La
caricatura es una daga que hiere el orgullo... no el honor
Julio Briceño (RAC), caricaturista de La Prensa, asegura que
jamás quiso herir ni mucho menos calumniar al Dr. Ricardo Arias
Calderón.
NUBIA APARICIO
naparicio@prensa.com
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Algunos trazos del caricaturista Julio Briceño no son del
agrado de algunos políticos, pero...
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Hay un refrán popular que dice: “lagarto que no salpica se le seca
la charca”. Esto quiere decir que el hombre debe ser generoso en
la participación con el prójimo, aunque también políticos panameños
han querido interpretarlo como sinónimo de corrupción.
Esto viene a colación porque el “salpique” de sangre en una caricatura
ha costado al caricaturista Julio Briceño (RAC), de La Prensa,
una querella criminal por parte del presidente vitalicio del Partido
Demócrata Cristiano (PDC), Ricardo Arias Calderón.
Pero el autor de la caricatura ha negado categóricamente que tuviera
la intención de herir al político y profesor de filosofía, y mucho
menos involucrarlo en los hechos sangrientos que se dieron en
los aciagos años del gobierno militar.
Julio Briceño nació en Aguadulce en 1964; es padre de dos niños:
Julián, de cinco años, y Tahis, de dos.
Si no hubiera sido por la oportunidad que un día le dieron Roberto
Eisenmann y Wilfi Jiménez, estaría en el interior y sería uno
más de esos que se dedican a trabajar la zafra “o quién sabe qué
sería de mi vida”, señala el caricaturista.
Relata que tuvo “la suerte” un día de llegar a Chitré donde había
un pequeño periódico denominado La Noticia. Ahí publicó dos caricaturas,
y cuando le presentaron el cheque renunció de inmediato, porque,
según explicó, tan poco dinero no era rentable para él en aquellos
tiempos.
Luego de eso, su hermana lo instó a que hiciera caricaturas y
las enviara a La Prensa, idea que a él ni se le había pasado por
la mente. “Hice varias y se las mandé a Wilfi Jiménez, quien en
esos tiempos era subdirector del periódico.
“Se las envié por transporte... él vio el trabajo y le gustó,
porque al cabo de algún tiempo Bobby Eisenman, quien era el presidente
de la empresa, me llamó y me hizo una propuesta para que me viniera
a trabajar acá. Así es que dejé las cutarras, me sacudí el sombrero,
y ya son catorce años de bregar en esta vaina”.
De demandas y otros temas
—¿Es la primera vez que te demandan?
—Sí, es la primera vez. Anteriormente Rigoberto Paredes hizo un
escándalo y quería demandarme por una caricatura que él consideraba
lo ofendía, y que fue publicada el 23 de abril de 1986, pero eso
no llegó hasta los tribunales.
—¿Qué impresión te da cuando se demanda a un caricaturista?
—Me parece que una persona que demanda por una caricatura, en
el momento en que lo hace pierde las proporciones de la realidad.
Demandar a un caricaturista es demandar una opinión y una opinión
es subjetiva. Hay un abogado norteamericano, especialista en temas
de libertad de expresión, que señala que una caricatura es un
juicio de valor. No es ni cierto ni falso y no necesita ser demostrado.
Yo tengo todo el derecho del mundo a tener la opinión que quiera
sin tener la necesidad de demostrar si es cierto o no. Mucha gente
cree en Dios y nunca lo ha visto.
—Pero el Dr. Ricardo Arias Calderón se ha sentido calumniado con
tu caricatura, ¿fue esa tu intención?
—La interpretación de él es completamente errada. Antes que nada
hay que establecer algo: la caricatura es un arte simbólico. La
sangre esa que al Dr. Arias Calderón tanto le ha dolido, lo único
que le está indicando es que en el momento en que da la anuencia
para que se firme el pacto Mejoramiento y Transformación de la
Asamblea (META) entre el PDC y el PRD, es cuando aparecen las
fosas clandestinas en el cuartel de Los Pumas, en Tocumen.
Y la caricatura lo que hace es lamentar que él haya dado su anuencia
para ese pacto, y le indica que no fue el momento más oportuno
para hacerlo, porque a los dos o tres días del acuerdo fue cuando
empezaron a encontrar las fosas.
La caricatura no indica, de ninguna manera, que él (Ricardo Arias
Calderón) haya sido cómplice de los asesinatos, sino que manifiesta
la desaprobación de que un hombre que había sido respetado y admirado
por muchos, entre ellos este servidor, diera su anuencia para
la firma de ese pacto.
Nunca he estado de acuerdo políticamente con el Dr. Arias Calderón,
pero siempre lo admiré por la lucha que mantuvo durante años,
sobre todo en contra de la dictadura militar.
Para mí, después de ese pacto, Ricardo Arias Calderón dejó de
ser un político excepcional. Sencillamente he cambiado de opinión
en ese sentido, y tengo todo el derecho de hacerlo.
—Aunque ya el Tribunal Superior la revocó, ¿qué opinas del hecho
de que un fiscal te haya impuesto la medida cautelar de país por
cárcel?
—Me he sentido como el delincuente más afortunado de este país
con una cárcel tan grande.
Esa acción me resultó cómica, y no me afectó para nada porque
viajar es lo que menos hago. Inclusive tengo 10 años que ni siquiera
voy a Aguadulce, que es donde nací.
No me afecta en lo particular, pero hablando en serio, la medida
me molestó porque fue injusta.
Siento que mi hijo sí puede estar afectado. Mira que en estos
días, salí con él y se le acercó a un billetero y le dijo: “a
mi papá lo están buscando para ponerlo preso”. A mí me dio risa,
pero después me preocupé.
Si el fiscal se hubiese molestado al menos en pedirme mi récord
policivo, se habría percatado de que a RAC ni siquiera se lo han
llevado en una batida.
¿Qué alega él? ¿que no me presenté en las dos primeras citaciones?
Eso fue cierto, pero fui a la tercera. Yo tenía derecho a consultar
con mis abogados primero y arreglar ciertos asuntos para entonces
acudir a la citación. Por lo general, en Panamá, las personas
esperan la tercera citación, y es cuando se presentan a una cita
de esta naturaleza, porque después viene la conducción.
Si todos los fiscales hicieran las cosas como las ha hecho este
fiscal, entonces una gran cantidad de la población tendría el
país por cárcel... realmente todo esto me parece tan ridículo...
—¿Qué piensas de un posible indulto para ti de parte de la presidenta
Mireya Moscoso?
—Yo a la presidenta le pediría un favor, el único que le solicitaría
a un político, y es que no conceda el indulto, porque cortaría
el proceso y dejaría a la ciudadanía en duda de quién tenía la
razón.
—¿Entonces, definitivamente, tú no has calumniado al Dr. Ricardo
Arias Calderón?
—En ningún momento... que él lo interprete así, es otra cosa...
pero está totalmente equivocado. Tengo 14 años de ser caricaturista,
de los cuales tres lo fui durante la dictadura militar, y nunca
ha sido mi intención calumniar a alguien.
No hago caricaturas para calumniar, es más, la caricatura en sí
es una crítica humorística, una exageración, un chiste, a lo mejor
muy ácido como éste, pero no una calumnia. Quiero dejar esto muy
claro. Cuando hago una caricatura es con la intención de criticar,
no de calumniar, porque esa acción me parece muy baja.
Los políticos pierden de vista que el alma de la caricatura es
la crítica. Aquí tenemos ejemplos concretos de caricaturistas
que durante un tiempo ni criticaron ni hicieron denuncia y sencillamente
murieron, porque las relaciones públicas no se pueden hacer con
caricaturas, pues ellas tienen que ser sarcásticas, mordaces;
ser como una especie de estilete que entra y sale y deja la herida,
pero la herida no la deja en el honor, sino en el orgullo.
Mira, el caricaturista para el político viene siendo como la kriptonita
para Superman: lo bajó de su cielo, cayó en tierra y tuvo que
caminar como cualquier otro mortal.
—¿Por qué te firmas RAC?
—Cuando era niño, los amiguitos del barrio no sé por qué me empezaron
a llamar así, me fui quedando con ese apodo y hasta mis familiares
me llamaban RAC.
Cuando me inicié como caricaturista pensé que Julio era un nombre
muy común, así es que decidí firmar como RAC y así me quedé.
—RAC, ¿te sientes un hombre realizado?, ¿qué planes tienes para
el futuro?
—Yo creo que la única persona que se puede sentir realizada es
aquella que está a algunos pasos de la tumba o más allá. Pienso
que el ser humano, mientras esté vivo, tiene que ser inconforme.
No me siento conforme con lo que he hecho hasta ahora. No he logrado
la gran cosa. Simplemente tuve la virtud de tener ciertas habilidades
en una carrera que no es muy común, pues un caricaturista no lo
saca cualquier universidad ni sale por generación espontánea.
Ahora mismo estoy pintando óleo, acrílico y pasteles. Tengo en
mis planes tomar una carrera de artes plásticas.
—¿Y qué piensas hacer con los cuadros que estás pintando?
—Si tengo un poco de suerte, montar una exposición y vender los
cuadros para seguir produciendo.
—¿Qué tipo de pintura estás haciendo?
—Yo diría que un tipo de pintura semifigurativa; no es ni abstracta
ni realista, tiene algo de las dos partes.
Julio Briceño es autor de dos libros Panamá: algunos bombazos
más tarde, que presenta las caricaturas sobre el período del presidente
Guillermo Endara y Bistec de dos vueltas, que hace una recopilación
de las caricaturas de la mitad del período de Ernesto Pérez Balladares.
“Estoy pensando, también, en hacerle a nuestra presidenta su respectivo
librito”.
—Estás de vacaciones. ¿Qué piensas hacer en estos días?
—Bueno, ahora que me han quitado la medida cautelar de país por
cárcel puedo ir a Aguadulce, porque, de lo contrario, no me darían
la visa, porque tú sabes que Aguadulce es otro mundo.
—¿Cómo fue que desarrollaste la habilidad para hacer caricaturas?
—Yo estaba en el colegio y tenía una noviecita en Pocrí; todos
los días, cuando salía de la escuela, me iba para allá. Esa gente
(los pocrieños) joden hasta decir no más, de todo hacen burla.
De ellos aprendí. Después me fui a vivir un tiempo a Chitré y
tenía familia en Monagrillo, así es que allí recibí mi postgrado.
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