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La tierra me llama
I. Roberto Eisenmann Jr.
Maruja y yo hemos tomado una decisión radical: en vez de vivir para trabajar, le daremos la voltereta y trabajaremos para vivir. En vez de vivir en la ciudad para ir a veces a gozar el campo, decidimos que lo haremos a la inversa: viviremos en el campo para ir a la ciudad. Hemos decidido trasladar nuestra casa primaria a Coronado -—donde viviremos—, y entraremos a la ciudad a trabajar. La tierra nos llama, y estamos escuchando su llamado.
Ortega escribió alguna vez estas maravillosas palabras: “Dime el paisaje en que vives, y te diré quién eres. He observado que yendo de la ciudad al campo se gana en sinceridad”. Nosotros creemos fielmente en ellas.
¿Cómo haremos con nuestras múltiples obligaciones? Pues, hacer programas mucho más eficientes en el tiempo; procurar, con la ayuda de nuestro magnífico equipo de trabajo, que nuestras horas en la ciudad sean lo más eficaces posibles.
Dedicaremos un día a los consensos nacionales en educación, seguridad social y otros. Otro día a nuestra obligaciones con la sociedad civil: MIBANCO, Fundación Libertad Ciudadana, ILDEA, Fundación Amador y demás, y los demás días pegados a la tierra, escribiendo y leyendo para continuar educándonos en este mundo tan cambiante.
Mucho más tiempo para pensar, para proyectar, para la necesaria soledad escogida, para vivir plenamente, sin permitir que la hoy endemoniada ciudad nos domine, “nos viva” a su manera con su stress tóxico permamente. ¿Retiro? ¡No! De ninguna manera. Seguiremos enchufados a la vida de nuestra comunidad, de nuestra Nación dándole nuestro todo a la vez que pretendemos mejorar nuestra calidad de vida que debe ser siempre el objetivo primario de todo ser humano, de toda organización humana, de toda Nación.
Vuelvo a Ortega: “La naturaleza es la despreocupación perfecta", y de Nietzsche “siempre nos encontramos a gusto cerca de la naturaleza, porque la naturaleza no tiene opinión acerca de nosotros”.
¿Decisión dramática? Sí, como muchas otras que hemos tomado en el camino de la vida tales como: confrontar a la dictadura desde su primer día a riesgo de vida, y que nos produjo dos exilios; el dejar todo por un año y volver a la Universidad en Harvard; el dedicarnos a conformar un diario libre para nuestra nación, en plena dictadura, y algunas más. Lo hemos pensado, hemos pensado bien los riesgos de hacerlo, y de no hacerlo, y hemos acordado lanzarnos a la aventura de hacer las cosas al revés, de cumplir con el sueño que todos tenemos pero que poco nos atrevemos a cumplir.
Ya veremos cómo nos va, y prometo ir informándoles de virtudes y defectos.
Y ahora, ¡pa´'l monte!
El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana
Además
en opinión
- La
tierra me llama: I. Roberto Eisenmann Jr.
- Secuestro
inmoral de la sociedad: Rafael Ernesto Vásquez
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Sobre los textos escolares: Felix H. Cuevas
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Un desmayo alentador: Juan Ramón Martínez
Dettore
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Hemos perdido el respeto: Luis Ernesto Carles
Rudy
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