Panamá, 22 de julio de 2001
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Alejandro Vásquez Pinto: Un compromiso cristiano e ilimitado

“Mi respuesta es dar mi vida entera a mis hermanos. Esa ha sido y seguirá siendo mi misión”, afirma Alejandro Vásquez Pinto, un luchador por el bienestar social y espiritual de la comunidad cristiana

ILEANA GOLCHER
ESPECIAL PARA LA PRENSA

invest@prensa.com

Transcurrían los últimos años de la década de 1930. La noticia de la llegada de un sacerdote panameño causó gran impacto en los moradores de San Carlos, provincia de Panamá. En esa época, era muy frecuente que las iglesias católicas fueran atendidas exclusivamente por sacerdotes españoles. De ahí, que la familia Vásquez Pinto recibiera con entusiasmo aquella noticia.

La llegada del sacerdote entusiasmó a un niño que cursaba sus estudios primarios. Alejandro Vásquez Pinto declaró con firmeza a su tía Esther: “a mí me gustaría ser sacerdote”. Así nació la amistad entre el sacerdote panameño y aquel niño lleno de devoción. Lejos estaban ambos de imaginar que aquella primera declaración infantil se convertiría en realidad y que Alejandro Vásquez Pinto llegaría a ser uno de los líderes espirituales de la Iglesia católica panameña.

En una capilla ubicada en el barrio de Calidonia, Vásquez Pinto habla sobre su labor al frente del centro de Renovación Carismática Católica.

Explica que el Arzobispado le concedió una beca para ingresar al seminario de El Salvador, país en el que vivió por 12 años. Regresó a Panamá en 1956, año cuando fue ordenado sacerdote por el arzobispo Francisco Beckman.

Veraguas, el rostro de la pobreza

Su primera misión pastoral fue en la provincia de Los Santos, bajo la tutoría del sacerdote Daniel Poveda. Luego de un año de labores, se traslada a la iglesia de Santa Ana, en Panamá.

Una nueva designación, como párroco de San Francisco de Veraguas, lo lleva a predicar la Palabra de Dios a todo el norte de Veraguas (San Francisco, Santa Fe y Calobre). “Eran años difíciles”, recuerda Vásquez Pinto. El recorrido era a lomo de mula, para poder movilizarse a todas las montañas, indica. Conoció así la pobreza en sus múltiples manifestaciones, el latifundio, el poder de los tenderos y terratenientes que explotaban a los campesinos y a los indígenas.

Cooperativismo y solidaridad social

Ante semejantes cuadros de marginalidad, comenzó su primer cuestionamiento. La iglesia de San Francisco de Veraguas, fundada desde los tiempos de la colonia, le hacía recordar las enseñanzas del Evangelio y la necesidad de proteger a los pobres. “Las cosas tienen que cambiar”, se repetía con insistencia. Estaba convencido de la necesidad de desarrollar programas de desarrollo comunitario, y encontrar respuestas en la organización cooperativa, surgiendo así el movimiento cooperativo veragüense. Para aumentar el impacto de los programas, acudió a la radio Ondas Centrales con el programaLa Iglesia y tú.

Capacitación es la clave

En 1961, nombraron a Marcos Gregorio Mc Grath obispo de Veraguas, con lo cual se fortalecieron los programas de desarrollo comunitario. Vásquez Pinto le pidió el respaldo para crear un programa de capacitación, una especie de centro de irradiación de ideas. Estaba convencido de que cada campesino era un factor multiplicador en su propia comunidad. Todas estas ideas fueron las bases del Centro de Capacitación Rural Juan XXIII. Para esa época, fue Canadá a estudiar cooperativismo.

La filosofía del trabajo pastoral era conjugar tres factores: “los recursos humanos, con los recursos naturales y económicos, para independizar al campesino del dominio caciquista y hacerlo dueño de lo que produce”.

Vásquez Pinto fundó también el Centro de Estudios Promoción y Asistencia Social (CEPAS), con una concepción de la iglesia comprometida con los pobres para orientar a la población veragüense.

La imagen del sacerdote Héctor Gallego, surge en su memoria y recuerda su estrecha relación. “Me siento involucrado todavía”, explica Vásquez Pinto. A raíz de los sucesos históricos, salió de Veraguas y se trasladó a la iglesia del Perpetuo Socorro en Bethania.

Renovación carismática y la fuerza del Evangelio

Según indica, fue promovido a vicario episcopal de San Miguelito hasta que llega a la renovación carismática. Algunas personas se asombraron de esta decisión porque de sus inquietudes sociales se había dado un giro a una dimensión fundamentalmente espiritual.

Al respecto comenta: “el Evangelio tenemos que vivirlo. Mis inquietudes sociales por la humanidad nacen como una consecuencia de mi fe y del Evangelio. Siempre he creído que la renovación carismática implica que cada persona tiene que conocerse a sí mismo, sus pasiones, devociones y sentimientos para poder encajar el Evangelio en esa realidad existencial a nivel personal. Las pasiones no son malas -explica el religioso-. El ser humano puede canalizar el objetivo hacia el cual va dirigido el odio y canalizarlo, al odiar el pecado, el vicio, etc”.

El ritualismo católico

Al ser interrogado sobre las prácticas católicas de las procesiones, las mandas, el colocarse imágenes de santos en la ropa y olvidarse de la esencia del catolicismo, Vásquez Pinto indica que “el gran problema de la Iglesia católica en América Latina es el analfabetismo bíblico. Tengo 44 años de insistirle a los feligreses que debemos estudiar La Biblia, conocer la Palabra de Dios”.

Agrega que los carismas son los milagros que hacía Jesús, pero se requiere estudiar en el Evangelio en qué contexto se daban los mismos. “El primer punto es la enseñanza. El evangelista Marcos , en el primer capítulo, nos dice 'Convertíos y creed en la buena noticia'. Tenemos que hacer una conversión y estudiar la Palabra de Dios.

A veces los carismáticos están rayando en la esfera de lo mágico. Pero en el fondo, es que no se conoce la Palabra de Dios. Ese es el gran objetivo de los carismáticos. Para lograr esta finalidad, llevamos a cabo círculos bíblicos, que son transmitidos por Radio María.

Sin embargo, las personas no acuden a estos llamados, advierte con preocupación. “En el discurso de cuaresma de este año, el Papa insiste en la necesidad de confrontarnos con el mensaje. Él dice que el miedo que las personas le tienen a La Biblia es simplemente porque la Palabra de Dios les cambiará la vida y abandonarán el pecado”.

“Quienes son alcohólicos dejarán el vicio, quienes tienen una querida, la abandonarán. Pero eso no se logra por la propia voluntad, sino con el poder de la Palabra. Por eso, san Pablo indica que la renovación empieza por la mente. Solo así cambiará nuestro modo de vivir. Si no estamos dispuestos a hacer eso, resulta más fácil asistir a una práctica ritualista, ir a una procesión, conformarse con ir a misa, pero las vidas de las personas no cambian. Se produce así una mezcla de fiestas religiosas con fiestas de calles”.

Agenda intensa

La agenda de trabajo de Vásquez Pinto, es intensa, según declara Aurelia Tuñón, su secretaria. En el Centro de Renovación Carismática se llevan a cabo cursos bíblicos los lunes a las 10:00 de la mañana y a las 5:00 de la tarde. Se celebran asambleas de alabanza, cursos de ascética y mística. Misas dedicadas a la sanación de los enfermos los miércoles a las 5:00 de la tarde. Todos los miércoles, se reza el Rosario y se celebra la hora santa con oración comunitaria. Todos los jueves a las 12:00 del día, se ofrecen misas de sanación en el centro carismático de San Carlos. Retiros espirituales, seminarios, visitas a los enfermos... Su calendario de compromisos está totalmente saturado, explica Aurelia.

Ser santo en el siglo XXI

Sobre la santidad en el siglo XXI, Vásquez Pinto explica que “ser santo es cumplir la voluntad de Dios”. El capítulo 5:48 de Mateo nos indica la necesidad de ser perfectos como mi Padre Celestial es perfecto. Todos los seres humanos estamos llamados a ser santos. Se requiere romper con el pecado y lograr una vida íntima con Dios.

Bienvenido hermano cáncer

Al recibir la noticia de que padecía de cáncer, “no me asustó”, dice Vásquez Pinto. “Y reflexioné 'bienvenido hermano cáncer, si tú me vas a llevar a las manos del Padre Dios, yo lo acepto'”.

Luego de practicársele una operación y durante su convalecencia, conoció al grupo de especialistas de la clínica de cuidados paliativos del Instituto Oncológico Nacional, a cargo del médico Mario Julio Garibaldo. Buscaban una respuesta técnica para los enfermos.

Al respecto confiesa que no lograba comprender las reuniones de trabajo, en las que se estudiaban los casos. Hasta que un día, al efectuar las visitas a los enfermos, una paciente le confesó sus angustias ante el final de su existencia. En ese preciso momento, Vásquez Pinto comprendió el sentido de su misión dentro del equipo interdisciplinario. Los cuidados paliativos procuran que el enfermo tenga una muerte más humana. Todos tienen sus temores, ante la proximidad de la muerte, y buscan a Dios.

Vásquez Pinto es capellán del Instituto Oncológico Nacional. Esta nueva misión lo lleva a visitar a las 5:30 de la mañana a los enfermos que ingresarán al quirófano. Explica que un capellán debe tener una influencia en la espiritualidad en todo el personal del hospital. En la práctica, esto ha significado orientar al personal en su dimensión humana y espiritual, para que vean en cada enfermo “a un Cristo que esta padeciendo”.

Una agenda comprometida

Recordó los años cuando fue asesor editorial en el diario La Prensa y la importancia de los medios de comunicación al servicio de la sociedad.

Al ser interrogado sobre sus múltiples tareas en distintos escenarios del país, Vásquez Pinto comentó con gran satisfacción: “me siento realizado. Sé que estoy corriendo la última etapa de mi vida. Puede ser corta o larga. No sé cuál sea. Lo que sí quiero es que sean años plenos. Responder, dando mi vida entera a mis hermanos. Esa ha sido y seguirá siendo mi misión”.

 
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