El caso de Mobil en Panamá
Extrañas relaciones, extravagantes comisiones

Resumen de la primera entrega

En junio de 1996, dos reuniones en Hamburgo y Londres entre un bananero chiricano que fue presentado como "representante presidencial" con directivos de la multinacional estadounidense Mobil y de la árabe Alireza propiciaron el regreso de Mobil a Panamá después de 20 años de ausencia. Todo había comenzado con la visita a este país del capitán de barco Heinz Bessenich, quien era, además, consultor externo de la casa Alireza, la petrolera de Arabia Saudita. Bessenich se puso a buscar la "gente adecuada" y creyó haberla encontrado.

Segunda entrega

El hecho de que Mobil retornara a Panamá a través de Jeddah no se debió a una excentricidad geográfica sino a una casualidad turística. En mayo de 1996, un marino alemán, el capitán Heinz Bessenich, vino a pasar unos días en Panamá visitando a un viejo colega radicado aquí. Bessenich era entonces consultor free lance de la empresa Haji Abdullah Alireza & Co.Ltd., de Arabia Saudita, para la cual ya había realizado algunos trabajos en el pasado.

Durante su visita, Bessenich exploró también posibilidades de negocios. Así se enteró de que Estados Unidos entregaría a Panamá la finca de tanques de Arraiján en enero de 1997. Esa parecía una oportunidad atractiva para la compañía árabe y sus socios petroleros.

El marino se dedicó a informarse y a buscar conexiones locales. En esa circunstancia, un conocido, John Bamber, agente marítimo de Colón, le sugirió entrar en contacto con un empresario local "interesante". Se trataba de Jorge Krupnik, y vaya que era interesante (ver recuadro).

Hacia el 20 de mayo de 1996, Bessenich se puso en contacto con Krupnik y lo visitó en sus oficinas del piso 25 del edificio del Banco Exterior. "Esto es lo que necesitamos [en Rodman]", recuerda Bessenich que dijo Krupnik al revisar el prospecto de la compañía Alireza.

La Prensa intentó hablar con Krupnik, pero éste, afligido por serio quebranto de salud, no respondió a las solicitudes de entrevista.

En su primera entrevista con Bessenich, Krupnik tomó el teléfono y anunció que iba a llamar a un alto "funcionario del Gobierno". Marcó el número de Anel Bolo Flores, quien contestó la llamada en David, Chiriquí. Eran aproximadamente las 10 de la mañana.

"El va a estar aquí a las tres de la tarde", le dijo Krupnik a Bessenich al colgar el teléfono. Se trataba, le explicó, de "un hombre de confianza del presidente".

A las tres de la tarde, previo aterrizaje en el aeropuerto de Paitilla, el bananero chiricano se encontraba ya en la oficina de Krupnik.

¿Por qué Krupnik llamó al bananero? Flores, empresario relativamente joven, era (y es) un exitoso exportador de banana. Pero si los conocimientos de Bolo sobre plátanos son indiscutibles, ¿qué sabía de petróleo? "No tenía ni idea del negocio", dice Bessenich. "No había razón técnica ni profesional [para incluirlo]". Pero tenía otros atributos. "Fue movilizado por Krupnik para impresionar a Alireza y a Mobil como un estrecho colaborador presidencial".

Flores, por su lado, explica su presencia aludiendo a un parentesco político con Krupnik. Estuvo casado con la hermana de mi suegra, dice. Pero la expeditiva llamada de Krupnik y la reacción al vuelo de Bolo parece indicar una familiaridad más comercial que de afinidad.

Bolo habría de tener una participación prominente dos años después en la campaña de Martín Torrijos en las primarias del PRD. De hecho, fue uno de sus titulares. La noche en que se proclamó la victoria de Torrijos, Flores asumió en varias entrevistas la representación de aquél. No sólo eso. En la presentación del candidato, Carlos Duque, el presidente vitalicio del PRD, comenzó su discurso felicitando en términos encendidamente elogiosos a dos personas a las que calificó de cruciales para el resultado: Anel Bolo Flores y Félix Pille González. Tanto Bolo como Pille desempeñan un papel central en esta historia.

* * *

La impresión de Bessenich después del primer día de conversaciones fue que en ese equipo ad hoc las tareas quedaban distribuidas así: Krupnik se encargaría de conseguir a la gente "adecuada"; Bessenich vería los aspectos técnicos locales y, sobre todo, la relación con Mobil/Alireza. En cuanto a Bolo, bueno, ¿es poca cosa ser "representante presidencial"?

El 23 de mayo de 1996, el alemán remitió su primer informe al jeque Ahmed Alireza, presidente de Haji Abdullah Alireza & Co. Era un largo fax que describía la situación en conjunto. Sus principales puntos eran los siguientes:

Este primer informe incluía copias para Krupnik y Edward Connolly, alto funcionario de Mobil y gerente general de APSCO (The Arabian Petroleum Supply Co), la sociedad entre Mobil y Alireza en Arabia Saudita.

La reacción fue inmediata. El mismo día, 23 de mayo, Connolly envió un fax a Bessenich manifestando su "claro interés" en la oportunidad ofrecida.

Una semana después se producía la primera reunión, en Hamburgo. Participaron en ella Connolly, Bessenich y el "representante presidencial", Anel Flores.

El representante presidencial

Bessenich, quien no tenía razón para dudar de que Flores fuera un enviado del Gobierno, lo presentó como tal, primero a Connolly en la reunión en Hamburgo, y luego a Mohamed Alí Alireza, el "baby sheikh", yerno del jeque Mahmoud, en Londres.

Flores afirma en entrevista reciente que fue a Hamburgo por sus negocios bananeros y que fue Bessenich quien le propuso la entrevista. Según su propia versión, él respondió: "hombre, yo voy a estar en Hamburgo una semana y, si tengo la oportunidad de conocerlos, con muchísimo gusto". En cuanto a su calidad de "enviado presidencial", el bananero dice que "eso fue muy mal entendido por parte de ellos, y esa parte se corrigió… No soy funcionario público, malamente puedo ser enviado presidencial". Bolo añade que ese "malentendido" se corrigió cuando la delegación de Mobil y Alireza llegó a Panamá.

Sin embargo, es evidente que Flores paseó por Hamburgo y Londres su supuesta condición de "representante presidencial". Porque, el 10 de junio de 1996, el jeque Ahmed Alireza escribió una carta a Pérez Balladares en la que indicaba estar al tanto de "las conversaciones sostenidas en Hamburgo y Londres entre vuestro representante, don Anel H. Flores, y nuestra delegación" (ver facsímil). Además, el propio Flores recibió otra carta, de Connolly, fechada el 11 de junio de 1996, en la que se le otorgaba el respetuoso título, con mayúsculas incluidas, de "Representante del Presidente de Panamá".

La Prensa preguntó a Flores si había hecho una aclaración por escrito respecto a un asunto tan importante. Flores respondió que la aclaración había sido sólo verbal.

¿Se trató de una falsa representación? Ni el Gobierno de Panamá desautorizó a Flores, ni Mobil ni Alireza se dieron por enterados. Tanto Mobil como Alireza parecen haber aceptado plenamente la premisa de que estaban hablando con representantes oficiales del Gobierno de Panamá, los mismos que luego habrían de recibir 2 millones 700 mil dólares en compensación por servicios nunca bien especificados.

Visita de Arabia

La carta de Connolly al "representante presidencial" sugería una visita de la delegación conjunta el 30 de junio de 1996.

La sugerencia fue aceptada tanto por el "representante" como por el "apoderado"; y desde el Oriente Medio, Mobil y Alireza prepararon la visita de una delegación plenipotenciaria para dar el primer paso comercial en Panamá: entrevistarse con el presidente Ernesto Pérez Balladares.

Krupnik, el apoderado
Entre los "consultores" locales de Mobil/Alireza, el de mayor notoriedad internacional es Jorge Rogelio Krupnik. Sus acciones comprobadas o presuntas lo hicieron protagonista en dos tipos de literatura: la de libros sobre la historia reciente y la de documentos oficiales de la Justicia norteamericana.

Divorciando al dictador, correteando al escritor

Frederick Kempe, periodista del Wall Street Journal, descubrió que escribir sobre Krupnik tenía sus riesgos.

En Divorcing the Dictator: America´s Bungled Affair with Noriega, Kempe relata cómo un acorralado Manuel Antonio Noriega llegó a la mansión de Krupnik, "quien estaba en la lista de buscados por las autoridades estadounidenses por supuestas conexiones con el narcotráfico y tráfico de armas".

En 1990, Kempe arribó a Panamá para la presentación del libro. Sabedor de su llegada, Krupnik interpuso una demanda por calumnia e injuria contra él. El juzgado decretó un impedimento de salida del país contra Kempe con inusitada celeridad.

Después de un frenético correteo judicial, el autor consiguió abandonar Panamá tras presentar varias pruebas que apoyaban las referencias a Krupnik en el libro; entre ellas, el testimonio ante el Senado del ex embajador norteamericano Deane Hinton, en el que calificaba a Krupnik como "uno de los malos" ("one of the bad guys"), según un artículo publicado por The Washington Post, el 10 de abril de 1990, y otro artículo de The Gazette de Montreal, fechado el 15 de febrero de 1994.

El incidente recibió gran cobertura. Un cable de Reuters, fechado el 6 de abril de 1990, indicaba que "Krupnik ha sido descrito en testimonio que figura en un informe del subcomité sobre narcotráfico y política exterior del Senado como un traficante de armas que estuvo involucrado en actividades ilegales con Noriega".

Por su parte, Richard Koster y Guillermo Sánchez Borbón, hacia el final de su libro In the Time of the Tyrants, mencionan de forma parecida a Krupnik en su versión de los últimos días de Noriega en Panama.

En The Noriega Mess, su autor, Luis Murillo, habla de la red de tráfico de armas de Noriega. En este negocio, Murillo menciona a tres "asistentes" principales del dictador: Mike Harari, José Isabel Blandón y Jorge Krupnik. "Krupnik, como Harari, tenía muchos contactos en Europa, desde donde podía obtener rifles M-16 americanos y lanzacohetes RPG-2 chinos. Las armas llegaban a bordo de pequeños cargueros de Europa. Este cargamento se almacenaba en bodegas de la Zona Libre de Colón, fuertemente vigiladas por la Guardia Nacional. Desde allá, se transportaba a Tocumen, en espera de un envío aéreo a los diferentes clientes de Centro y Suramérica. Krupnik se vincularía muy estrechamente a Noriega y ... construyó una mansión en el área más lujosa de la ciudad".


El caso Premium

De las páginas de los libros, a las de los documentos oficiales.

En 1993, Krupnik fue una de las 35 personas encausadas tras una investigación del FBI. El encausamiento incluía 169 supuestos delitos, entre los cuales el lavado de dinero. Se llamó Caso Premium.

Premium Sales Corp. se vino abajo en junio de 1993, cuando mil 584 clientes, alertados por un artículo de la revista Forbes del 10 de mayo de 1993, descubrieron que la compañía no podría pagar cerca de 500 millones de dólares en dividendos pendientes. Se trataba de una modalidad de estafa conocida indistintamente como pirámide o Esquema de Ponzi. Sólo una fracción del dinero de los inversionistas se dirigía al negocio legítimo de Premium (la compra de frutas y verduras al por mayor a precios de liquidación para venderlas en otro punto beneficiándose de las diferencias de precios entre estados). Parte del dinero fresco puesto por nuevos inversionistas se empleaba en pagar falsos dividendos a los anteriores, lo que creó el espejismo de que se trataba de un negocio próspero.

Desatado el escándalo, otro artículo de Forbes, del 2 de agosto de 1993, alude a Krupnik entre los sospechosos de fraguar la estafa como "un reputado traficante de armas e íntimo de Noriega".

Pero un artículo del Miami Daily Business Review, fechado el 30 de mayo de 1997, plantea la posibilidad de que el caso de Premium fuera apenas la punta de un iceberg formado por una gigantesca red criminal dedicada a la venta de artículos robados y blanqueo de dinero procedente de las mafias de Colombia y Sicilia.

Documentos policiales obtenidos por el diario sugerían que Daniel Rae Morris, cofundador de Premium, y la propia compañía habían estado involucrados desde 1990 en una red de lavado de narcodinero y tráfico de mercancía robada y falsificada, almacenada y distribuida a través de los almacenes de Premium por todo el país. En esta red aparecían involucrados desde el "zar" de los bares de chicas desnudas de Florida, Michael Peter, hasta narcotraficantes colombianos, redes criminales asiáticas y... Krupnik, según el artículo.

El FBI reunió pruebas contra Morris y sus asociados en una operación tipo sting. Según un memorando fechado en junio de 1992 del fiscal Mark D. Johnson (Assistant US Attorney en Fort Lauderdale), reproducido por el diario, Jorge Krupnik fue el "principal objetivo de la investigación". (En la clásica operación sting agentes encubiertos utilizan señuelos para ganarse la confianza de supuestos criminales y atraparlos in fraganti).

El artículo del Miami Daily Business Review se refiere a Krupnik como "un panameño rico que dijo al Daily Business que había hecho negocios legítimos con Morris y [Kenneth C.] Thenen (el otro fundador de Premium) por valor de 2 millones de dólares".

"La investigación reveló que Krupnik era un empresario internacional que estaba involucrado tanto en comercio legítimo de mercancías excedentes como en comercio ilegal con productos falsificados y robados. Las pruebas indican que Krupnik era un lavador de dinero a gran escala", dice el memo, citado textualmente por el diario.

En una supuesta entrevista filmada con informantes del FBI, mencionada por el diario, Krupnik presentó a Morris como "mi hombre en Estados Unidos". En un momento del vídeo, Morris dijo que utilizaba los clubes de Peter para lavar unos 250 mil dólares al mes.

Pero en una entrevista con el diario, reseñada en esa misma edición, Krupnik aseguró que las acusaciones de Johnson eran "fantasías" y se declaró víctima de Morris.

A pesar de ello, Krupnik no interpuso demanda alguna contra Morris, y recuperó algo de dinero cuando, violando la orden del juez de congelar los bienes de Premium, Morris transfirió 200 mil dólares a una cuenta de una empresa de Krupnik, la Midland Investments SA de Panamá (MI), en el Banco Bilbao Vizcaya de Miami, cuenta también congelada, según reportajes de The Gazette de Montreal del 17 de julio de 1993 y del 15 de febrero de 1994.

MI es la empresa que figura en el contrato de asesoría de Krupnik con Mobil/Alireza.

El memorando del fiscal Johnson -citado por el Miami Daily Business Review del 30 de mayo de 1997- hace referencia a dos clientes de Premium que deseaban lavar dinero: los traficantes de heroína radicados en Hong Kong, Joseph Proctor (que fue detenido en Singapur en 1996 de acuerdo con un artículo del Singapore Business Times, citado por la publicación de Miami), y Siu-Fiu Sonny Yip.

Krupnik admitió -según el diario- que había invitado a Proctor y a Yip a Panamá "para discutir una posible inversión billonaria en un parque industrial en Panamá".

Las investigaciones revelaron 350 millones de dólares manejados por Peter (el "zar" de los bares de chicas desnudas), circulando a través de 100 bancos. Peter nunca fue encausado por lavado, pero se declaró culpable de fraude organizado (racketeering) y fue sentenciado a dos años de cárcel. Además, el SEC (Securities and Exchange Commission) anunció el 1 de febrero de 1996 un interdicto permanente (permanent injunction) contra Daniel Rae Morris y Scott Fraiser Thenen por violaciones contra la Ley de Valores (Securities Exchange Act) de 1934.


Caso Merrill Lynch, en Tampa

En 1994, Jorge Rogelio Krupnik figuró, junto con otras 26 personas, en uno de los cinco encausamientos generados por otra operación encubierta tipo sting organizada por la Agencia Anti-Narcóticos (DEA) de Estados Unidos.

Se les acusó de haber conspirado para "realizar transacciones financieras a sabiendas de que los dineros eran procedentes de la importación, venta o comercio ilícito de narcóticos".

El encausamiento detalla una larga serie de reuniones en las que todas estas actividades fueron discutidas, y declara que Krupnik sugirió que comunicarse por teléfono era demasiado arriesgado, por lo que recomendó enviar mensajes codificados por fax.

Pero la investigación, denominada "Operation Promo" (abreviación de Operation Professional Money Laundering), que duró dos años, constituyó un fiasco para el departamento de Justicia estadounidense, tanto por la investigación en sí como por sus resultados. Uno de los propios agentes de la DEA fue condenado a 11 años de prisión por lavado de dinero, y se investigó la desaparición de dinero que estaba en manos de los agentes que participaron en la operación. Asimismo, a pesar de haber sido una investigación de enormes proporciones, no logró encausar a los acusados por estar lavando dinero para narcotraficantes genuinos, sino sólo por lavar dinero proporcionado por agentes de la DEA.

Otros encausados en el mismo caso, pero por diferentes conceptos, fueron declarados inocentes por un jurado en la notoriamente severa Tampa, luego de un juicio pospuesto repetidas veces.

Krupnik nunca fue juzgado y se desconoce si su caso sigue abierto.

La Prensa trató infructuosamente de entrevistar a Krupnik.

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