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Como bien se ha señalado, durante los últimos lustros
poco o nada se ha hecho respecto al suministro de agua
potable y al tratamiento de las aguas servidas. Como también
se ha dicho, no se puede esperar más, pues se está comprometiendo
seriamente la salud de todos los panameños. Pero no basta
con admitir estas realidades, lo que por demás han hecho
gobierno y oposición, sectores gremiales, laborales y
empresariales y la opinión pública en general. Lo que
se requiere es deponer antagonismos estériles y posiciones
inflexibles, y recurrir en cambio al compromiso, a la
creatividad y, sobre todo, al realismo. Quizás rasgando
el velo que cubre las distintas posiciones, se encontrará
coincidencia en que, no importe de dónde provengan los
recursos, de nada servirán si no se reestructura el IDAAN,
y que aún reestructurándolo, se hace necesario dar en
concesión por lo menos algunos de sus componentes. De
cualquier manera, el problema no se resolverá ni en las
calles ni en las tribunas, sino en una mesa a cuyo derredor
se sienten quienes tengan la voluntad política de lograrlo
y estén dispuestos para ello a escuchar a los entendidos
en la materia.
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