Panamá, 28 de julio de 2001
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Corrupción

Es asombroso escuchar a los PRD hablar de corrupción. Evidentemente han incrementado su vocabulario

Marco Julio De Obaldía

El sustantivo corrupción es bastante claro si se usa refiriéndose a carne, más su significado es menos exacto al referirse a personas o a toda una sociedad. Recuérdese, por ejemplo, que Sócrates fue acusado de corromper a la juventud.

A pesar de la falta de precisión en el término, debemos aceptar que en Panamá hay corrupción. También la hay en mayor o menor escala en toda sociedad y en los diferentes estratos de ésta. ¿Va la corrupción en aumento en Panamá? No me atrevería a responder categóricamente esta pregunta. Los indicios visibles sugieren que es así.

Se ha escrito bastante sobre la situación de la familia, su desintegración, el maltrato, el abuso, factores que inciden grandemente en la formación moral de toda la sociedad. Muchos grupos encomiables luchan tesoneramente por mejorar esta situación, pero a la vez, por una cantidad de razones, este cáncer parece crecer como si estuviese bajo el efecto de una levadura maligna.

Aun cuando son muchas y muy variadas las formas de corrupción el común de la gente entiende que se trata de corrupción gubernamental , de sus funcionarios o sus procedimientos.

El Gobierno está conformado por tres poderes, pero se puede decir que la mayoría de las personas al hablar de corrupción gubernamental se refiere al Poder Ejecutivo. Esto no es justo, pero creo que ese es el caso.

Además de los tres poderes existe el bien llamado “cuarto poder” que mucho tiene que ver en la ecuación, y que mucho mal y también mucho bien ha hecho en diversos países.

No debemos olvidar ni por un momento que son los miembros de la misma sociedad quienes conforman los tres o, si se quiere, cuatro poderes; tampoco debemos olvidar que cada uno de nosotros lleva el germen de los pecados capitales consigo. Claro que en todos los países sucede lo mismo, pero en algunos la materia prima, la sociedad misma, está menos contaminada que en otros.

Con respecto a los servidores públicos del Poder Ejecutivo mi experiencia me indica que hay un grupo mayoritario de funcionarios que son honestos, sobre todo en los niveles medio y bajo. Si a estos individuos se les permite laborar, sin presiones “de arriba”, en los asuntos de su incumbencia, las cosas mejorarán sensiblemente.

Esos funcionarios humildes, cuyo ingreso familiar malamente les permite vivir en forma digna, se percatan de cuándo tienen un superior honesto, llámese ministro (a), director (a), gerente, etc. y, con ese estímulo, laboran con más eficiencia.

Paralelamente, estos mismos altos jefes jerárquicos honestos laboran mejor si perciben que “más arriba” se aprecia y reconoce su rectitud.

Paradójicamente, puede suceder que surjan presiones de individuos, grupos y organizaciones, incluso internacionales, y no de funcionarios, que propugnen por imponer sistemas o políticas que no benefician a la sociedad como un todo, sino sus propios intereses. Solamente un grupo compacto de funcionarios de alta jerarquía honestos y capacitados, actuando de consenso y siguiendo políticas bien delineadas que sean conocidas y aceptadas por el pueblo, puede iniciar la monumental y ardua tarea de disminuir esta faceta de la corrupción —la que ocurre en el Poder Ejecutivo de forma gradual.

De modo que en esta lucha en la cual todos debemos actuar en la medida de nuestras posibilidades, nadie debe pretender cosechar triunfos por que no los habrá; habrá, sí, y muchos, motivos de satisfacción personal, de esa satisfacción íntima que alimenta el alma de los honestos.

Los altos funcionarios deberían cuidarse mucho de las amistades adquiridas en su ascenso a la cumbre e igualmente mirar con más recelo a quienes los alaban continuamente que a quienes les hacen críticas constructivas. Tanto el Gobierno como el alto funcionario debe rechazar cualquier trabajo gratuito que le ofrezca alguna empresa o ciudadano común, dado que tales “donaciones” frecuentemente resultan sumamente onerosas para nosotros el pueblo.

Es asombroso escuchar a los PRD hablar de corrupción.

Evidentemente han incrementado su vocabulario.

El autor es ingeniero y profesor jubilado

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