Panamá, 29 de julio de 2001
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Tiro A gol

Sorprendidos

CALI, Colombia (Enviado Especial).--La noticia del reemplazo de la selección de Honduras por Argentina, cuando estaba a punto de darse el primer puntapié de la Copa América, fue vista por el aficionado como un acto de solidaridad del equipo centroamericano. De esta manera, los catrachos salvaban a los organizadores y el calendario no sufría alteración alguna.

Honduras había sido el último invitado a la fiesta. No se le había hecho llegar su respectiva tarjeta de invitación, como sí se la dieron con mucha antelación al resto de los países invitados, con excepción, igualmente, de Costa Rica. Prácticamente, los hondureños bajaron del avión y por allí mismo jugaron su primer partido en Medellín.

El pueblo colombiano tomó el acto de los hondureños y también el de los costarricenses como una muestra de solidaridad, sin embargo, por dentro había un hermetismo por el nivel técnico que pudieran presentar los dos países centroamericanos.

Era lógico, tanto en Colombia como en el resto de Suramérica es poco lo que se conoce del fútbol centroamericano. En el interín, los medios se dieron a la tarea de refrescarle a los aficionados los pergaminos de los dos invitados de la ex CONCACAF.

El hecho de hacer ver que Costa Rica era el líder del área de la Confederación, que le había ganado a México en su patio, y que Honduras era tercero, ayudó un tanto. Pero con todo ello había escepticismo. El fantasma de los argentinos se cruzaba por sus mentes.

Con el pasar de los partidos, el fanático fue conociendo a Paulo César Wanchope, que muchos desconocían que jugaba en Inglaterra. Con solo tres partidos, ya se le comparaba con Asprilla y Denilson, y hasta le pusieron precio a su cabeza. Se decía que costaba de 20 a 30 millones.

En Medellín a Wanchope lo hicieron un ídolo. Y así sucesivamente fueron apareciendo otros talentosos jugadores. Se sumaron los Amado Guevara, Elvis Turcios, Walter Centeno, Rolando Fonseca, Julio César De León, Noel Valladares y Jorge Caballero.

Para desgracia de los brasileños, el hondureño Saúl Martínez vino a congraciarse en su partido del lunes, marcándole los dos goles que lo eliminaron de esta Copa América.

A los dos países centroamericanos les costó menos de 12 días darse a conocer. De mostrar en la misma cancha, que en Centroamérica hay jugadores y selecciones que no tienen que envidiarle a los de la CONMEBOL, independientemente de que siempre habrá críticos que afirmen de que las selecciones suramericanas no vinieron con todos sus planteles.

Para algunos, las excusas sobrarán para desmeritar lo que hicieron Costa Rica y Honduras, que no solo pasaron por encima de Uruguay y Bolivia en la primera fase, sino que han hecho méritos como para estar en la final. Los ticos no pudieron, pero los catrachos están a 90 minutos de hacerlo.

En medio de su pena y vergüenza, a Brasil no le queda más que consolarse pensando que el que lo eliminó fue el reemplazo de los argentinos, que en un acto de cobardía, como lo dijo aquí su técnico Luiz Scolari, no quiso venir a hacer parte de la fiesta.

Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com

 
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