Panamá, 31 de julio de 2001
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En Cerro Hoya, la vida

La creación del Parque Cerro Hoya preocupa a los campesinos que tienen que velar por el sustento en el presente y deben mirar hacia el futuro. Para lograr esto se requiere de educación y de recursos...

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

La planicie de Flores de Mariato y al fondo la cordillera del Parque Nacional Cerro Hoya.

La vida en Cerro Hoya presenta una contradicción entre las necesidades presentes y las necesidades futuras. Ambas igualmente importantes. El punto de superación está en la conjugación de actividades que garanticen, por una parte, el sustento de los campesinos agricultores que residen en el área y, por la otra, la conservación de la única reserva boscosa de la península de Azuero.


Hay comunidades de campesinos localizadas, desde mucho antes que se creara el parque Cerro Hoya en 1984, dentro de sus tierras. Su forma de trabajo, a la única que tienen acceso, es la agricultura de roza, que afecta la preservación del bosque y que salva la vida presente, pero hunde la vida futura.


¿Cómo enfrentar la situación? En ese afán ha surgido una serie de propuestas y se busca superar los conflictos sin que la sangre llegue al río. Los dos guardaparques de Cerro Hoya, los científicos y ecologistas del grupo Cooperación Técnica Alemana (GTZ, por sus siglas en alemán), el personal de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), campesinos del área de amortiguamiento, e investigadores santeños independientes coinciden en que la solución debe partir de la asistencia educativa y de la concienciación de los moradores.

Los campesinos del nuevo distrito de Mariato (antes la parte peninsular del distrito de Montijo) son más receptivos, a juzgar por sus palabras, que los del área de Tonosí, que ven en los programas de preservación del parque un atentado contra su derecho a trabajar la tierra, aun cuando ésta esté dentro del parque o en la zona de amortiguamiento.

El parque

El Decreto Ejecutivo número 74 de 1984 creó el Parque Nacional Cerro Hoya, pero no definió los linderos. Cálculos posteriores establecieron en 32 mil 557 hectáreas la superficie del parque, incluyendo la parte marina del mismo. Allí crecieron los cerros Cambutal, Tres Cerros, Hoya y Olla que alcanzaron como máxima altura los mil 664 metros sobre el nivel del mar. Allí nacen los ríos que bañan por un lado las planicies golfeñas de Montijo, y por el otro las extensiones territoriales del valle de Tonosí.


Según publicaciones ecologistas, el parque Cerro Hoya (cuyo nombre proviene del hoyo que se forma entre los cerros Hoya, Soya y Moya) es el último reducto de bosque primario en la península de Azuero, con una flora y fauna numerosa que cuenta con especies, tanto vegetales como animales, únicas en el mundo. En estos renglones destacan las plantas medicinales y las ornamentales (especialmente orquídeas).

Una característica singular del parque Cerro Hoya se deriva de la decisión de la presidenta Mireya Moscoso que modificó el decreto 74 y derogó la inadjudicabilidad de las tierras dentro del parque, con lo cual se puede otorgar título de propiedad sobre la tierra a los campesinos que viven y trabajan dentro de sus linderos. La adjudicabilidad de las tierras contempla solamente las áreas cultivadas y conlleva el compromiso de los campesinos de no extender sus terrenos ni deforestar el bosque. El gobierno por su parte debe garantizar programas de producción sostenible para estas comunidades cuya única fuente de sustento es la tierra.

La polémica

Ricaurte Moreno es un campesino originario de Flores de Arenas, y toda su vida ha estado ligada al Cerro Hoya. Ahora labora como guardaparque, y su labor, aunque limitada por la falta de recursos humanos y técnicos, parte de una filosofía sencilla: “hay una pregunta que nos debemos hacer todos los que estamos dentro o fuera del parque Cerro Hoya: ¿qué ocurrirá el día que no haya montañas?, ¿morimos? o ¿colgaríamos los guantes y nos sentaríamos a una mesa a llorar porque ya se acabó la montaña y tendríamos que pedirle al Creador que nos mande una montaña para nosotros poder seguir viviendo? Eso no es lógico”.


El guardaparque Moreno considera que las situaciones como las que viven los campesinos de Cerro Hoya “siempre traen polémicas, porque hay campesinos adentro y afuera del parque que, por lo regular, todos los años hacen su roza para el sustento de su familia”, y esto trae contradicciones con la necesidad de preservar el ambiente.

Un campesino agricultor, de origen santeño, que vive desde cuando era niño, hace 40 años, en Flores y que tiene un terreno en la zona de amortiguamiento del parque, pidió reserva de identidad porque él, que colabora con la conservación del parque, no quiere que se le vaya a confundir con los funcionarios ecologistas del área. “Esa gente corre peligro y están amenazados por algunos moradores que viven dentro del parque y sienten que les van a quitar sus tierras”.

El propio Moreno dice que “hay ciertos moradores que amenazan a los funcionarios, eso no debe ser, lo que tenemos que hacer es dialogar para buscar cuál es la solución mejor para el bien de todos”. Él considera que sí se puede lograr, siempre y cuando no haya intermediaciones de quienes mal informan para ganar opiniones favorables a sus posiciones políticas o para sus beneficios económicos.

La mayor polémica se da en las áreas de Changuales y Cobachón, ligadas al campesinado tonosieño, ubicadas ambas entre los corregimientos de Arenas (Mariato) y El Cortezo (Tonosí), la primera tierra adentro, la segunda en la costa, pero ambas en la zona de amortiguamiento. Ellos están organizados en el Comité de Campesinos afectados por el Parque Nacional Cerro Hoya y defienden su derecho a trabajar la tierra para mantener a su familia ya que se sienten amenazados por las limitaciones que impone la conservación.

La disposición de la presidenta Moscoso de otorgarles gratuitamente título de propiedad a sus tierras dentro del parque, busca una solución que debe complementarse, según el guardaparque Moreno, con “una acción conjunta de todas las instituciones ligadas al tema para apoyar a los campesinos que están y trabajan dentro del parque”.

Para aplicar la disposición presidencial, se hicieron estudios tenenciales en las comunidades de Ventana, Coloradito y Restingue, pero al llegar a una comunidad vecina de Cobachón, los campesinos no permitieron que se hicieran los estudios. “Ellos se oponen porque tienen el temor de que esos títulos no fueran válidos”, dado que están dentro de un parque nacional.

Otros puntos de vista

El sociólogo y profesor universitario Milciades Pinzón, quien ha dedicado esfuerzos al estudio del hombre santeño y a la lucha de los campesinos de Tonosí contra la explotación minera en Cerro Quema, interpreta que el campesino tonosieño, “el hombre montañero”, tiene un arraigo muy grande en su tierra, ese es su pan y está dispuesto a defenderlo a cualquier precio.


Pinzón considera que, con alguna similitud a la lucha de Cerro Quema, en la que hubo enfrentamientos violentos entre los campesinos y la policía, en Cerro Hoya puede darse una resistencia campesina, dado que el espíritu que mueve a estos hombres de la montaña es el mismo que movió a los vecinos del valle de Tonosí cuando sintieron que sus tierras se verían amenazadas por la contaminación minera. La mina de Cerro Quema, como consecuencia de esa lucha, está cerrada.

Pastor Moreno, un veterinario ecologista que tiene 17 años de residir y trabajar en Arenas de Mariato, conocedor como Pinzón de la idiosincrasia del campesino azuerense, considera que al parque Cerro Hoya no se le ha dado el debido manejo y mantenimiento por parte de ANAM.

Lo que pasa, según el veterinario Moreno, es que “no le damos el valor que debemos darle a Cerro Hoya; sinceramente ANAM está a pie de funcionarios, está a pie de estrategias; inclusive le han llegado muchos recursos de parte de la GTZ, ahí se ha invertido casi 1 millón 300 mil dólares y usted no lo ve”.

El médico veterinario que ha hecho estudios sobre las potencialidades, problemática y alternativas relacionadas con el parque Cerro Hoya, considera que muchos de esos recursos no han llegado al terreno, “puede que estén en oficinas en Las Tablas, en carros, computadoras, viáticos... pero en fin, lo que debe hacerse quizás no se hace. Entonces a nosotros, que estamos en el monte, quizás no nos ponen cuidado porque no tenemos computadoras, ni tenemos teléfono, ni tenemos nada, 'ah, esta gente vive en el monte, ellos no saben nada', pienso yo que es así, como que no tiene peso la fuerza de nosotros”.


[El citado estudio de Moreno y otros aspectos de este tema serán objeto de próximos artículos].

 

 
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