Panamá, 29 de julio de 2001
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La caricatura es una daga que hiere el orgullo... no el honor

Julio Briceño (RAC), caricaturista de La Prensa, asegura que jamás quiso herir ni mucho menos calumniar al Dr. Ricardo Arias Calderón.

NUBIA APARICIO
naparicio@prensa.com

Algunos trazos del caricaturista Julio Briceño no son del agrado de algunos políticos, pero...

Hay un refrán popular que dice: “lagarto que no salpica se le seca la charca”. Esto quiere decir que el hombre debe ser generoso en la participación con el prójimo, aunque también políticos panameños han querido interpretarlo como sinónimo de corrupción.

Esto viene a colación porque el “salpique” de sangre en una caricatura ha costado al caricaturista Julio Briceño (RAC), de La Prensa, una querella criminal por parte del presidente vitalicio del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Ricardo Arias Calderón.

Pero el autor de la caricatura ha negado categóricamente que tuviera la intención de herir al político y profesor de filosofía, y mucho menos involucrarlo en los hechos sangrientos que se dieron en los aciagos años del gobierno militar.

Julio Briceño nació en Aguadulce en 1964; es padre de dos niños: Julián, de cinco años, y Tahis, de dos.

Si no hubiera sido por la oportunidad que un día le dieron Roberto Eisenmann y Wilfi Jiménez, estaría en el interior y sería uno más de esos que se dedican a trabajar la zafra “o quién sabe qué sería de mi vida”, señala el caricaturista.

Relata que tuvo “la suerte” un día de llegar a Chitré donde había un pequeño periódico denominado La Noticia. Ahí publicó dos caricaturas, y cuando le presentaron el cheque renunció de inmediato, porque, según explicó, tan poco dinero no era rentable para él en aquellos tiempos.

Luego de eso, su hermana lo instó a que hiciera caricaturas y las enviara a La Prensa, idea que a él ni se le había pasado por la mente. “Hice varias y se las mandé a Wilfi Jiménez, quien en esos tiempos era subdirector del periódico.

“Se las envié por transporte... él vio el trabajo y le gustó, porque al cabo de algún tiempo Bobby Eisenman, quien era el presidente de la empresa, me llamó y me hizo una propuesta para que me viniera a trabajar acá. Así es que dejé las cutarras, me sacudí el sombrero, y ya son catorce años de bregar en esta vaina”.

De demandas y otros temas

—¿Es la primera vez que te demandan?

—Sí, es la primera vez. Anteriormente Rigoberto Paredes hizo un escándalo y quería demandarme por una caricatura que él consideraba lo ofendía, y que fue publicada el 23 de abril de 1986, pero eso no llegó hasta los tribunales.

—¿Qué impresión te da cuando se demanda a un caricaturista?

—Me parece que una persona que demanda por una caricatura, en el momento en que lo hace pierde las proporciones de la realidad.

Demandar a un caricaturista es demandar una opinión y una opinión es subjetiva. Hay un abogado norteamericano, especialista en temas de libertad de expresión, que señala que una caricatura es un juicio de valor. No es ni cierto ni falso y no necesita ser demostrado. Yo tengo todo el derecho del mundo a tener la opinión que quiera sin tener la necesidad de demostrar si es cierto o no. Mucha gente cree en Dios y nunca lo ha visto.

—Pero el Dr. Ricardo Arias Calderón se ha sentido calumniado con tu caricatura, ¿fue esa tu intención?

—La interpretación de él es completamente errada. Antes que nada hay que establecer algo: la caricatura es un arte simbólico. La sangre esa que al Dr. Arias Calderón tanto le ha dolido, lo único que le está indicando es que en el momento en que da la anuencia para que se firme el pacto Mejoramiento y Transformación de la Asamblea (META) entre el PDC y el PRD, es cuando aparecen las fosas clandestinas en el cuartel de Los Pumas, en Tocumen.

Y la caricatura lo que hace es lamentar que él haya dado su anuencia para ese pacto, y le indica que no fue el momento más oportuno para hacerlo, porque a los dos o tres días del acuerdo fue cuando empezaron a encontrar las fosas.

La caricatura no indica, de ninguna manera, que él (Ricardo Arias Calderón) haya sido cómplice de los asesinatos, sino que manifiesta la desaprobación de que un hombre que había sido respetado y admirado por muchos, entre ellos este servidor, diera su anuencia para la firma de ese pacto.

Nunca he estado de acuerdo políticamente con el Dr. Arias Calderón, pero siempre lo admiré por la lucha que mantuvo durante años, sobre todo en contra de la dictadura militar.

Para mí, después de ese pacto, Ricardo Arias Calderón dejó de ser un político excepcional. Sencillamente he cambiado de opinión en ese sentido, y tengo todo el derecho de hacerlo.

—Aunque ya el Tribunal Superior la revocó, ¿qué opinas del hecho de que un fiscal te haya impuesto la medida cautelar de país por cárcel?

—Me he sentido como el delincuente más afortunado de este país con una cárcel tan grande.

Esa acción me resultó cómica, y no me afectó para nada porque viajar es lo que menos hago. Inclusive tengo 10 años que ni siquiera voy a Aguadulce, que es donde nací.

No me afecta en lo particular, pero hablando en serio, la medida me molestó porque fue injusta.

Siento que mi hijo sí puede estar afectado. Mira que en estos días, salí con él y se le acercó a un billetero y le dijo: “a mi papá lo están buscando para ponerlo preso”. A mí me dio risa, pero después me preocupé.

Si el fiscal se hubiese molestado al menos en pedirme mi récord policivo, se habría percatado de que a RAC ni siquiera se lo han llevado en una batida.

¿Qué alega él? ¿que no me presenté en las dos primeras citaciones? Eso fue cierto, pero fui a la tercera. Yo tenía derecho a consultar con mis abogados primero y arreglar ciertos asuntos para entonces acudir a la citación. Por lo general, en Panamá, las personas esperan la tercera citación, y es cuando se presentan a una cita de esta naturaleza, porque después viene la conducción.

Si todos los fiscales hicieran las cosas como las ha hecho este fiscal, entonces una gran cantidad de la población tendría el país por cárcel... realmente todo esto me parece tan ridículo...

—¿Qué piensas de un posible indulto para ti de parte de la presidenta Mireya Moscoso?

—Yo a la presidenta le pediría un favor, el único que le solicitaría a un político, y es que no conceda el indulto, porque cortaría el proceso y dejaría a la ciudadanía en duda de quién tenía la razón.

—¿Entonces, definitivamente, tú no has calumniado al Dr. Ricardo Arias Calderón?

—En ningún momento... que él lo interprete así, es otra cosa... pero está totalmente equivocado. Tengo 14 años de ser caricaturista, de los cuales tres lo fui durante la dictadura militar, y nunca ha sido mi intención calumniar a alguien.

No hago caricaturas para calumniar, es más, la caricatura en sí es una crítica humorística, una exageración, un chiste, a lo mejor muy ácido como éste, pero no una calumnia. Quiero dejar esto muy claro. Cuando hago una caricatura es con la intención de criticar, no de calumniar, porque esa acción me parece muy baja.

Los políticos pierden de vista que el alma de la caricatura es la crítica. Aquí tenemos ejemplos concretos de caricaturistas que durante un tiempo ni criticaron ni hicieron denuncia y sencillamente murieron, porque las relaciones públicas no se pueden hacer con caricaturas, pues ellas tienen que ser sarcásticas, mordaces; ser como una especie de estilete que entra y sale y deja la herida, pero la herida no la deja en el honor, sino en el orgullo.

Mira, el caricaturista para el político viene siendo como la kriptonita para Superman: lo bajó de su cielo, cayó en tierra y tuvo que caminar como cualquier otro mortal.

—¿Por qué te firmas RAC?

—Cuando era niño, los amiguitos del barrio no sé por qué me empezaron a llamar así, me fui quedando con ese apodo y hasta mis familiares me llamaban RAC.

Cuando me inicié como caricaturista pensé que Julio era un nombre muy común, así es que decidí firmar como RAC y así me quedé.

—RAC, ¿te sientes un hombre realizado?, ¿qué planes tienes para el futuro?

—Yo creo que la única persona que se puede sentir realizada es aquella que está a algunos pasos de la tumba o más allá. Pienso que el ser humano, mientras esté vivo, tiene que ser inconforme. No me siento conforme con lo que he hecho hasta ahora. No he logrado la gran cosa. Simplemente tuve la virtud de tener ciertas habilidades en una carrera que no es muy común, pues un caricaturista no lo saca cualquier universidad ni sale por generación espontánea.

Ahora mismo estoy pintando óleo, acrílico y pasteles. Tengo en mis planes tomar una carrera de artes plásticas.

—¿Y qué piensas hacer con los cuadros que estás pintando?

—Si tengo un poco de suerte, montar una exposición y vender los cuadros para seguir produciendo.

—¿Qué tipo de pintura estás haciendo?

—Yo diría que un tipo de pintura semifigurativa; no es ni abstracta ni realista, tiene algo de las dos partes.

Julio Briceño es autor de dos libros Panamá: algunos bombazos más tarde, que presenta las caricaturas sobre el período del presidente Guillermo Endara y Bistec de dos vueltas, que hace una recopilación de las caricaturas de la mitad del período de Ernesto Pérez Balladares. “Estoy pensando, también, en hacerle a nuestra presidenta su respectivo librito”.

—Estás de vacaciones. ¿Qué piensas hacer en estos días?

—Bueno, ahora que me han quitado la medida cautelar de país por cárcel puedo ir a Aguadulce, porque, de lo contrario, no me darían la visa, porque tú sabes que Aguadulce es otro mundo.

—¿Cómo fue que desarrollaste la habilidad para hacer caricaturas?

—Yo estaba en el colegio y tenía una noviecita en Pocrí; todos los días, cuando salía de la escuela, me iba para allá. Esa gente (los pocrieños) joden hasta decir no más, de todo hacen burla. De ellos aprendí. Después me fui a vivir un tiempo a Chitré y tenía familia en Monagrillo, así es que allí recibí mi postgrado.

 
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