Los
tentáculos de la política
Mientras las peleas políticas mantenían ocupados a los directores
de la DAC, Panamá perdía un valioso tiempo para ponerse al día
con los compromisos de la OACI
Jaime Fábrega otra vez
Con el triunfo de la presidenta Moscoso, se la asigna la Dirección
de la DAC a otro Fábrega. Se trataba de un viejo conocido de la
institución, pues por un corto y tempestuoso período -que incluyó
una disputa directa con funcionarios de la Embajada de Estados
Unidos por la retención de aviones de ese país en Tocumen- había
ejercido el cargo justo después de la invasión en 1990.
Si bien el ingeniero Jaime Fábrega había sido designado por la
presidenta Moscoso -tal vez en agradecimiento de sus fuertes donaciones
a la campaña-, lo cierto es que llega a la DAC sin el apoyo de
los arnulfistas, que también habían sido designados en la institución.
Según Jaime Fábrega, desde el primer día tuvo que luchar por su
vida dentro de una jungla política que hoy dice que “fue insoportable”.
En entrevista exclusiva para La Prensa, dijo que “no tuvo nunca
el apoyo de la presidenta”, que lo contradecía permanentemente
a través del subdirector administrativo Abraham Bárcenas.
De acuerdo con versiones recogidas por fuentes que prefieren no
ser identificadas, el ambiente en la institución era terrible;
las peleas entre los directores no permitían hacer el trabajo,
y mientras tanto, Panamá perdía valioso tiempo de cara a la próxima
y anunciada evaluación de la FAA y la OACI.
En su carta de renuncia a la presidenta Moscoso, con fecha del
19 de julio del 2000, Jaime Fábrega dice textualmente: “Esta decisión
la he tomado (...) por los problemas de insubordinación que he
estado confrontando con los subalternos designados por su persona,
quienes desde el primer momento se han dedicado a entorpecer mis
funciones (...), veo muy difícil la ejecución de los programas
que me propuse implementar (...) y la atención de los problemas
que demandan una gran dedicación, debido al abandono en que se
ha encontrado la aviación nacional en los últimos años (...) lo
que pone en duda que se pueda pasar la próxima inspección que
efectuará la OACI y/o la FAA para determinar nuestro grado de
clasificación y la seguridad aérea del país...”.
Vaticinio cumplido

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La desconfianza
de Jaime Fábrega en el personal de la DAC, lo llevó a rechazar
la implementación de las actividades de la OACI, al menos
que él personalmente lo aprobara.
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Lo
sucedido no ha extrañado al hoy director de Seguridad Aérea y
también jefe de la misión de la OACI en Panamá, ingeniero Germinal
Sarasqueta, pues durante los 10 meses de la gestión de Jaime Fábrega,
no logró poner a andar el proyecto de asistencia que, como se
dijo anteriormente, había firmado Eustacio Fábrega a su salida
de la institución.
“No me recibía... administraba la institución por memorandums;
nunca quiso implementar el programa, no asistía a las reuniones
de trabajo, suspendió los viajes a la FAA y nunca quiso recibir
a los enviados de la OACI”.
Ciertamente, apenas 20 días después de llegar a su puesto, Jaime
Fábrega envía la Circular 005, en la que manifestaba a sus subalternos
que... “toda implementación de regulaciones y similares que provengan
de la OACI 'serán rechazadas...” (Ver
facsímil).
Cuestionado por La Prensa al respecto, Jaime Fábrega se defiende.
“Niego categóricamente que haya suspendido el programa con la
OACI, y la prueba es que advierto a la presidenta de lo que va
a suceder en mi carta de renuncia... el problema es que no podía
trabajar... no me dejaban trabajar”.
Fuentes que prefieren el anonimato han corroborado esta versión,
afirmando que durante el mandato de Jaime Fábrega, las intrigas
eran cosa de todos los días; que trató de eliminar la consuetudinaria
corrupción de la institución ganándose la enemistad de no pocos,
especialmente de aquellos que manejaban y aún manejan el “botín”
del área administrativa que, en la DAC, ha sido siempre fuente
de enorme corrupción (Ver recuadro). No confiaba
en casi nadie, y desde la Presidencia se le hacía reintegrar en
sus puestos a quienes destituía.
Apagando fuegos
El ingeniero Jaime Fábrega decidió rendirse finalmente el 19 de
julio del 2000, y la presidenta Moscoso designa como nuevo director
de la DAC al capitán Jorge Rodríguez, quien hasta el momento tenía
a su cargo la Dirección Técnica y que es, además, su piloto particular.
Habiendo finalizado la disputa política dentro de la institución,
la parte técnica pudo avanzar. El ingeniero Sarasqueta, por ejemplo,
logra reiniciar el proyecto de cooperación con la OACI, pero en
diciembre del 2000 se produce la visita de los inspectores de
la FAA, que en palabras de algunos testigos “vinieron con sangre
en los ojos”.
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| Cinco
días después de la llegada de Jaime Fábrega a la institución,
el jefe de la misión de la OACI, Germinal Sarasqueta, le presentó
un programa com- pleto que debía ser adoptado por la DAC para
en- frentar las inspecciones futuras. El programa nunca pudo
ponerse en marcha. |
Acerca
de las razones de esta nueva actitud de la FAA, se explicó a La
Prensa que toda esa lamentable pelea política que atrasó el trabajo
de la DAC, se dio justo cuando Estados Unidos salió de Panamá
como consecuencia de los tratados del Canal, y por ello, la FAA
decide, por primera vez, ser muy detallado en la inspección. Otras
fuentes han comentado que existe incluso conexión entre esta nueva
actitud de la FAA y ciertas quejas de alguna otra agencia de Estados
Unidos sobre Panamá; e incluso hay quienes lo ven como la factura
que estamos pagando por el rechazo al CMA.
Al
capitán Jorge Rodríguez, a quien le ha tocado afrontar esta situación,
no le ha ido mal con la burocracia gubernamental. Y es que ya
se sabe, no hay nada como un buen susto para lograr escarmientos.
Como primera medida, nombra como director de Seguridad Aérea al
ingeniero Germinal Sarasqueta, quien es experto en el tema y que
sigue siendo el jefe de la misión de la OACI, única institución
que le paga su salario, según explicó a La Prensa. Logra 2.5 millones
de balboas para poder contratar personal técnico y entrenarlo,
así como cumplir con todos los requerimientos de la FAA, que van
desde cubículos individuales con computadora para cada inspector
de seguridad aérea y cursos especiales en la FAA, hasta vehículos
nuevos para los inspectores.
“Ya contratamos 8 inspectores de operación, y a partir de junio
tendremos 6 inspectores de aeronavegabilidad; todos buscados en
la empresa privada, pues estamos pagando mejor”, cuenta un capitán
Rodríguez satisfecho por lo que se ha logrado hasta ahora y optimista
de poder obtener pronto para Panamá la perdida categoría 1. “Lo
que estamos haciendo ocurre por primera vez en Panamá; nunca antes
en la historia de la aviación panameña se había cumplido a cabalidad
con las exigencias de la FAA y la OACI. Nosotros lo estamos haciendo
a un costo enorme”.
Efectivamente, el pasado viernes 25 de mayo, se reunió la Junta
Directiva de la DAC (formada por los ministros de Gobierno y Justicia,
Comercio, Economía y Finanzas y por el Contralor), y se aprobó
darle todos los recursos financieros necesarios a la nueva Dirección
con el fin de lograr este objetivo lo más pronto posible.
En torno a los presuntos actos de corrupción del área administrativa,
el capitán Rodríguez manifestó que tiene el completo apoyo de
la señora presidenta para “limpiar” la institución, sin que la
política interfiera en ello.
Está por verse. Lo cierto es que una vez más, los panameños apagamos
los fuegos en vez de prevenirlos, y en lo que respecta a la aviación
panameña, el rancho está aún ardiendo.
La corrupción en la DAC
Algunas actividades bajo la competencia de la DAC han sido en
el pasado fuente de grandes posibilidades de enriquecimiento ilícito,
y de ahí el atractivo de la institución. Entre ellas tenemos:
1- Concesiones para instalar tiendas en la Zona Libre de Tocumen.
2- El cobro de tasas de sobrevuelo.
3- Facturación de actividades en Tocumen.
4- Compras de equipos costosos.
5- Autorizaciones para aereolíneas.
El arreglo del avión presidencial fue uno de los motivos de máximo
conflicto entre Jaime Fábrega y el subdirector Abraham Bárcenas.
El director de la DAC se oponía a invertir dinero de la institución
en la aeronave e impulsaba su venta. Los costos de reparación
ascendieron a casi 3 millones de balboas; justo la suma ahora
requerida para cumplir los requerimientos de la FAA.
Antes de su salida de la institución, Eustacio Fábrega dejó en
la Asamblea un proyecto de ley para sustituir la actual legislación,
así como los pliegos de la privatización de Tocumen. La Junta
Directiva de la administración Moscoso desechó dichos pliegos
por recomendación de los propios técnicos de la OACI, quienes
manifestaron que eran una “verdadera estafa para el Estado panameño”.
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