Panamá, 6 de agosto de 2001
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Cerro Hoya: las tareas

La propuesta sobre Cerro Hoya del ecologista Pastor Moreno destaca por su fundamento en la realidad... Pero, ¿permitirá la burocracia gubernamental llevarla adelante?

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

El área marinera del Parque Nacional Cerro Hoya presenta una buena cantidad de escenarios turísticos.

Las potencialidades naturales del Parque Nacional Cerro Hoya, en el sur-occidente de la península de Azuero, superan los problemas. Las dolencias surgen en la forma como debe enfrentarse el desarrollo potencial y los problemas de la región.

Conflictiva es la situación de algunas comunidades campesinas que ven riesgos para sus tierras, sustento y vida del presente, a raíz de la creación del parque en 1984, y sobre todo en los últimos años, cuando la delimitación y los programas conservacionistas se han intensificado.

Pastor Moreno es un veterinario ecologista que vive y trabaja desde hace 17 años en la comunidad de Arenas, distrito de Mariato, próxima al parque. Es funcionario del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA).

Afanoso, diligente, estudioso y trabajador, Moreno conoce bien la situación: “hay que conservar esta riqueza natural, pero también es imprescindible dotar de los medios necesarios a los campesinos pequeños productores para que resuelvan la subsistencia de sus familias”.

Moreno considera que ambas necesidades no se contradicen, por el contrario se complementan. En sustento a esta interpretación ha hecho un estudio titulado “Potencialidades, problemática y alternativas viables para un desarrollo agrícola y rural, ecológicamente sano, en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cerro Hoya”.

Potencialidades

Las cualidades de Cerro Hoya, con el encantador paisaje de la selva tropical, permitirían el desarrollo de actividades ecoturísticas en las que se pueden conjugar mar y montaña con relativamente buenas facilidades de acceso.

Las riquezas hidrológicas, aguas abundantes y ríos por decenas, permiten todo lo que el agua en la montaña proyecta. Y como el agua es vida, allí ha crecido una flora de plantas medicinales, maderables y ornamentales, y una fauna silvestre que incluye venados, zahínos, conejo pintado, ñeques y muchos otros mamíferos, iguanas y otros reptiles, pavos y aves múltiples, entre ellas el perico carato, único en el mundo.

El clima del lugar es ligeramente fresco y agradable. Las costas del parque son ricas en mariscos de variadas especies. Por todo ello, por su gran biodiversidad, el parque es “un verdadero laboratorio viviente que atrae a científicos e investigadores”. La evaluación de Moreno sobre el parque contempla dimensiones que permiten el uso de sus recursos y la conservación ambiental.

Los problemas

En cuanto al uso del suelo, el veterinario Moreno plantea en primer lugar la tala indiscriminada y la quema del monte, típicas características de una agricultura de roza que a la larga “reduce la fertilidad del suelo y favorece su degradación”, aparte de que liquida especies en peligro de extinción. El uso inadecuado de químicos como pesticidas afecta seriamente la vida en el parque.

Al hablar de la topografía el estudio plantea los peligros del uso de suelos con pendientes superiores al 35%, que además son del tipo oxisol, ácidos e infértiles. La vocación de estas tierras es forestal, no son adecuadas para la cría de ganado bovino ni para la producción agrícola.

La ganadería extensiva (menos de un animal por hectárea, en esta región) y el sobre pastoreo tienen consecuencias económicas, pero sobre todo ambientales.

También Moreno reporta como problemas el inadecuado uso de los árboles maderables y forrajeros; así como la caza indiscriminada de especies en peligro de extinción.

La ganadería en la región periférica del parque requiere de mejoras técnicas y científicas de los sistemas de producción; sin embargo, esto conlleva tareas efectivas que chocan con la tradicional cultura del potrero extenso. En la región, por ejemplo, no hay sistemas agrosilvopastoriles, y por ende, la ganadería se circunscribe al ganado bovino.

Por otra parte “falta la demarcación del parque y la legalización de las tierras mediante títulos de propiedad que garanticen la seguridad en su explotación”.

Los insumos, según Moreno, son muy caros; las vías de comunicación no son las más adecuadas, y en este renglón, apunta de manera destacada que “los productores son muy tradicionalistas. Pocos son receptivos a las nuevas tecnologías”, independientemente del nivel económico.

Moreno anota la falta de organización de los productores, su poco interés para recibir asistencia técnica necesaria, no hay modelos adecuados de extensión agropecuaria, no se aplican las leyes ni reglamentos en relación a la tala, la contaminación y la fumigación.

No hay un plan de ordenamiento territorial y ambiental. Falta capacitación ecologista para los corregidores, alcaldes, educadores, gobernadores y demás personas que tienen rango de autoridad en la región. Además, falta un mejor entendimiento entre los productores y la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).

Las leyes burocráticas y contradictorias no permiten un uso legítimo de las tierras; a esto se añade que las políticas crediticias no son acordes con la conservación del ambiente. “No hay políticas de Estado o futuristas adecuadas. Hay políticas partidistas en abundancia, pero que no ayudan en nada al medio ambiente, al contrario lo desmejoran”.

Las alternativas

Moreno le da importancia a la organización de los pobladores de la región y reivindica desde los clubes cívicos hasta los clubes de jardinería, pasando por las asociaciones naturales de ganaderos, agricultores, jóvenes y amas de casa.

Considera que se requiere de capacitación en una gama amplia de actividades que van desde el manejo agroganadero, pesca artesanal y actividades vocacionales (ebanistería, carpintería, mecánica agrícola), hasta el manejo del mercadeo de los productos y de la salud e higiene de la población.

Se requiere de la introducción de métodos de agricultura sostenible que permitan el cultivo de arroz en fangueo, el uso de abonos orgánicos y de máquinas de tracción animal. Según Moreno, a los cultivos tradicionales (arroz, plátano, ñame, yuca, frijoles y miel de caña, hay que añadir aquellos menos comunes en el área como café, pifá, palma aceitera, otoe, jengibre y muchos otros productos cuyo cultivo es de fácil aprendizaje.

El desarrollo de la ganadería debe contemplar, antes que las vacas sueltas en el potrero, una ceba en semiconfinamiento o semiestabulada; cría y ceba de cabras en confinamiento; cría de pollos, patos y cerdos en corrales y chiqueros. Se requiere del cultivo de pastos mejorados y del uso alimenticio de la caña de azúcar y sus derivados, así como de la construcción de silos para el almacenamiento de granos y otros productos.

El veterinario Moreno considera que se pueden aplicar planes de zoocría de especies en peligro de extinción, como son: conejo pintado, venado cola blanca, zahíno, iguanas, ñeques, así como peces, camarones y tortugas marinas en estanques artesanales; dentro de este renglón se anota también la apicultura.

Para desarrollar las tareas de reforestación, sugiere la posibilidad de implementar programas de agrosilvopasturas en los potreros deforestados.

En el estudio Moreno plantea que además de la carretera que se construye y que va de la Interamericana (a la altura de Atalaya) hasta Flores de Mariato, se requiere de una carretera que una Restingue (provincia de Veraguas) con el puerto de los Buzos en Tonosí (provincia de Los Santos). Igualmente se requiere de la habilitación de pequeños puertos que sirvan para la pesca artesanal.

En cuanto a la tenencia y uso de la tierra, Moreno indica que la demarcación del parque es urgente, como urgente es detener la tala y quema indiscriminada. A lo que se suma la necesidad de leyes que autoricen la indemnización adecuada de todos los productores que posean tierras dentro del parque y que incentiven la reforestación y la conservación de la naturaleza.

En cuanto al uso racional del agua, Moreno habla de acueductos, arietes hidráulicos, energía hidroeléctrica y estanques para el cultivo de peces y camarones.

La propuesta de Pastor Moreno requiere de una amplia discusión entre las entidades y personas vinculadas con los asuntos ambientales, pero fundamentalmente requiere de su aplicación temprana mediante un plan de acción que parta de las necesidades, de la educación y conduzca a la conservación ambiental tan importante en el último pulmón selvático de Azuero.

[La definición del Parque Nacional Cerro Hoya ocupó un artículo el lunes pasado, 30 de julio del 2001. Quedan pendientes las apreciaciones de autoridades locales y funcionarios ecologistas de la provincia de Los Santos].

 
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