Excremento y otras inmundicias
En las actuales condiciones del IDAAN, cuanto más agua seproduzca
más agua se perderá
Pedro Ernesto Vargas
Con respecto a la situación actual del IDAAN es menester reconocer que el subsector agua potable es “chicha e’ piña” con respecto a un mayúsculo problema en el subsector alcantarillado sanitario. Pero antes de entrar en este otro aspecto, es necesario recalcar que el IDAAN, antes de aumentar la producción de agua, tiene que hacer otras tareas. En las actuales condiciones entre más agua se produzca más agua se perderá y más agua se dejará de contabilizar; esa aritmética que resulta de sustraerle a la producción la facturación. El 40% y más de pérdidas se mantendrá o se agravará. La institución necesita facturar lo que distribuye y dejar de botar tanta agua por fugas y pérdidas en las tuberías viejas, rotas, huérfanas de mantenimiento y en otros sitios de la red y cobrar el agua que produce y distribuye.
Esto no se soluciona dando en concesión la producción de agua ni su distribución. Se soluciona reparando los daños en la red, poniendo medidores de lectura de agua consumida y cobrando este consumo. Para ello hay que hacer sanidad administrativa en la institución aludida: nombrar profesionales aptos, ingenieros y técnicos en las áreas sanitaria y electromecánica y eliminar prebendas o cualquier otro nombre con que se le quiera identificar a aquellas distinciones especiales de lógica naturaleza pero méritos dudosos. Si las actuales autoridades no pueden hacer este trabajo menos se les puede confiar la iniciación, supervisión y evaluación de ninguna transacción o función concesionaria por empresas privadas. Cuando la casa esté en orden de seguro que los serios problemas para adquirir insumos y servicios se verán superados. Y entonces, a producir más agua.
En estas noches me encontré al insigne poeta nacional Manuel Orestes Nieto en una de mis lecturas: “No sé qué pudo haber sucedido con esta ciudad, pareciera que se la hubieran tragado los lobos” .
Los lobos no se han ido, siguen al acecho, lanzan sus zarpazos y pegan sus mordiscos, pero me aterra la idea de que nos trague el excremento. Un análisis muy interesante en mi poder dice que “la recolección de las aguas residuales se realiza a través de 17 sistemas de alcantarillado sanitario independientes que cubren solamente a un 36% de la población total de la República”. Y peor aún: “un 17% de la población no tiene acceso a ningún sistema de saneamiento básico adecuado”. En la misma ciudad de Panamá las aguas servidas no son tratadas eficientemente o porque no hay el número necesario de tanques sépticos, o porque no se les da mantenimiento o porque ni siquiera se alcanza un 10% de remoción de la carga orgánica, excretas, entre otras. Hay una ausencia criminal y peligrosa de interceptores de los alcantarillados en las márgenes de los ríos, que facilita que estos residuos sigan en el cauce de los mismos, y esto no es diferente para los vertimentos de los alcantarillados sanitarios (que debiéramos desde ahora rebautizar insanos) que descargan a la Bahía de Panamá.
Aunque este sea un problema heredado por centurias, ¿dónde ha quedado la responsabilidad estatal con el ciudadano y la solidaridad cristiana con el hombre? ¿Dónde está la sentida postura intransigente y beligerante de las autoridades de salud para resolver este problema? ¿Es este un subproducto de la reconocida y peligrosa fragmentación administrativa que caracteriza a este gobierno?
De los $602 millones de inversión necesaria -calculada en 1998- que el IDAAN debiera realizar, un 96.86% correspondería a inversiones en infraestructura física tanto para el subsector agua potable como para el subsector alcantarillados. Sin embargo, alcantarillado sanitario y tratamiento de aguas residuales requerían el 87.5% de este monto millonario. Sin estropearnos en divagaciones de si hay la plata o no la hay —que la hay pero en otras bolsas— ¿logra Ud. percibir la gravedad del problema de contaminación y enfermedad?
Si el ciudadano no le mete la mano a este asunto, no se involucra, no se deja escuchar o se silencia voluntariamente, tendremos que aceptar lo que el poeta Orestes Nieto, en la misma Ciudad Terminal, nos dice con dureza singular: “aquí la gente pareciera no amar.”
El autor es pediatra y neonatólogo
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