Sí o no
La humanidad cuenta por primera vez en su historia con un poder tal que casi la equipara a Dios, y ahora los políticos y científicos debaten si es lícito o no usar ese poder
Yasmina Reyes
yreyes @prensa.com
"La clonación humana es ética y moralmente ofensiva y contradice todo aquello que este país defiende", dijo el presidente del Comité Judicial de la Cámara, el republicano de Wisconsin James Sensenbrenner.
Con esta sentencia, Estados Unidos anunció al mundo su intención de prohibir la clonación humana para reproducción y con fines terapéuticos, aunque con ello tenga que sacrificar el futuro de millones de enfermos que han depositado sus esperanzas de curación en los resultados (alentadores por cierto) de las investigaciones basadas en el uso de células embrionarias.
La esperanza no ha muerto del todo, porque ahora la batalla se traslada al Senado, en donde la ley puede ser reformada para atender los llamados de los moderados que están de acuerdo en prohibir la clonación humana con fines reproductivos y que insisten en que la clonación de embriones humanos para utilizar sus células “totipotentes” debe ser autorizada para aliviar el sufrimiento de millones de personas enfermas.
El proyecto de ley -presentado por el republicano Dave Weldon, de Florida y aprobado con 265 votos a favor y 162 en contra- convierte la clonación en un delito federal castigado con penas de cárcel de hasta 10 años y con multas de hasta un millón de dólares. Además de castigar con multas y penas de cárcel a los infractores, la ley prohibirá también las importaciones de embriones producidos por clonación humana o cualquier producto de un embrión clonado. Esta restricción implica que los estadounidenses no podrán acceder a ninguna medicina producida en el extranjero con materiales clonados.
La Cámara rechazó, por 249 votos a 178, el punto medio ofrecido por grupos médicos y la industria de la biotecnología, que hubiese permitido la clonación para la investigación de un cierto tipo de células embrionarias (stem).
Las células embrionarias tienen el potencial de convertirse en cualquier tipo de tejido del cuerpo humano, desde uñas hasta órganos vitales como hígado, cerebro o huesos.
Este potencial abre una puerta esperanzadora para combatir, y hasta curar, un gran número de enfermedades, especialmente degenerativas, como el mal de Alzheimer, la esclerosis múltiple y la diabetes o lesiones en la médula espinal.
Ese fue el punto de los defensores del proyecto “moderado”, que también se rechazó.
Investigadores israelíes han obtenido células del corazón a partir de células embrionarias, lo que supone una confirmación de las promesas que encierran estas polémicas células.
Es posible
El mismo día que Estados Unidos empezó a cerrar la puerta a la clonación humana con fines terapéuticos, científicos del Centro médico Ramban, de la ciudad israelí de Haifa, anunciaron que consiguieron que células embrionarias se convirtieran en células del músculo cardíaco. Según la explicación difundida en la revista Journal of Clinical Investigation, algún día, cuando esas células sean perfeccionadas, podrían utilizarse para recuperar tejidos dañados en el corazón por un infarto. El tejido cardíaco cultivado “puede latir espontáneamente y tiene las características mecánicas y las propiedades eléctricas de las células cardíacas jóvenes”, señaló el grupo de científicos.
Incluso, la televisión israelí mostró imágenes de estas células cardíacas dando pulsaciones dentro de una cápsula de Petri.
Y este no es un caso aislado, en el Ramban también se ha conseguido producir insulina mediante células estaminales obtenidas de un embrión, un rayo de luz para curar la diabetes juvenil o diabetes Tipo 1. Durante un trabajo con estaminales en laboratorio se logró convertirlas en células de tipo pancreático -o islas de Langherans-, las células que producen insulina.
Se puede considerar las células madre embrionarias (también llamadas totipotentes, stem, troncales o madre) como las partes primitivas de la formación corporal. Su capacidad para transformarse en cualquier tipo de célula permite al embrión desarrollarse de unas pocas células a un cuerpo totalmente formado.
Las investigaciones que utilizan estas células totipotentes son las siguientes que entrarán en lidia en las trincheras políticas y éticas estadounidenses. EU espera por la decisión del presidente George W. Bush sobre si se autoriza o no el uso de fondos federales para la investigación con ellas.
Bush, reconocido conservador, tiene sobre sí mucha presión de los sectores conservadores y contrarios al aborto, así como del Vaticano, para que rechace ese uso, porque supone, según sostienen los críticos, destruir un embrión, cuyo único fin solo puede ser dar vida.
Lo irónico es que estas células efectivamente pueden darle vida a personas a punto de perderla, o mejorar tan sustancialmente la calidad de vida de algunos enfermos que para ellos sería como si efectivamente volvieran a nacer.
Por otra parte, los científicos replican a las objeciones respecto de las fuentes de las células stem, señalando que se pueden obtener a partir de los embriones sobrantes en clínicas de fertilización que, de otro modo, serían destruidos. Su capacidad de dar vida sería entonces traspasada a un ser vivo; algunos lo consideran una forma de donación de órganos.
La tajante decisión de la Cámara de Representantes de negativa absoluta, ha desalentado a la comunidad científica de Estados Unidos, porque temen que se produzca una fuga masiva de cerebros a países más tolerantes, como el Reino Unido, donde este tipo de investigación está permitido. El desaliento estadounidense halló eco en la comunidad científica europea, especialmente en la española.
“La ley no va a paralizar la investigación, solo va a dejar a Estados Unidos fuera del juego'', declaró el jefe de investigación transgénica animal de la universidad de Connecticut, Jerry Jang.
Jang aventuró que la prohibición creará un entorno hostil a la clonación terapéutica, y que él posiblemente terminaría por emigrar a países más tolerantes. Es lo que ha hecho Roger Pederson, uno de los máximos expertos en investigación sobre células madre embrionarias, que acaba de dejar la universidad de California en San Francisco para instalarse en la británica de Cambridge.
El profesor del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Jesús Mosterín se mostró contrario a la prohibición. “Se trata de una superstición” equiparable a creer que “el número 13 trae mala suerte”, declaró. No puede atribuirse “dignidad humana” a unas pelotitas minúsculas que no tienen “ni sistema nervioso, ni cerebro, ni pensamiento, ni alma, ni conciencia ni sentimientos'', afirmó.
En el otro extremo del espectro de opiniones, representantes del Vaticano y del Consejo de Europa se `“felicitaron” por la decisión del Congreso estadounidense.
El quid de la discusión está en determinar si se puede considerar "vida" o "ser vivo" a un cúmulo de células no diferenciadas, como lo dijo casi brutalmente el demócrata por Nueva York Jerrold Nader: "No debemos decir a millones de enfermos o seres humanos heridos: mueran o quédense lisiados, porque creemos que un montón de células es más importante".
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