Resbalones en las bananeras
Tilcia Elena Delgado
tdelgado@prensa.com
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Las amenazas de huelga podrían poner en peligro las operaciones
de PAFCO.
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Justo cuando la industria bananera panameña parecía zafarse de la opresión del régimen de importación europeo, un nuevo obstáculo aparece.
La advertencia de huelga hecha por los sindicalistas de Puerto Armuelles
Fruit Company (PAFCO), subsidiaria de Chiquita Brands, supone otra
piedra en el camino para un sector que en los próximos cinco años
intentará sanar las heridas que dejó una “política discriminatoria”
que duró más de siete años.
El
conflicto
Al igual que en 1998 –cuando una huelga de 57 días provocó pérdidas
de 14 millones de dólares– la negociación de la convención colectiva
entre el sindicato y la empresa ha vuelto a sembrar la discordia
en los bananales de Puerto Armuelles.
Pero esta vez las negociaciones han coincidido con el hecho de
que la compañía dejó de cultivar 520 hectáreas en tres fincas
consideradas “deficientes para la producción”.
De acuerdo con Edgar Omar Williams, dirigente sindical, la Puerto
Armuelles Fruit Company quiere hacerse competitiva a costa de
los trabajadores.
La posición de PAFCO, por su parte, es simple. El mercado del
banano se debate entre la sobreoferta de la fruta y las exigencias
de calidad, dice Manuel Virgilio Aizpurúa, representante legal
de Chiquita Brands. “Les hemos presentado frontalmente estrategias
para la modernización que ayuden a aumentar la productividad y
disminuir costos. Todo el mundo sabe que la industria ya no es
la misma de antes”, agrega Aizpurúa.
Pero la gerencia y el sindicato parecen hablar lenguajes distintos.
Para la empresa, la solución de la subsidiaria de Puerto Armuelles
está en romper “el monopolio de producción” y mejorar la competitividad.
Los sindicalistas hablan del desmejoramiento de las condiciones
laborales de sus miembros. Williams considera que con el cierre
de las fincas, la empresa busca que los trabajadores formen cooperativas
y se encarguen del proceso productivo del banano. De esta manera,
la empresa se libraría de esta responsabilidad.
El
mercado
Durante 10 décadas, las exportaciones de banano representaban más
del 50% de toda la oferta exportable de Panamá. Sin embargo, las
cosas cambiaron en 1993, cuando la Unión Europea estableció un régimen
de exportación que favorecía a sus excolonias y discriminaba la
fruta latinoamericana.
De allí en adelante, la exportación panameña, cuyo principal mercado
es precisamente el europeo, cayó dramáticamente.
Las cosas prometían cambiar. Al menos eso se pensaba tras el sorpresivo
acuerdo logrado, en abril, entre la Unión Europea y Estados Unidos
que frenaba la propuesta del régimen “primer llegado, primer servido”,
que rompía con el sistema de cuotas por país y lo reemplazaba
por uno basado en el orden de llegada de los contingentes a los
puertos europeos.
El sistema de licencias le permite a los países latinoamericanos
colocar en Europa hasta 2 millones 700 mil toneladas de banano.
La culminación de la guerra del banano abría un nuevo escenario.
Por una parte, las grandes compañías estadounidenses productoras
de la fruta tendrían la oportunidad de recuperar la porción del
mercado europeo y recobrarse de los reveses financieros.
En tanto, los países productores de banano, incluyendo Panamá,
tratarían de aumentar sus exportaciones.
Se trataba, en el caso de Panamá, de revertir los resultados del
primer trimestre, cuando la actividad bananera decreció un 18%
con respecto al mismo período del año pasado (6.7 millones de
dólares).
¿Las causas? Las exigencias de los mercados, el alto grado de
desperdicios–se bota el 40%–, la poca demanda por el producto
“de segunda”, factores climatológicos, y las restricciones del
mercado.
La
realidad
Lo cierto es que la eliminación del régimen “primer llegado primer
servido” y la entrada en vigor, en julio pasado, del sistema de
licencia ha sido aprovechado muy poco por las transnacionales establecidas
aquí. La que mejor partida ha sacado ha sido la Bocas Fruit Company.
Entretanto, en Puerto Armuelles las cosas han caminado diferente.
“PAFCO tiene costos de productividad muy altos, mala calidad y
continuas amenazas de huelgas”, señala Aizpurúa. “El mercado entiende
los desastres naturales, pero no las huelgas”.
Adrián Guzmán, gerente de la subsidiaria de Changuinola, dice
que si bien es cierto que la eliminación del régimen les ha ayudado
a aumentar las exportaciones, otros factores como el inusual frío
les ha mermado la producción en un 10%.
Aunque se han obtenido algunos beneficios de la apertura del mercado,
no han sido tantos como se esperaba. Hay que tener en cuenta que
la competencia es férrea.
“La oportunidad la tenemos nosotros y nuestros vecinos, pero es
nuestra responsabilidad producir un banano de alta calidad y a
precio competitivo”, señala Guzmán.
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