Transición imperceptible
La mayor queja contra la ACP es que, para efecto de la población panameña, pareciera como si el Canal siguiera en manos de los norteamericanos
Juan Antonio Stagg
Es irónico que, una de las principales metas a las que aspiramos todos los que de una u otra forma estuvimos involucrados en la lucha generacional para que Panamá ejerciera la soberanía total sobre su territorio, adquiriendo la propiedad y administración del Canal de Panamá (eliminándose la Zona del Canal bajo un “¿Gobernador de qué?” y la presencia militar norteamericana), se haya convertido en el mayor problema para la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) dentro de la comunidad panameña.
En efecto, lograr una transición imperceptible era uno de los principales objetivos de los que pensábamos que la comunidad marítima internacional no debería notar el cambio de dueño del Canal, logrando que el tránsito de barcos el 31 de diciembre de 1999 y en adelante se realizara tal como se había hecho hasta ese momento y quizá mejor.
Y en esto, el éxito logrado ha sido total. Tanto es así, que la mayor queja contra la ACP es que, para efecto de la población panameña, pareciera como si el Canal siguiera en manos de los norteamericanos. Debemos reconocer que la ACP ha tratado, por medio de campañas publicitarias, de transmitirle a la comunidad panameña lo que es el Canal y su eficiente operación. Evidentemente, este esfuerzo no ha sido suficiente, por lo que es necesario que la Junta Directiva y la ACP tomen debida nota de esta situación.
Como primer paso, se debe reconocer que la “transición imperceptible” estaba diseñada hacia la comunidad marítima, asumiéndose que este significativo logro de la capacidad administrativa y operativa de ciudadanos panameños fuera motivo de orgullo para toda la población panameña.
La realidad ha sido otra, y la percepción que se está difundiendo dentro de diversos sectores populares y hasta profesionales, es que la fuerza laboral del Canal y su administración se han convertido en una elite apartada de los problemas y necesidades existentes en el resto del país. Esta percepción está muy lejos de la realidad.
La ACP tiene dos metas principales: procurar el tránsito de los barco de forma eficiente, y producirle a Panamá el mayor beneficio económico alcanzable bajo los principios de administración eficiente y estricto control de gastos.
En mi concepto, ambas metas han sido logradas hasta el presente. En cuanto al tránsito de barcos, se ha logrado disminuir el tiempo que duran los barcos en su tránsito por el Canal, reduciéndose además los accidentes en aguas del Canal. Con respecto a los beneficios económicos, se han entregado al Gobierno Nacional en los años 1999 y 2000, las sumas de B/201 millones y B/198.2 millones respectivamente; y se proyecta entregarle B/226.8 millones en el 2001.
Adicionalmente a estas contribuciones, los empleados del Canal reciben B/358 millones en salarios y pagan al gobierno B/60 millones en concepto de impuesto sobre la renta. En compras al comercio nacional y en otros servicios, se gastan B/246.8 millones adicionales. En general, las operaciones del Canal representaron B/756.7 millones en exportación de servicios, que significa el 43 % del total de las exportaciones de servicios de la economía nacional.
A esta cifra había que añadirle lo gastado por los tripulantes y pasajeros de las naves en tránsito, los que utilizan las facilidades portuarias de Panamá o Colón por unas cuantas horas para avituallamiento y/o actividades turísticas; al igual que el valor de todas las actividades portuarias en Panamá y Colón, que guardan una estrecha relación con el tránsito de barcos por el Canal, así como las actividades comerciales billonarias que llevan a cabo en la Zona Libre de Colón. En esta forma podremos evaluar el verdadero impacto que tiene la actividad canalera en la economía nacional.
La pregunta es: ¿cómo hacerle sentir al pueblo panameño que ellos son los beneficiarios de la actividad canalera y accionistas propietarios del Canal? Pienso que, más que ser problema de una campaña publicitaria, se trata de un tema de educación a la juventud panameña y a la ciudadanía en general.
A la juventud se le puede llegar por medio de un curso especial que se dicte en todas las escuelas públicas y privadas sobre el Canal de Panamá, que incluya aspectos históricos y de actualidad. En cuanto a lo histórico, se debe resaltar la íntima relación que guarda nuestra independencia con la construcción del Canal, así como los aspectos positivos y negativos derivados de la presencia norteamericana en nuestro país debido a la construcción, operación y defensa del Canal por parte de ellos.
A la ciudadanía en general se le puede hacer llegar el mensaje por medio de un programa activo de acercamiento con todas las agrupaciones políticas, técnicas, empresariales, populares, cívicas y laborales, estableciendo un día a la semana en las esclusas de Miraflores, donde se invite a cada una de estas organizaciones durante el año a una presentación de la operación del Canal, con participación de altos ejecutivos de la ACP, para que mantengan así un constante diálogo con las fuerzas vivas del país.
Es conveniente resaltar que el título constitucional, creando las bases de la entidad administrativa del Canal, fue aprobado por dos legislaturas diferentes, y la Ley constitutiva de la Autoridad del Canal fue aprobada por unanimidad en la Asamblea Legislativa anterior, demostrando que existe la firme voluntad política de mantener esta operación independiente y, sobre todo, eficiente.
El autor es ingeniero civil y ex asesor de política exterior
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