Panamá, 28 de julio de 2001
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La pobreza reta a Toledo

La pobreza atenaza a casi el 50% de los peruanos, unos 25 millones de personas

Alejandro Toledo

LIMA, Perú (ANSA). Alejandro Toledo asume hoy la presidencia del Perú con los principales desafíos de disminuir los alarmantes niveles de pobreza, frenar la recesión económica y devolver a la sociedad los valores democráticos menoscabados durante 10 años de régimen de Alberto Fujimori.

Con la asistencia de autoridades latinoamericanas -entre ellas sorpresivamente el venezolano Hugo Chávez- y del mundo, Toledo asume el cargo para el período 2001-06 en lugar de Valentín Paniagua, que ejerció un breve interinato tras la destitución de Fujimori.

El Gabinete que acompañará a Toledo se perfila de centro, pero con gran convocatoria en los distintos frentes de la producción nacional y extranjera, consustanciados con un “compromiso de reinstitucionalizar y democratizar el Perú”.

El país que aguarda al nuevo mandatario aparece sumido en una profunda crisis que abarca distintos estamentos de la sociedad.

Ayer en declaraciones a una radio local, Toledo sostuvo que el primer gran reto de su gestión será enfrentar la recesión, que ha generado altísimos niveles de desempleo y subempleo. “Las empresas parecen cementerios con herramientas viejas y oxidadas; un sistema financiero que tambalea, pues los empresarios no pueden cumplir con sus responsabilidades por la recesión”, señaló.

Toledo dijo además que la sociedad peruana espera que su gobierno aborde los hechos de corrupción de la última década y que se conozca la verdad.

El déficit fiscal del PBI llega a 5.1%, mientras el desempleo bordea el 8% y el subempleo roza el 40%, según cifras que algunos estiman de conservadoras.

Recientemente se informó que los niveles de pobreza alcanzan casi al 50% de la población nacional, estimada en unos 25 millones de personas.


Toledo aporta más dudas que certezas

LIMA, Perú (DPA). –Alejandro Toledo, el ex lustrabotas que vivió en pellejo propio la miseria y la discriminación racial, presta juramento hoy como presidente del Perú para el período 2001/06.

Alejandro Celestino Toledo Manrique nació el 28 de marzo de 1946 en el remoto poblado indígena de Cabana, desde donde sus padres, un albañil y una lavandera, lo llevaron muy pequeño al puerto de Chimbote.

Pudo ser quizás un albañil más que se hundiera en la miseria que le mató a seis hermanos, pero el talento y la pizca necesaria de suerte le dieron una beca para estudiar economía en la prestigiosa universidad estadounidense de Stanford.

Su aparición en política fue tardía. Bordeaba ya los 49 años, cuando en 1995 pretendió llegar de frente a la presidencia con un partido prestado. Sufrió una derrota electoral, pero se hizo conocido e intentó de nuevo en el irregular proceso del 2000. Fue ahí, donde ocurrió el milagro.

Toledo se vio de pronto convertido en el gran rival del candidato-presidente Alberto Fujimori. La terquedad y la valentía con que el candidato se negó a admitir una derrota dudosa en un proceso sucio, fueron determinantes para el Perú. Toledo sacó a la gente a las calles, se peleó a muerte y minó las bases de un régimen autoritario y corrupto que terminó por desplomarse.

El discurso político de Toledo no es claro. A veces luce liberal, a ratos populista. Sus contradicciones se han hecho célebres, tanto como su pésimo manejo del castellano, y los siquiatras hablan de una supuesta "pseudología fantástica", léase mitomanía, que lo llevaría a ser más mentiroso que el promedio en la política.

Toledo también luce, según muchos peruanos, irascible, rencoroso, excluyente, y no oculta un profundo amor por sí mismo, que lo lleva a autocompararse con Pachacútec, el mítico líder inca.

Su vida privada ha sido auscultada, y en qué forma. Se niega a someterse a una prueba de ADN para determinar si es el padre de una niña de 13 años que tiene su estampa y que según exámenes de sangre tiene un 97% de posibilidades de ser su hija. Además, hay testimonios de una supuesta afición desmedida por las prostitutas (se le vio en dos hoteles con cinco al tiempo) y hay un análisis médico que señala que al menos una vez consumió cocaína (él dice que lo obligaron). Y qué decir de su matrimonio con la polémica antropóloga franco-belga Eliane Karp, ventilado en las comisarías con denuncias mutuas de agresiones, cuernos y hasta robos.

También se le encontró una cuenta bancaria en Estados Unidos por 700 mil dólares a nombre de un sobrino suyo.


El adiós del demócrata

LIMA, Perú (DPA). –La misma discreción que rodeó su vuelta a la política el año pasado, para ganar un escaño en el Congreso, marca hoy la despedida del presidente transitorio del Perú, Valentín Paniagua, al Palacio que lo recibió hace ocho meses para restablecer el orden en una nación sacudida.

El alejamiento de Paniagua de la política peruana, responde a una iniciativa personal no compartida por los ciudadanos, que han encontrado en su estilo sobrio y decidido de trabajar una genuina vocación de servicio a la patria.

Después de 10 años en los que el jefe de Estado visitaba los rincones del país ataviado con vestuarios multicolores que representaban a cada región y organizaba masivas fiestas con los ritmos de moda en cada campaña electoral, el estilo Paniagua ha devuelto la honestidad para los ojos de los ciudadanos.

El experimentado militante del partido Acción Popular, deja el Palacio de Gobierno para regresar a su amada cátedra de Derecho y al ejercicio profesional de la abogacía. Agradece el respaldo del 70% de los peruanos, pero asegura que no postulará en el futuro.

Su breve retorno a la política, convencido por sus colegas más que por propio interés, lo colocó en la presidencia del Congreso cuando el consenso parlamentario buscaba una figura que afrontara la grave crisis política que desató el escándalo de corrupción en el pasado gobierno de Alberto Fujimori.

Fugado el ex mandatario a Japón, el Congreso aprobó la destitución de Fujimori y en pocas horas Paniagua era designado presidente de la República, en su calidad de titular del Legislativo, y puesto al mando de un país en convulsión.

Las primeras semanas de gobierno fueron las más difíciles, con intensos rumores de golpe de Estado avivados por el entorno del ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos, y la desarticulación de la mafia corrupta instalada en el Estado con enormes ramificaciones hacia todas las direcciones.

Paniagua se rodeó de los profesionales más destacados en cada área del gobierno para constituir un Gabinete de lujo que diera paso a las acciones más urgentes con un presupuesto nacional arrasado por la campaña re-reeleccionista de Fujimori y la “compra” de legisladores, magistrados, empresarios, fiscales, etc. para los fines políticos del régimen.

Los pasos dados hacia la restitución de la autonomía de los poderes del Estado, el cuidado a la economía y la atención de los compromisos internacionales en materia de derechos humanos son algunos de los más importantes que han devuelto la estabilidad política al país andino.

Unas elecciones impecables ratificaron a Alejandro Toledo como el presidente peruano para los próximos cinco años, y el deseo mayoritario para que el consenso entre todos los partidos sea la característica del nuevo Parlamento.

La lucha contra la mafia “fujimontesinista” consiguió echar el lazo sobre Montesinos y sus declaraciones en la cárcel prometen la repatriación de Fujimori, ante la contundencia de pruebas que ratificarían su responsabilidad en el masivo robo al Estado.

No obstante, Paniagua sabe cuánto costó vencer y desnudar a esa organización político criminal: un intento por manchar su honra con los actos ilícitos de Montesinos, y roces diplomáticos con Venezuela y Japón, por la aparente protección a los dos más buscados del Perú.

El Congreso que lo puso en el sillón presidencial lo ha despedido con la máxima condecoración, la medalla de oro en la Orden de Gran Cruz, pero su titular y amigo de toda la vida ha resumido el deseo de los peruanos de que “en el futuro haya más Paniagua”.


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