Panamá, 24 de julio de 2001
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Las voces del festival

Manuel Vega Loo
mvega@prensa.com

Pese a la reinante desorganización en el Festival Mundial de la Juventud se han escuchado algunas voces, las cuales claman por la tolerancia y la justicia social, en un mundo afectado por la globalización y la destrucción de las zonas boscosas.

Lamentablemente estas voces fueron muy pocas en un evento que congrega a más de 8 mil jóvenes panameños y de diversas nacionalidades.

Se han visto más participantes en los conciertos y en los concursos deportivos, que en los talleres y mesas redondas. Y muy pocos exigiendo el respeto de los derechos de los indígenas y de los grupos campesinos.

Las peticiones

En ese mar de juventud hay muchachos provenientes de diferentes partes del globo, por ejemplo el grupo liderado por Albert Sancho, quien llegó el pasado viernes junto a sus 39 compañeros desde la Comunidad de Cataluña, con el objetivo de proponer a la ciudad de Barcelona como la sede del festival en 2004.

Sancho, vicepresidente del Consejo de la Juventud de Cataluña, destaca que en su localidad las organizaciones juveniles son muy importantes y tienen mucho peso, lo que les permite organizar holgadamente un evento de este tipo.

“Le presentaremos a la mayoría de la gente la propuesta de la Comunidad de Cataluña, queremos que la gente nos pregunte y que nos conozca. Le hablaremos sobre Barcelona y Cataluña”, añade.

Sobre la organización del Festival de la Juventud en tierras panameñas Sancho indica que a Europa y especialmente a España llegó muy poco información y a última hora.

Por otro lado, dice que ellos viajaron al Istmo con muchas expectativas, sobre todo por la diversidad cultural y los temas que se discutirán hasta el próximo sábado 28 de julio.

Otro que llegó al país con mucha ilusión es Mohamed Lamin Zawy, quien junto a su delegación conformada por alrededor de 20 estudiantes universitarios, tienen el propósito de denunciar la invasión de Marruecos a su país.

Lamin Zawy narra que la República Arabe Saharaui Democrática fue invadida hace más de 25 años por su vecino. “Venimos a solicitar que nos apoyen en nuestra lucha por la soberanía”.

El estudiante de odontología se cubre en todo momento con su bandera, la cual juró respetar y defender. Los otros miembros de la delegación de la República Arabe Saharaui, ubicada al norte de Africa, también portan la bandera de su nación, al igual que sus trajes típicos, confeccionado con vistosos colores.

Estos jóvenes hablan español, ya que fueron colonizados por españoles. “El castellano es nuestra segunda lengua”, dice Lamin Zawy.

La República Arabe Saharaui Democrática ocupa un territorio de 284 mil kilómetros. Limita al norte con Marruecos, al noreste con Argelia, al este y al sur con Mauritania y al oeste con el océano Atlántico.

Albert Sancho y Mohamed Lamin Zawy son apenas dos voces de las miles que se reúnen en la antigua base aérea de Howard hasta el 28 de julio. ¿Se escucharán más?



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