, luego más rápido y alto.
Tras esa expresión oral formamos grupos de dos para descubrir
la otra parte del seminario: los gestos, elementos indispensables
de comunicación en muchas culturas, por ejemplo en la española
y en la italiana.
Cada pareja tenía que describir un objeto y encontrarle un uso.
Allí salieron a relucir instrumentos musicales, flores, maletas,
mangos, cartas de amor y los siempre presentes libros.
Luego que se seleccionaron los objetos imaginarios el dúo los
demostró a los demás. El ingenio de los participantes sorprendió
a las instructoras.
Tras los gestos, regresó a la sala la palabra, la cual en esta
ocasión serviría para formar una historia de un minuto de duración.
El eje central de esa narración serían tres palabras proporcionadas
por el compañero de ejercicio.
Uno a uno fueron contando sus historias con las tres palabras
proporcionadas. Luego le tocó el turno a los demás integrantes
de los dúos. Después de que cada uno narró su historia en un minuto,
la instructora Mirta Gómez les ordenó que la siguiente historia
tendría que durar dos minutos.
La escritura
Al contar con varias historias diferentes que estaban relacionadas
con los relámpagos, el amor, una flor, los reencuentros, la amistad,
unas tortillas, etc. Mirta Gómez y Alondra Badano nos pidieron
que plasmáramos en el papel esas ideas o acontecimientos.
En un par de minutos escribimos estos cuentos cortos, que jamás
llegarán a una imprenta, pero con mucho valor porque enmarcan
lo aprendido en el taller.
Al concluir el periodo de escritura, las historias fueron expuestas
ante el grupo. Sin sospecharlo creamos historias que tenían los
elementos de las novelas de escritores profesionales, por ejemplo:
una acción, un tema, personajes, lugares, etc.
En este punto del taller Alondra Badano nos recordó que “escribir
es pensar en silencio y que su resultado está relacionado con
nuestras emociones”. También recalcó que esas historias tenían
un desarrollo y un final, que en muchos casos fue inesperado.
“En un pequeño gesto puede existir el inicio de un relato. No
hay que olvidar que la vida está llena de relatos. Nunca hay que
olvidar esa famosa frase del escritor cubano Alejo Carpentier:
‘todos los seres humanos son cronistas de sus historias”, indicó
Badano, quien también dicta clases en la Universidad de Panamá.
La educadora dijo que “un taller de escritura le puede servir
a todos, y especialmente a aquellas personas que tienen la vocación
de contar historias”.
Agregó que el ser humano aprende en cada uno de sus días, por
eso es importante que se le motive a participar en nuevas experiencias.
“Somos seres pensantes, con la capacidad de reconstruir lo que
vivimos, a través de la escritura, que es una forma de reflexión
depurada”, enfatizó.
Sin embargo, no hay que olvidar que todos somos iguales, pero
con diferentes capacidades.
“El ejercicio que se aprendió en el taller ayuda a las personas
a mirarse, porque no debemos olvidar que la escritura refleja
lo que realmente somos”, dijo.
Añadió que “el que escribe se mira, y al mirarse a sí mismo y
a los demás crece, comprende más al ser humano porque lo tiene
que describir. Y finalmente puede captar una emoción”.
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