Panamá, 25 de julio de 2001
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El desencuentro de la juventud

Los jóvenes son un segmento de la población del que se habla mucho y se sabe poco. En medio de dificultades y el constante bombardeo de mensajes consumistas, los jóvenes intentan adoptar una identidad

ARISTIDES CAJAR PAEZ
acajar@prensa.com

El deporte es una de las pocas actividades en la que convergen los jóvenes hoy.

Para Ohigginis y José, dos jóvenes universitarios, la juventud no tiene edad. Lo que la define es que es una ´época donde se aprende de la vida con madurez, sabiendo ya distinguir entre lo bueno y lo malo, es un tiempo en el que se toma conciencia de la propia existencia, del mundo.

Estos jóvenes reconocen, sin embargo, que la juventud de hoy está inmersa en un torrente de imágenes, información y tecnología que le bombardean constantemente e impiden el desarrollo en muchos casos de un pensamiento independiente que, como en épocas anteriores, cuestione el orden establecido, reflexione sobre el papel de los propios jóvenes y señale las causas de los grandes males que padece la sociedad de hoy.

Las reflexiones de estos jóvenes son oportunas, por cuanto desde el pasado sábado, 21 de julio del 2001, se celebra en Panamá el Festival Mundial de la Juventud, un evento internacional que convoca a miles de jóvenes de todas partes del mundo donde se intercambian experiencias, inquietudes y expectativas.

Lo que piensan los jóvenes

Ohigginis y José dicen que hay una poderosa influencia de los medios de comunicación en la juventud, que prácticamente les enseña los modelos de cómo deben verse y cómo deben actuar.

Señalan, según su modo de ver, que una gran mayoría de los jóvenes solo se limitan a seguir modas implantadas desde los países desarrollados, quizás, porque perciben que la cultura de masas que viene a través de los medios de comunicación se presenta como superior, moderna, avanzada, y ellos quieren emular esos patrones culturales.

También manifiestan que la tecnología en muchos casos promueve la pereza mental. Ello puede ser en muchas ocasiones la causa de que una gran cantidad de jóvenes no quieran desarrollar un pensamiento propio.

A la vez creen que cuando algún joven logra desarrollar un pensamiento personal que no va con la corriente o que por lo menos es más independiente, es porque este joven en particular cuenta con las condiciones materiales para hacerlo, lo cual no es el caso de la mayoría de los jóvenes, quienes afrontan muchas necesidades y carencias.

A diferencia de lo que sucedía con las generaciones anteriores, los jóvenes de hoy son poco solidarios. Están muy divididos en distintas “tribus” o clanes que se relacionan poco entre sí. Hay “trashers”, “nerds” y una larga lista de denominaciones que caracterizan sus modos de vestir, la música que escuchan, su filosofía personal, su actitud ante la sociedad. En su gran mayoría estas divisiones entre los jóvenes son copia de modelos extranjeros ampliamente difundidos por los medios de comunicación y la cultura de masas.

Tampoco se sienten muy entusiasmados en participar en grupos organizados. Según cuentan, los jóvenes piensan que ese tipo de actividades son algo “del pasado”. Además, entre los jóvenes de hoy existe un profundo sentido de autosuficiencia y de conocimiento. “Yo lo sé todo, yo puedo hacer todo, no necesito de otros”, es un pensamiento muy común hoy, que denota también una fuerte dosis de individualismo.

Piensan que la familia no cumple hoy con su función de dar pautas y normas que les ayuden a encarrilarse en la vida y, por el contrario, viven en hogares de padres ausentes con muy poca y muy mala comunicación. Perciben que muchas veces los padres actúan más motivados por las pautas que les impone la sociedad, por las modas que vienen de afuera, que por su sentido de responsabilidad y amor a sus hijos.

En este sentido piensan que la razón por la cual muchos padres les quieren dar a sus hijos lo que ellos nunca tuvieron está en la influencia de modas y status que les venden los medios de comunicación. “A veces no piensan que solo dándole las cosas necesarias para vivir, alimentación, educación, un hogar, ya están ayudando a sus hijos a prepararse para la vida”, señalan.

Los jóvenes al parecer consideran que la escuela es más una obligación que un derecho. También la ven más como un club social que como una institución donde se aprende.

Ven a los educadores con desconfianza y piensan que a muchos solo les interesa ganarse un salario. Mientras que para las generaciones anteriores, los maestros eran líderes de sus comunidades, personalidades respetadas que servían de ejemplo y estímulo para los jóvenes, hoy en día son vistos con desconfianza por los muchachos.

Del mismo modo, ven claras las diferencias económicas y materiales entre los jóvenes que tienen recursos y los que no los tienen. A esta desigualdad atribuyen en buena medida el surgimiento creciente de la delincuencia juvenil. “Cuando el niño se hace joven en estas circunstancias, la sociedad lo golpea, lo discrimina”, dicen. Agregan que “el propio sistema genera a los delincuentes y produce actitudes perezosas”.

Le atribuyen al surgimiento de las pandillas a actitudes aprendidas a través de los medios de comunicación y la tecnología, videojuegos, películas, etc. Pero en el fondo, lo que atrae a los jóvenes a las pandillas es el apoyo y el respeto que no encuentran en casa, por una parte, y, por otra, el ejercicio brutal del poder, tal como interpretan que funciona en realidad la sociedad, más allá de la careta aparente de las leyes, las normas y las “buenas costumbres”.

“En el fondo lo que sucede es que los jóvenes ven que el ser que tiene el poder es el que lo tiene todo. Cada uno quiere ser el que tiene el poder”, señalan.

Realidades de los jóvenes

En 1997, la población adolescente de Panamá era de 561, 416 personas, de las cuales el 10.8% tenía entre 10 y 14 años y 9.7% entre 15 y 19 años, constituyendo el 20% de la población total. El 51.3% eran varones y el 48.7% mujeres, viviendo más de la mitad en el área urbana (51.9%), y el 38.4% en el área rural y el 9.7% en el área indígena. El 42.5% de esta población eran pobres repartidos en un 53.2% varones y 46.8% mujeres.

Estos datos se incluyen en un reciente e inédito estudio sobre la juventud panameña realizado por el sociólogo Raúl Leis y el Centro de Estudios y Acción Social de Panamá (CEASPA), titulado Cultura Política de los jóvenes centroamericanos, el caso de Panamá, que forma parte de un proyecto centroamericano. En 1997, la tasa de desempleo urbano era del 15% (19.7% para los hombres) en Panamá, el más alto de la región, y los problemas de desocupación entre los jóvenes afectaron al 31.7% de ellos.

Según el estudio, esta situación de marginación y exclusión juvenil repercute en los problemas sociales que les afectan. Entre los jóvenes de 15-19 años las causas principales de muertes son violentas: los accidentes (44%), suicidios (9.4%) y homicidios (38.6%) representan el 53% del total de las muertes en este grupo (65% en los varones y 32.2% mujeres, un porcentaje reducido no está registrado).

En 1998, la edad promedio de reclutamiento en pandillas y bandas juveniles era entre 13-16 años. En 1997 en un estudio nacional del Ministerio de Salud -con personas entre 12 a 18 años- en cuanto a las drogas se ubicó el consumo de alcohol en el 41.2%.

En 1996 en los servicios de salud, se atendieron 10 mil 554 madres entre 10 y 19 años, lo que representó un 27.3% del total de madres embarazadas de todas las edades

Entre los jóvenes que ejercen la creciente prostitución infante-juvenil, el 70% no recibe educación sexual por parte de los padres, sino por la comunicación de amigos o amigas. Las jóvenes tuvieron sus primeras experiencias sexuales a corta edad. El 13% cuando tenían menos de 10 años, el 36% entre 10-13 años, el 43% entre 14-17 años.

Sumando al maltrato físico y psicológico, antecedentes de agresión física en la relación de pareja de los progenitores, el abuso sexual y la violencia en sus hogares por parte del padre u otro familiar fue la constante en la vida de estas jóvenes.

Una encuesta reveladora

El estudio incluyó una encuesta a 937 jóvenes estudiantes del área metropolitana de la ciudad de Panamá. Según la encuesta, los jóvenes perciben que el desempleo (25%) es el principal problema del país, seguido muy de cerca por la pobreza (23%), en especial para las mujeres y los estudiantes de mayor edad (quinto año); las primeras más afectadas por esos problemas y los segundos (varones y mujeres) próximos a salir a un mercado de trabajo de difícil acceso para los jóvenes.

Para la mayoría (57%), la diferencia entre lo que gana la gente rica respecto a los pobres es muy grande (los que opinan así se ubican más en el quinto año: 69%), con relación al extremo que planteó que era muy pequeña la diferencia (20%). El 41% opina que hay pobreza en Panamá por que la sociedad los trata injustamente, correspondiendo el grueso de esta opinión a los más jóvenes (primer año).

El 25% opina que son pobres porque son vagos, y un 26.3% se ubica en posición equilibrada integrando las dos opciones, más que todo los muchachos y las muchachas de quinto año que más bien intentan integrar las dos perspectivas. Las figuras deportivas son las más admiradas por encima de las históricas, políticas y científicas.

Los valores que más se refuerzan en el colegio son la cooperación, responsabilidad individual, respeto al derecho ajeno, participación, igualdad de hombres y mujeres (del 43% al 30% de las opiniones). El 66% se ofrece a ayudar en el colegio y el 12% no. El 16.8% equilibra su opinión. De los que se ofrecen son más las mujeres, los estudiantes de primer año, de sostén hogareño primario y nivel socioeconómico bajo-medio. Los que no se ofrecen son más los hombres de quinto año.

En cuanto a preferencias académicas, los estudios sociales están en tercer lugar (38%) como materia favorita y la formación cívica en el séptimo. (Las primeras son español y matemáticas). Al calificar los estudios sociales de 1 a 100, el 38.7% no sabe o no responde. 31% la ubican entre 80 y 100 puntos, 10% entre 60 y 79 puntos, y 20% debajo de 50 puntos. Las razones positivas son que enseñan sobre el país, les gusta y da conocimientos. Las negativas es que no gusta o no enseña lo necesario.

La visión de la coyuntura del país parece privilegiar la dimensión socioeconómica (desempleo-pobreza), que pasan a ser prioritarios tanto en la ubicación de problemas como de objetivos nacionales. Esta visión expresa una realidad nacional marcada por la desigualdad social y por la injusticia de la pobreza, por lo que se pronuncian contra el encarecimiento de la vida. Aunque no hay certeza sobre el futuro de la economía, el tema ambiental se abre paso con vigor, para ponerle sello de sostenibilidad al desarrollo.

Las opiniones más definidas, según el estudio, se concentran en los jóvenes de más edad en general (pero no necesariamente en la capacidad de cooperar con el colegio) y en algunos casos en las mujeres y en los provenientes de hogares de menor nivel de vida.

 

 
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