Panamá, 29 de julio de 2001
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El silencio vuelve a Howard

El Festival de la Juventud fue rico en cultura, entretenimiento y ejemplos sociales: Tejada de Rolla

MANUEL DOMINGUEZ
JAIRO POLO
planas@prensa.com

Arriba, un grupo de jóvenes que participó del festival se divierte en un singular culeco. Abajo, la delegación de El Salvador cuando abandona el país.

El II Festival Mundial de la Juventud concluyó anoche con promesas para el futuro y reflexiones sobre la polémica que por momentos desató el evento.

La jornada diurna culminó con un toque panameño: mojadera y saltadera a ritmo de murga.

Y es que luego del mediodía, un grupo de muchachos decidió despedir el festival bajo los chorros de agua disparados desde tres camiones cisternas, debidamente patrocinados por las cervecerías locales.

Algunos participantes, como los de la delegación salvadoreña, partieron ayer hacia su país.

Otros pasaban revista a los kioscos de artesanías y discos compactos para aprovechar las “ofertas por clausura”, como un joven guatemalteco que por solo un dólar compró dos libritos usados; en la portada de uno de ellos se leía: “Lenín, cómo iniciar...”.

“El evento fue rico en cultura, en entretenimiento, en ejemplos sociales”, dijo ayer Alba Tejada de Rolla, ministra de la Juventud, la Niñez, la Mujer y la Familia.

Según la funcionaria, el evento fue objeto de “ataques” por parte de los medios de comunicación y de un amplio sector de la sociedad panameña, que condenó el consumo de alcohol, cervezas, el expendio de cigarrillos e incluso el hecho de que jóvenes de ambos sexos durmiesen en los mismos dormitorios.

“En una actividad en la que se tienen entre 8 mil y 10 mil jóvenes, creo que es totalmente natural alguna incoordinación (sic) pequeña, pero nunca se llegó a desvirtuar los beneficios y el fin de los talleres y los foros realizados en el Festival”, defendió la ministra.

“En horas después de las 7:00 p.m. tenían todo el derecho, como lo hacemos nosotros en nuestro diario vivir, después de una jornada de trabajo, de tomarse una cerveza”, dijo, agregando que entre los participantes del festival, “menos del 1%” eran menores de 18 años.

Las diferentes plataformas de jóvenes que organizaron el evento concluyeron que las actividades del festival “se han convertido en tierra abonada para forjar y fortalecer nuestra solidaridad y cooperación con cada cual”.

“Las unidades que hemos construido, las nuevas amistades que hemos logrado, las lecciones aprendidas y las experiencias que se han compartido serán parte de acciones futuras”, indicaron.


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