Panamá, 6 de agosto de 2001
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Salud: la mejor imagen del gobierno

Al fin y al cabo, los que pagan los errores del gobierno y la falta de solidaridad de la oposición son las personas más humildes de nuestra sociedad

Xavier Sáez-Llorens

No estoy afiliado a ningún partido político y siempre trato de dar mi voto a quien, desde mi independencia ideológica, reúne las mejores cualidades para gobernar: liderazgo, honestidad, trayectoria profesional exitosa, capacidad de generar y ejecutar ideas novedosas. Confieso que nunca he votado por el vencedor, quizás porque las decisiones populares se basan más en compromisos partidistas y promesas efímeras que en razonamientos concienzudos. Expreso estas consideraciones personales con el fin de eliminar sesgos potenciales que enturbien mi análisis de la situación política actual.

La percepción general sobre las acciones y ejecuciones del presente gobierno es deprimente. Las evaluaciones negativas se hacen sentir en múltiples encuestas de popularidad, conducidas por diferentes empresas y medios de comunicación. Al interrogar también a personas que apostaron abiertamente por el arnulfismo es frecuente escuchar la frase “yo no voté por ella”. ¿Cuáles son las razones de este fracaso? Las persistentes acusaciones de corrupción generalizada, la ausencia de un modelo económico claro, las constantes incongruencias en las declaraciones de autoridades, las confusas licitaciones, la inercia ejecutora ministerial, los múltiples despidos de personas capaces no alineadas y la obscura influencia de “asesores” de palacio contribuyen, de forma sinérgica, a la decepción mayoritaria de la sociedad. ¿Se salva algún sector de este descalabro gubernamental? Mi impresión es que Salud representa la imagen redentora, quizás la única, del gobierno actual.

Dos personajes han liderado el Ministerio de Salud durante este mandato arnulfista. El primero de ellos muy dinámico, receptivo, carismático y con extraordinaria capacidad para solventar los cuestionamientos periodísticos y manejar la opinión pública; el actual, muy técnico, con gran trayectoria académica y transparente rectitud en su accionar. La credibilidad de ambas figuras ha estado, sin duda, acompañada de un gran equipo profesional subalterno. Puedo destacar, entre otros, a los departamentos de Epidemiología, Nutrición, Provisión Nacional de Recursos Hospitalarios y a los científicos del Instituto Gorgas. Notables éxitos en el manejo del brote de hantavirus, control del dengue, legislación sobre sida, vigilancia activa de enfermedades e infecciones de interés público, modernización del programa de vacunación y edificación del nuevo Hospital Santo Tomás son claro testimonio del protagonismo asumido por el sector Salud en este principio de siglo.

Desafortunadamente, los enemigos políticos y los perfeccionistas (más de palabras que de hechos) buscan afanosamente resaltar más las deficiencias que las virtudes de los integrantes de un gabinete estatal. Ellos mencionan de preferencia, por ejemplo, la lenta clarificación y penalización de los responsables en el desafortunado incidente del Hospital Oncológico (es preferible ser justo que rápido); el bochornoso pleito de directivos de la AMOACSS (no es culpa del Ministerio de Salud); las reclamaciones de médicos por el pago de turnos (aspiraciones muy justas); la presunta falta de apego de médicos al Juramento Hipocrático (algunos de esos postulados no hubieran sido cumplidos ni por el mismo Hipócrates si viviese en estos tiempos); el poco cumplimiento de médicos con sus horas reales de trabajo (algo que honestamente me avergüenza); la cuestionable Ley de Medicamentos (tengo serias dudas sobre sus bondades); y la dudosa calidad del agua potable (tarde o temprano tendrá que privatizarse el IDAAN).

Lo que a mí me parece de mal gusto, contraproducente y hasta antipatriótico, es regocijarse con los desaciertos o fracasos de un gobierno, por el solo hecho de pertenecer a banderías políticas distintas o de tener la mirada puesta en el próximo torneo electoral. Todos juntos, oficialistas, oposición e independientes, debemos procurar colaborar para orientar la brújula del Estado a la solución de los problemas del país. Al fin y al cabo, los que pagan los errores del gobierno y la falta de solidaridad de la oposición son las personas más humildes de nuestra sociedad.

El autor es médico pediatra


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