Panamá, 24 de julio de 2001
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En relación a las utopías

No se trata de destinar dinero a obras de caridad por mala conciencia, sino de distribuir mejor la riqueza, permitiendo que los pobres vivan con dignidad

Edgar Soberón Torchía

Con el mayor respeto a la trayectoria como empresario del Sr. Marcos G. de Obaldía, deseo discrepar con su nota del domingo 15 de julio “Utopía capitalista o utopía socialista”. En primer lugar, la noción de que el ser humano es “egoísta por naturaleza” afortunadamente está siendo erradicada por psiquiatras y psicólogos que han llevado adelante experimentos que desmienten esa idea puesta de moda en los últimos siglos y aceptada como verdad. Lo remito al libro El arte de la felicidad del psiquiatra norteamericano Howard Cutler, editado en español por Grijalbo. Allí incluso encontrará explicación de la tendencia del infante a declarar todo como suyo, lo cual, en el fondo, es verdad: en la Tierra, todo es de todos y nada es de nadie, una verdad muy elemental que los humanos hemos olvidado.

En segundo lugar, el sistema comunista —y no las ideas “comunistas”, que siguen tan vivas desde Jesús hasta hoy— no cayó por el egoísmo de los humanos. Entre otras cosas, cayó porque se intentó crear un nuevo modelo sin dar una alternativa a la economía de mercado y sin sustituir la noción de “precio” por la de “valor real” de las cosas. Para ello, lo remito al excelente libro El nuevo proyecto histórico, donde encontrará que los científicos más lúcidos del nuevo milenio sí admiten la deshumanización actual del capitalismo y temen una erupción violenta de energía, ante el potencial explosivo que generan las medidas económicas, políticas y sociales que se toman en la actualidad. En el libro, no solo proponen un nuevo proyecto sino que tratan de definir los rumbos a seguir para llegar a la justicia y la equidad en el planeta de manera civilizada y no armada, a la que sí recurren los propulsores a ultranza de la globalización de la economía de mercado. En este libro encontrará ensayos de Heinz Dieterich, Arno Peters y Enrique Dussel, entre otros. Mi ensayo favorito es el que propone una reformulación de una nueva ética (tan ausente en la actualidad) para el nuevo milenio.

En este sentido, creo que no se trata de destinar dinero a obras de caridad por la mala conciencia que engendra el acaparar riquezas, sino de distribuirlas mejor y de permitir que los que somos pobres, por opción propia podamos vivir con dignidad.

En el mismo libro encontrará información sobre la crematística y el afán de lucro, que un alarmado Aristóteles denunció con la aparición de las primeras monedas. Sin embargo, no trata de que asumamos una actitud revisionista de lo que ya ha vivido la humanidad, sino de modificarnos hacia seres que sepamos compartir un planeta que no es patrimonio de ninguno y al que hemos puesto en peligro de extinción.

En tercer lugar, para encontrar el significado del neoliberalismo le recomiendo el uso de un mejor sistema de búsqueda en el internet. Con solo teclear “neoliberalismo” en Google, obtuve 35,600 documentos. ¡Hay hasta una dirección de los que lo defienden! Ahí uno puede leer a Carlos Montaner y persistir en el oscurantismo. Pero dentro y fuera del internet hay literatura abundante que explica el neoliberalismo. Desde el libro que mencioné, hasta excelentes libros y folletos que son asequibles en Panamá.

No discutiré sus ideas de un Panamá “democrático”, de países ricos donde los pobres “viven mejor” o del capitalismo como el “mejor sistema” que ha tenido la humanidad, porque la literatura antes citada demuestra esos errores conceptuales y porque el arte de la demostración no es mi fuerte. Pero creo necesario recordarle que es necesario que nos ajustemos a las nuevas líneas de pensamiento. A medida que envejezco trato de entender las nuevas tendencias, no solo para poder comprender a los jóvenes, sino para actualizarme y contribuir a la construcción de un mejor mañana. Por ello, para terminar, le cito las palabras de un famoso poeta y trovador, que dicen: “La historia lleva su carro y a muchos nos montará, por encima pasará de aquel que quiera negarlo”.

El autor es docente universitario

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