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El éxito alcanzado por la Feria Internacional Centroamericana
del Libro no estriba en la oferta editorial que pobló
las estanterías del Centro de Convenciones ATLAPA. Es
justo decir que la exhibición estuvo lejos de saciar el
ansia de los bibliófilos, curiosos y consumidores de cultura;
la calidad del material a la venta fue, por decir lo menos,
muy desigual. El amante de la literatura apenas sintió
los efectos de un abreboca, y los lectores ávidos de ciencias
humanas y sociales no han podido aplacar su sed de nueva
información. Pero el evento atrajo la atención de una
gran cantidad de panameños de todas las edades, quienes
dejaron muy claro que los libros son objetos vibrantes
que se buscan con pasión. Los organizadores del evento
hicieron un buen trabajo logrando la presencia de escritores
del área centroamericana, y deben sentirse motivados a
emprender un nuevo esfuerzo, quizás más ambicioso, con
más libros, más casas editoriales, y personalidades cimeras
del mundo literario hispanoparlante. Hay que recalcar
que aquello de que “el panameño no lee” es un mito que
se ha prestado para santificar la ausencia de una política
de promoción de la cultura. El público ha dado muestra
fehaciente de su interés. Empresarios y emprendedores
en el mundo del libro deben tomar nota.
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