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Recetas para la vida

La medicina sacará el mayor provecho de los avances que resulten del perfecciona-miento del mapa del genoma humano

Eva Aguilar
eaguilar@prensa.com

Está hecho; ya tenemos el primer borrador del mapa del genoma humano, el boceto de los tres mil millones de caracteres que forman el código del ADN que se arremolina dentro de los cromosomas de cada una de los trillones de células que componen el cuerpo humano; un compendio de ‘‘palabras’’ compuestas por letras ordenadas en secuencias, que guardan la fórmula de nuestra esencia biológica. No en vano lo llaman ‘‘el libro de la vida’’, aunque por el momento, desconozcamos en un 97% lo que esas secuencias significan y para qué sirven.

Pero, si aún no se ha logrado arrancarle al genoma todos sus secretos, ¿de qué nos sirve el mapa? ¿Por qué armar tanto alboroto involucrando a presidentes de gobierno y a científicos de todo el mundo? ¿Por qué se dice que el 26 de junio del 2000 quedará registrado en la historia como el día en que la ciencia dio cien pasos hacia el futuro?

Si bien es cierto que los científicos que trabajan desde hace más de una década en el Proyecto del Genoma Humano no completarán y perfeccionarán el mapa hasta el año 2003, el anuncio de que la secuencia de las combinaciones de bases nitrogenadas que genera el código genético ha sido identificada casi en su totalidad, significa que la ciencia puede asomarse con confianza a la ventana de los avances revolucionarios; es, en definitiva, un escalón al que subirse para seguir adelante.

Es cierto que falta mucho por conocer. Falta, por ejemplo, identificar la totalidad de los entre 60 mil y 100 mil genes que se piensa tienen los humanos y, sobre todo, falta saber con qué función biológica, enfermedad o rasgo hereditario están relacionados. Y falta también descifrar la estructura completa del proteoma o el conjunto de todas las proteínas, esas sustancias químicas que realizan todas las funciones biológicas y que responden a las órdenes de los genes. Aunque el trabajo de identificación comenzó en la década de 1960, ahora el genoma cartografiado facilitará en gran medida el proceso, porque una vez conocido el gen, queda descifrada la secuencia de aminoácidos de los que están compuestas las proteínas.

No importa lo que los científicos tarden en lograr toda esa información. La ciencia avanza con una rapidez extraordinaria y nadie duda de que la gran beneficiada de todos estos avances es la medicina y, por tanto, la salud de la raza humana.

Cuestión de genes

Todas las enfermedades, de alguna u otra manera, tienen un componente genético, ya sea porque se ha heredado de los cromosomas maternos o paternos o porque es el resultado de la forma en la que el cuerpo responde a factores externos como los virus o las toxinas.

Hoy se sabe, por ejemplo, que el cromosoma 1 está relacionado con el cáncer de próstata y la sordera; el cromosoma 6 con la dislexia y la esquizofrenia; el cromosoma 11 con la anemia falciforme y el albinismo, y el cromosoma 14 con la leucemia y el bocio.

La fibrosis quística, una enfermedad pulmonar que suele matar a la mayoría de sus víctimas antes de los 31 años, tiene su causa en un gen defectuoso del cromosoma 7, cuya función sería la de controlar el equilibrio de la sal en las células. Como el gen no realiza su trabajo, el pulmón se llena de mucosidades que favorecen las infecciones.

El gran reto de la terapia genética ha sido, durante años, sustituir los genes dañados por genes sanos. No obstante, el proceso ha sido complicado.

Para llevar el gen a la célula se necesita de un vector o vehículo. Por la gran capacidad que tienen los virus para invadir las células, los científicos los utilizan para realizar ese trabajo, una vez que los despojan de sus genes malignos. Sin embargo, en muchas ocasiones el cuerpo rechaza el medio transmisor y en otras, el gen se activa una vez y luego se apaga para siempre.

Mientras que para unos la terapia genética está aún en su etapa infantil, otros piensan que lo que ha sucedido es que ha tenido una mala adolescencia. Sin embargo, unos y otros están convencidos de que la identificación de la secuencia genética será un impulso fundamental para que llegue a la madurez.

A largo plazo, el mapa del genoma humano permitirá a la medicina ir al punto conflictivo de manera mucho más directa y precisa. Pero lo más revolucionario es que dará origen a una medicina personalizada: sabiendo la secuencia genética de cada quien y, por lo tanto, su predisposición a una (o varias) enfermedades, se sabrá cómo prevenirla.

Y es que si hoy en día la medicina sigue los pasos básicos de ‘‘diagnóstico’’ seguido de ‘‘terapia’’, en el futuro esas dos palabras cambiarán por ‘‘predicción’’ seguida de ‘‘prevención’’. Al fin y al cabo, esa es la meta que los médicos persiguen desde el momento en que se dieron cuenta de que prevenir es siempre la mejor cura.

Tan autoritario es nuestro sistema genético que incluso la forma en que el organismo tolera los medicamentos es controlada por él. Lo que hoy se hace a ensayo y error – preguntando a la persona si es alérgica a tal o cual droga–, podrá hacerse mañana con solo mirar el mapa de su genoma. De hecho, en algunos países desarrollados, las drogas ya se dosifican de acuerdo con el código genético del paciente.

En cuanto a la medicina forense, algunos países han empezado a recoger muestras de ADN de sus convictos más peligrosos y a guardarlos en bancos. Y es que si bien el ADN es un conocido aliado de las investigaciones criminales, el mapa del genoma será un elemento más para hacer justicia, porque ayudará a disminuir las posibilidades de confundir culpables con inocentes y viceversa.

Conflictos futuros

Una vez que se interprete el mapa genético que hoy tenemos en borrador, la ciencia tendrá la posibilidad de cambiar nuestra herencia genética al corregir genes defectuosos que estén relacionados con la aparición de enfermedades, e incluso antes de nacer, al fabricar un niño con las características requeridas por los padres.

Esto significaría cambiar en parte la naturaleza humana, lo que, para muchos, no resulta una idea en lo absoluto atractiva, como tampoco lo es la posibilidad de vivir varios siglos luego de que genes viejos sean sustituidos por nuevos.

Las implicaciones éticas son enormes y las preguntas abundan en todos los sentidos. ¿Está el hombre indagando demasiado? ¿No habrá el proceso de evolución de millones de años complicado deliberadamente la estructura humana con el propósito de que no pudiera ser alterada? ¿Qué pasará dentro de 50 años (o quizás menos) cuando una pareja decida casarse y aquello de ‘‘juntos hasta la muerte’’ ya no tenga validez porque uno ha decidido seguir siendo mortal y el otro esté dispuesto a vivir para siempre? ¿Serán esas las preocupaciones de los hombres del mañana? ¿Resolverán ellos con terapia genética las deficiencias humanas que hoy intentamos resolver con educación y alimentos?

Por el momento los esfuerzos científicos que se aplican al Proyecto del Genoma Humano procuran hacer entender el mapa del genoma como lo que es y lo que debe ser: la receta para la vida.

00PrimeroSegundoTercero

 
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