Cerro
Hoya: las tareas
La
propuesta sobre Cerro Hoya del ecologista Pastor Moreno destaca
por su fundamento en la realidad... Pero, ¿permitirá
la burocracia gubernamental llevarla adelante?
HERASTO
REYES
hreyes@prensa.com
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| El área
marinera del Parque Nacional Cerro Hoya presenta una buena
cantidad de escenarios turísticos. |
Las potencialidades
naturales del Parque Nacional Cerro Hoya, en el sur-occidente
de la península de Azuero, superan los problemas. Las dolencias
surgen en la forma como debe enfrentarse el desarrollo potencial
y los problemas de la región.
Conflictiva
es la situación de algunas comunidades campesinas que ven
riesgos para sus tierras, sustento y vida del presente, a raíz
de la creación del parque en 1984, y sobre todo en los
últimos años, cuando la delimitación y los
programas conservacionistas se han intensificado.
Pastor Moreno
es un veterinario ecologista que vive y trabaja desde hace 17
años en la comunidad de Arenas, distrito de Mariato, próxima
al parque. Es funcionario del Ministerio de Desarrollo Agropecuario
(MIDA).
Afanoso, diligente,
estudioso y trabajador, Moreno conoce bien la situación:
hay que conservar esta riqueza natural, pero también
es imprescindible dotar de los medios necesarios a los campesinos
pequeños productores para que resuelvan la subsistencia
de sus familias.
Moreno considera
que ambas necesidades no se contradicen, por el contrario se complementan.
En sustento a esta interpretación ha hecho un estudio titulado
Potencialidades, problemática y alternativas viables
para un desarrollo agrícola y rural, ecológicamente
sano, en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cerro
Hoya.
Potencialidades
Las cualidades
de Cerro Hoya, con el encantador paisaje de la selva tropical,
permitirían el desarrollo de actividades ecoturísticas
en las que se pueden conjugar mar y montaña con relativamente
buenas facilidades de acceso.
Las riquezas
hidrológicas, aguas abundantes y ríos por decenas,
permiten todo lo que el agua en la montaña proyecta. Y
como el agua es vida, allí ha crecido una flora de plantas
medicinales, maderables y ornamentales, y una fauna silvestre
que incluye venados, zahínos, conejo pintado, ñeques
y muchos otros mamíferos, iguanas y otros reptiles, pavos
y aves múltiples, entre ellas el perico carato, único
en el mundo.
El clima del
lugar es ligeramente fresco y agradable. Las costas del parque
son ricas en mariscos de variadas especies. Por todo ello, por
su gran biodiversidad, el parque es un verdadero laboratorio
viviente que atrae a científicos e investigadores.
La evaluación de Moreno sobre el parque contempla dimensiones
que permiten el uso de sus recursos y la conservación ambiental.
Los problemas
En cuanto
al uso del suelo, el veterinario Moreno plantea en primer lugar
la tala indiscriminada y la quema del monte, típicas características
de una agricultura de roza que a la larga reduce la fertilidad
del suelo y favorece su degradación, aparte de que
liquida especies en peligro de extinción. El uso inadecuado
de químicos como pesticidas afecta seriamente la vida en
el parque.
Al hablar
de la topografía el estudio plantea los peligros del uso
de suelos con pendientes superiores al 35%, que además
son del tipo oxisol, ácidos e infértiles. La vocación
de estas tierras es forestal, no son adecuadas para la cría
de ganado bovino ni para la producción agrícola.
La ganadería
extensiva (menos de un animal por hectárea, en esta región)
y el sobre pastoreo tienen consecuencias económicas, pero
sobre todo ambientales.
También
Moreno reporta como problemas el inadecuado uso de los árboles
maderables y forrajeros; así como la caza indiscriminada
de especies en peligro de extinción.
La ganadería
en la región periférica del parque requiere de mejoras
técnicas y científicas de los sistemas de producción;
sin embargo, esto conlleva tareas efectivas que chocan con la
tradicional cultura del potrero extenso. En la región,
por ejemplo, no hay sistemas agrosilvopastoriles, y por ende,
la ganadería se circunscribe al ganado bovino.
Por otra parte
falta la demarcación del parque y la legalización
de las tierras mediante títulos de propiedad que garanticen
la seguridad en su explotación.
Los insumos,
según Moreno, son muy caros; las vías de comunicación
no son las más adecuadas, y en este renglón, apunta
de manera destacada que los productores son muy tradicionalistas.
Pocos son receptivos a las nuevas tecnologías, independientemente
del nivel económico.
Moreno anota
la falta de organización de los productores, su poco interés
para recibir asistencia técnica necesaria, no hay modelos
adecuados de extensión agropecuaria, no se aplican las
leyes ni reglamentos en relación a la tala, la contaminación
y la fumigación.
No hay un
plan de ordenamiento territorial y ambiental. Falta capacitación
ecologista para los corregidores, alcaldes, educadores, gobernadores
y demás personas que tienen rango de autoridad en la región.
Además, falta un mejor entendimiento entre los productores
y la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
Las leyes
burocráticas y contradictorias no permiten un uso legítimo
de las tierras; a esto se añade que las políticas
crediticias no son acordes con la conservación del ambiente.
No hay políticas de Estado o futuristas adecuadas.
Hay políticas partidistas en abundancia, pero que no ayudan
en nada al medio ambiente, al contrario lo desmejoran.
Las alternativas
Moreno le
da importancia a la organización de los pobladores de la
región y reivindica desde los clubes cívicos hasta
los clubes de jardinería, pasando por las asociaciones
naturales de ganaderos, agricultores, jóvenes y amas de
casa.
Considera
que se requiere de capacitación en una gama amplia de actividades
que van desde el manejo agroganadero, pesca artesanal y actividades
vocacionales (ebanistería, carpintería, mecánica
agrícola), hasta el manejo del mercadeo de los productos
y de la salud e higiene de la población.
Se requiere
de la introducción de métodos de agricultura sostenible
que permitan el cultivo de arroz en fangueo, el uso de abonos
orgánicos y de máquinas de tracción animal.
Según Moreno, a los cultivos tradicionales (arroz, plátano,
ñame, yuca, frijoles y miel de caña, hay que añadir
aquellos menos comunes en el área como café, pifá,
palma aceitera, otoe, jengibre y muchos otros productos cuyo cultivo
es de fácil aprendizaje.
El desarrollo
de la ganadería debe contemplar, antes que las vacas sueltas
en el potrero, una ceba en semiconfinamiento o semiestabulada;
cría y ceba de cabras en confinamiento; cría de
pollos, patos y cerdos en corrales y chiqueros. Se requiere del
cultivo de pastos mejorados y del uso alimenticio de la caña
de azúcar y sus derivados, así como de la construcción
de silos para el almacenamiento de granos y otros productos.
El veterinario
Moreno considera que se pueden aplicar planes de zoocría
de especies en peligro de extinción, como son: conejo pintado,
venado cola blanca, zahíno, iguanas, ñeques, así
como peces, camarones y tortugas marinas en estanques artesanales;
dentro de este renglón se anota también la apicultura.
Para desarrollar
las tareas de reforestación, sugiere la posibilidad de
implementar programas de agrosilvopasturas en los potreros deforestados.
En el estudio
Moreno plantea que además de la carretera que se construye
y que va de la Interamericana (a la altura de Atalaya) hasta Flores
de Mariato, se requiere de una carretera que una Restingue (provincia
de Veraguas) con el puerto de los Buzos en Tonosí (provincia
de Los Santos). Igualmente se requiere de la habilitación
de pequeños puertos que sirvan para la pesca artesanal.
En cuanto
a la tenencia y uso de la tierra, Moreno indica que la demarcación
del parque es urgente, como urgente es detener la tala y quema
indiscriminada. A lo que se suma la necesidad de leyes que autoricen
la indemnización adecuada de todos los productores que
posean tierras dentro del parque y que incentiven la reforestación
y la conservación de la naturaleza.
En cuanto
al uso racional del agua, Moreno habla de acueductos, arietes
hidráulicos, energía hidroeléctrica y estanques
para el cultivo de peces y camarones.
La propuesta
de Pastor Moreno requiere de una amplia discusión entre
las entidades y personas vinculadas con los asuntos ambientales,
pero fundamentalmente requiere de su aplicación temprana
mediante un plan de acción que parta de las necesidades,
de la educación y conduzca a la conservación ambiental
tan importante en el último pulmón selvático
de Azuero.
[La definición
del Parque Nacional Cerro Hoya ocupó un artículo
el lunes pasado, 30 de julio del 2001. Quedan pendientes las apreciaciones
de autoridades locales y funcionarios ecologistas de la provincia
de Los Santos].
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