| |
Agua que no has de beber...
Con el objeto de confundir a la opinión pública, gobierno y oposición utilizan el sistema de ver la brizna en el ojo ajeno, olvidando que llevan una viga en el propio
María del Carmen Cabello
ccabello@prensa.com
Con la trifulca que se ha formado a causa de los 150 millones del Fondo Fiduciario que el Ejecutivo usaría para hacer mejoras en el IDAAN, los panameños nos sentimos como los hijos de los divorciados. De divorciados mal avenidos, claro, de esos que no tienen la inteligencia suficiente para comprender que por muchas diferencias y rencores que tengan entre ellos, los hijos no tienen por qué pagar los platos rotos.
No es que los ciudadanos esperemos de los políticos la ternura y los cuidados que unos padres deben prodigar a sus retoños, a tanto no llega nuestra ingenuidad, pero sí esperamos que al menos nos sirvan de luz y de guía, y que encaminen nuestro rumbo hacia el progreso y la madurez.
Sin embargo, tras la lucha enconada que mantienen el Ejecutivo y la mayoría legislativa sobre el tema, henos aquí sufriendo los mismos traumas que sufren los niños que no solo se enfrentan a un hogar partido en dos, sino que además perciben que los padres los utilizan para arremeter contra el contrincante. Y lo que es más triste, perciben que su bienestar les importa un bledo, y que lo único que les interesa es ganar batallitas de una guerra estúpida.
No es que la gestión arnulfista se caracterice precisamente por su brillantez. Tampoco vamos a exagerar. Ni por su transparencia ni por sus grandes propuestas. Pero la oposición tampoco ayuda. Y si ayuda en algo es a caer. Más que servir de contrapeso para que el Ejecutivo no se desmadre por sus fueros, lo que percibimos es que los políticos opositores han comenzado ya la campaña política del 2004, y pareciera, en consecuencia, que su único objetivo es desprestigiar al gobierno. Y para ese mandado no se necesitan alforjas.
Con el fin de conseguir sus objetivos, unos y otros utilizan el viejo sistema de ver la brizna en el ojo ajeno, olvidando que llevan una viga en el propio. Así, en circunstancias tan precarias, la oposición no solo pretende demostrar contra viento y marea que la gestión oficial está destinada al fracaso, sino que procura que sea un fracaso. Si para ello tiene que mentir, como asegurar que el Gobierno no había presentado el presupuesto destinado a los programas que se llevarían a cabo con los 178 millones que ya se habían programado del fondo, pues se miente. A ver si cuela. Y si cuela, a ver si se confunde un poco más a la opinión pública, que es de lo que se trata.
Como no soy ingeniera sanitaria, no puedo opinar a ciencia cierta sobre cuál es la mejor opción para hacer mejoras al IDAAN. A ojo de buen cubero, hacer uso de esos 178 millones ya programados, es tanto como desnudar a un santo para vestir a otro, y las necesidades son muchas, aunque no parece mala la idea de utilizar, si es que queda algo, el remanente.
Por otra parte, pellizcar otros 150 millones del Fondo Fiduciario tiene sus ventajas, entre otras que no habría que pagar intereses, aunque son comprensibles las aprensiones que tal decisión suscita, por ejemplo, el peligro de descapitalizar poco a poco el depósito o que no haya transparencia total en su manejo. También corremos el riesgo, visto lo visto, de que ese dinero se extravíe en algún bolsillo roto.
La propuesta del legislador Wigberto Quintero de usar las partidas circuitales (correspondientes a tres años) que se entregan a los legisladores para que hagan con ellas regalitos demagógicos a sus comunidades, me pareció genial, aunque alguien con muy buen tino me advirtió que tal propuesta puede ser un modo de presión a los legisladores para que aprueben los 150 millones del fondo. Antes morir que perder la vida, o lo que es lo mismo, antes darle la razón a Mireya que verse privados de semejante bocado.
No es motivo de sorpresa que ningún legislador haya propuesto renunciar en masa a las prebendas que tienen (tal como ha sugerido el dirigente obrero Saúl Méndez), y que suman una buena cantidad. Eso sería un gesto sin precedentes. Y tampoco es cosa de abrir caminos, no vaya a ser que la gente se acostumbre. Y además, sería un gesto tan inusitado como si los gerentes de las empresas, en época de crisis, se rebajaran los sueldos. Tienen sus gastos que atender. Es más lógico reducir personal o pedirle a los empleados que ahorren en material de oficina.
De cualquier forma, los hijos de divorciados estamos a la espera de lo que decidan los padres de la patria, los honorables legisladores. Estamos cansados de sus peleas, de sus “dime que te diré”, desengañados del poco aprecio que nos tienen, pero como en este caso no podemos echar mano del refrán “agua que no has de beber, déjala correr”, porque todos necesitamos el agua que debe proveernos el IDAAN, nos sentimos también acogotados. Y amenazados. Y muy preocupados.
Podríamos decirle al Ejecutivo que ese populismo del que echa mano ahora es extemporáneo. Que las comunidades vienen denunciando la falta de agua hace rato. Y podríamos decirle al Legislativo que se deje de cizañas y lloriqueos. Si no se avienen a un acuerdo cónsono con la realidad del país, no podremos perdonarles nunca que nos condenen, sin tener en ello arte ni parte, a vivir como gorgojos.
La autora es editora de los correctores de La Prensa
Además
en opinión
- Excremento
y otras inmundicias: Pedro Ernesto Vargas
- Agua
que no has de beber...: María del Carmen Cabello
-
Sobre los funcionarios: Luis C. Córdoba M.
-
Casas para sufrir: David Carrasco
-
Administrador, pero no dueño: Mario
Pezzotti
|
|