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Desde hace varios lustros y gobiernos, los técnicos
saben que el IDAAN adolece de graves deficiencias que
ponen en peligro el suministro actual de agua potable
y no permiten atender las necesidades que demandan la
expansión geográfica y demográfica de la capital y de
otras ciudades importantes. Es un problema que trasciende
la temporalidad de los gobiernos, pero ninguno tiene el
valor de resolverlo. En este, como en otros asuntos de
difícil solución, como el de la viabilidad financiera
de la Caja de Seguro Social, la tendencia ha sido no tomar
decisiones para que el próximo gobierno lo resuelva. Pero
el tiempo se agota, y los problemas se agravan cada día
más, como lo indican los estudios técnicos que reposan
olvidados en los archivos de muchas dependencias oficiales.
El diagnóstico está hecho y las posibles soluciones no
son nada nuevo. El gobierno anterior lo entendía así,
pero la frustrada aventura de la reelección presidencial
le restó la capacidad política de resolverlo. Ahora el
PRD y sus aliados, como oposición, con una irresponsabilidad
inexcusable, se niegan incluso a considerar el asunto
en la Asamblea Legislativa. Cuando el IDAAN colapse y
no haya suministro suficiente de agua potable, ¿a quién
le adjudicaremos la responsabilidad? Hay que resolver
el problema, y para lograrlo deben deponerse todas las
rencillas y pequeñeces políticas que tanto daño hacen
al país.
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