Panamá, 5 de agosto de 2001
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Poco a poco Coiba se va quedando vacía

La población penalllegó a alcanzar más de dos mil reclusos. Hoy solo quedan 101

ISMAEL HERNANDEZ A.
ESPECIAL PARA LA PRENSA
nacionales@prensa.com

ISLA DE COIBA, Veraguas. —Por más de 80 años, la isla de Coiba ha funcionado como centro penal para delincuentes condenados. En la época de su mayor apogeo albergó a más de 2 mil presos, distribuidos en unos 16 campamentos, en varios lugares de la isla.

Sin embargo, después de la invasión de 1989 la realidad del centro penal ha cambiado, pues paulatinamente las autoridades del sistema penitenciario han ido cerrando varios campamentos, a tal punto que en estos momentos solo existen alrededor de cuatro.

La isla de Coiba está situada en el pacífico mesoamericano y tiene una extensión de 492 kilómetros cuadrados. Es la isla más grande del país.

El 18 de diciembre de 1912 se inició un estudio de factibilidad para convertir la isla en centro o colonia penal, con el objetivo de resocializar a los detenidos. Este proyecto se ideó bajo la administración de Belisario Porras.

El 14 de febrero de 1920, bajo la administración de Roberto Chiari, se establece por ley la colonia penal de Coiba, siendo la única en nuestro país, en donde los detenidos tienen la libertad de deambular por el inmenso territorio.

Solo hay 101 condenados

Ernesto Del Rosario, encargado de la zona de Policía de Coiba, sostuvo que en estos momentos existe una población penal de tan solo 101 condenados, lo que permite brindarles una mejor vigilancia y atención en el proceso de resocializarlos.

Los presos están ubicados en cuatro campamentos que son: Punta Esquina, La Lechería, San Isidro y el Campamento Central.

Según Del Rosario, los reos condenados andan libremente por toda la isla, y solo esperan cumplir las dos terceras partes de sus condenas para verse con sus familias y reintegrarse a la comunidad.

Del Rosario mencionó que en un año y medio de estar a cargo de esta colonia penal, solo se han registrado unos nueve intentos de fuga, sin embargo, todos han sido recapturados sin dificultad.

Actualmente no existen miembros de ninguna banda que puedan protagonizar conflictos violentos dentro de los campamentos.

La mayor concentración de condenados está en el campamento central, siendo unos 60 de ellos, dedicados a la cocina, artesanías, limpieza, pesca, cuidado del ganado y otras labores que los ayudan a mejorar su conducta y a ganarse la confianza de los custodios.

El encargado del penal no quiso revelar la cantidad de unidades de la Policía existentes para la vigilancia. No obstante, La Prensa logró investigar que en estos momentos se cuenta con alrededor de unas 117 unidades permanentes dentro del penal.

Para atender los casos de emergencias de salud, en la isla se mantiene solo a un paramédico, el cual brinda los primeros auxilios a los enfermos o heridos. Si los pacientes están muy graves, se les traslada por mar o por aire hacia centros hospitalarios en Santiago o Panamá, según sea el caso.

Población canina aumenta

Como dato curioso o paradójico, a medida que disminuye la población de condenados aumenta la cantidad de perros en forma alarmante.

En toda la isla se cuentan más de 500 canes de diferentes razas, los cuales son utilizados por los reos para cazar venado, ñeque, conejo, iguana y otras animales para su alimentación.

Según algunos custodios, de quedarse totalmente abandonada la isla, estos perros podrían volverse salvajes, ocasionando desequilibrio en la naturaleza.

Actualmente, los caninos son alimentados por los reclusos, quienes los mantienen en los distintos campamentos y utilizan para las labores de agricultura.

En estos momentos en la isla existen más de 2 mil cabezas de ganado, las cuales son pastoreadas por los condenados.

Condenados piden que se les haga justicia

La Prensa pudo dialogar con algunos reos que manifestaron su desilusión al no haber sido incluidos en el reciente indulto o rebaja de pena otorgado por la presidenta de la República, Mireya Moscoso. En Coiba solo una persona fue beneficiada con este privilegio presidencial.

Los reclusos señalaron que ellos mantienen una conducta normal y lo que más desean es regresar a sus hogares, por lo que se esfuerzan cada día en mantener un comportamiento que los ayude a lograr su libertad.

Tal es el caso de Carlos y Manuel, dos condenados que para ganarse unos reales se dedican a la confección de artesanías, lo que los ayuda a mantener una higiene mental y un buen comportamiento.

Además, hay otros reos que se dedican a cocinar para los custodios, sus compañeros y visitantes que llegan a la isla. Otros se dedican a buscar leña para la cocina, limpiar las instalaciones e -algo no muy común- ir de pesca sin que nadie los vigile de cerca.

Descuido y falta demantenimiento

En un recorrido que realizó La Prensa se pudo constatar que las infraestructuras de este centro penal están bastante descuidadas.

Por ejemplo, la madera del local en donde están ubicadas las oficinas de la Policía está deteriorada, el cielo raso está dañado y los cables eléctricos pueden ser peligrosos.

El edificio de la capilla o centro de oración se observa en un abandono total, le falta pintura, está lleno de hierba y no cuenta con luz eléctrica.

Del Rosario no reveló a cuánto asciende el presupuesto para mantenimiento de las instalaciones en el penal, sin embargo, aseguró que lo que les envían o destinan les alcanza para la comida, el combustible y otras atenciones a los condenados.

Actualmente el centro penal de Coiba está en un proceso de desalojo, ya que, según los programas gubernamentales, la isla en los próximos años se utilizará para estudios científicos, tal como se hace con el Gobierno de España mediante el Convenio entre la ANAM y el Proyecto Araucaria.


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