Panamá, 25 de julio de 2001
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La fresa

Ana Alfaro
Especial para La Prensa
revista@prensa.com

Nosotros la elegimos como símbolo de nuestra separata gastronómica sobre las tierras altas de Chiriquí (La Prensa, miércoles 11 de julio de 2001), pero es mucho más que eso: bien puede ser la fruta más internacional del mundo, ya que la fresa, como la conocemos nosotros, es un híbrido de varios continentes. Las fresas silvestres son autóctonas del nuevo y el viejo mundo por igual.

El género Fragaria, al que pertenece la fresa, se refiere a la fragancia (fraga, en latín) de la fruta, la que originalmente crecía silvestre en Europa. La fresa que conocemos nosotros, hoy en día, es un cruce entre la baya pequeña, originaria de las zonas más cálidas de Europa y Asia, la Fragaria vesca, y dos especies oriundas del continente americano: la Fragaria chiloensis, que aunque lleva el nombre de Chile, crece a lo largo de todo el litoral del Pacífico, de Norte a Sur América y la Fragaria virginiana o fresa escarlata, que proviene de Virginia, Estados Unidos.

La historia (occidental) de la fresa se remonta a los romanos y tal vez los griegos, pero ya que no fue hasta el descubrimiento de América y la evolución del híbrido moderno, no tenemos muchas referencias históricas de ella: de los cuatro romanos que escribían sobre la agricultura, Cato, Varro, Columela y Paladio, ninguno la cita. Aunque Virgilio y Ovidio sí la mencionan, es únicamente en asociación con otras frutas silvestres y Plinio fue el último escritor en muchas centurias que la mencionó, como uno de los productos naturales de Italia. Luego de una breve aparición en los escritos de un médico griego, Nicolás Myrepsus, la próxima referencia que (según los estudiosos de la fruta) hay es que Carlos V de Francia mandó a su jardinero, Jean Dudoy, a plantar mil 200 matitas en los jardines del Louvre, en París (Francia).

No fue el único rey aficionado a la fresa silvestre europea, ya que en los papeles de Enrique VIII de Inglaterra consta que el gordo Tudor pagó diez chelines por media pinta de fresas en 1530 y el médico de Luis XIV, el Rey Sol, le prohibió su consumo tras que el Luchito se pegó una “real” atracada. Pero fue durante el reinado del siguiente Luis (XV) de Francia en que un muchachito llamado Antoine Duchesne comprendió la correlación entre la frutilla europea y las variedades americanas, y plasmó sus observaciones en su Histoire naturelle des fraisiers a la tierna edad de diecinueve años, en 1766. Como miembro de la corte real, estuvo entre los primeros en conocer las variedades de acá a mediados del siglo dieciocho, cuando un oficial de la marina francesa apellidado Frézier (cuyo nombre sugiere al fraisier o el plantón de la fresa) llevó plantas de la variedad chiloensis a la corte real (ya alguien había llevado a Europa la variedad virginiana).

La hibridización natural de estas especies produjo la fresa que conocemos hoy en día, la F. x ananassa. No tardó mucho para que la nueva especie híbrida fuera portada de vuelta al nuevo mundo, y es natural que entre los muchos cultivos de nuestras tierras altas chiricanas traídos por sus inmigrantes europeos, prime la favorita de los monarcas.

La estructura de la fresa

Una característica muy especial de esta fruta es su estructura. Técnicamente, se conoce como una “fruta falsa”, ya que lo que nosotros creemos que son las “semillas”, esos puntitos chocolates que vemos en su superficie, son realmente las frutas. La parte roja, carnosa, es un receptáculo que corresponde al pequeño cono blanco que queda adherido al tallo de la mora cuando se quitan las pequeñas frutas.

Combinaciones perfectas:

Fresas y crema
Fresas y chocolate
Fresas y naranjas
Fresas y champaña
Fresas y helado de vainilla
Fresas y bananas

Ponche de champaña y fresas

1/3 taza de azúcar
1 paquete de diez onzas de fresas congeladas en almíbar (si usa fresas frescas, aumente la cantidad de azúcar)
1/2 taza de jugo de limón
1/2 taza de brandy
1/2 lata de club soda, fría
2 botellas de cava, frías

Disolver el azúcar en un cuarto de taza de agua, dejar enfriar por completo. Licuar las fresas con el jugo de limón y la mitad del sirope de azúcar, y luego transferirlo a una ponchera; puede colarlo si desea remover las “pepitas”. Añadir el brandy y el club soda. Enfriar la mezcla, cubierta, hasta que esté fría. Añada la champaña (lentamente, para que no se desborde) justo antes de servir en tazas de ponche. O si quiere un toque más elegante, sirva en copas de champaña.

De esta forma, está sirviendo un aperitivo elegante sin quebrar el banco.


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