Panamá, 18 de julio de 2001
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Profesión: peligro

El periodismo se ha tornado en una de las profesiones de más alto riesgo para la vida y la libertad de quienes, pese a ello, osan en su práctica. Parece que la tinta negra ha variado de color: ahora es la sangre roja de quienes ponen en la palabra la verdad y con ello no cesan de gritar libertad.

ARISTIDES CAJAR PÁEZ
acajar@prensa.com

Después de varias semanas de batalla, por fin, se le veía tranquilo. Regresaba a casa luego de grabar un programa radial. Había conversado con sus colegas sobre nuevos proyectos, luego de un viaje a Cuba que le había servido como bálsamo y a la vez como alimento para ideas frescas.

Pero alguien había decidido otra cosa. Luego de un almuerzo suculento, enrumbó su automóvil hacia su casa. Le faltaba poco para llegar. Un auto estaba estacionado muy cerca. Al hacer un giro para acercarse a su residencia, un hombre que venía en el otro auto, bajó y le disparó de frente. Llovía, por lo cual muy pocos testigos pudieron observar lo que pasó. Solo saben que después de las detonaciones, el auto de los asaltantes se alejó a alta velocidad.

Camino al hospital lo sorprendió la muerte. Así fue el crimen de Parmenio Medina, el periodista costarricense, director del programa La Patada de Radio Monumental, asesinado el pasado sábado 7 de julio del 2001. Era la primera vez que un periodista costarricense caía asesinado.

En fecha reciente había concluido la polémica desatada por las denuncias que había hecho en La Patada, sobre los malos manejos y las dudas sobre la integridad del director de la emisora católica Radio María, que le habían valido la censura de su programa, críticas y amenazas, hasta que las investigaciones resultantes dieron como fruto el respaldo de la Corte Suprema de Justicia para continuar con su programa y el cierre de la emisora católica ordenado por la alta jerarquía de la Iglesia católica costarricense.

Medina entraba así a engrosar la funesta lista de periodistas asesinados por el cumplimiento de su labor durante los últimos años. La agrupación profesional Reporteros sin Fronteras, radicada en Francia, reconoce 11 periodistas asesinados en lo que va del año 2001.

Sin embargo, es evidente que hay muchos más. Pero lo preocupante no son tanto las cantidades de comunicadores que han caído acribillados por las balas de la intolerancia, la susceptibilidad y la culpa.

Lo preocupante es que estos crímenes confirman la percepción de que el periodismo sigue siendo una de las profesiones más peligrosas del mundo.

Una lista incompleta

Reporteros Sin Fronteras es una organización que lucha por la libertad en el ejercicio profesional del periodismo en todo el mundo. Una de sus principales campañas es contra el hostigamiento a la prensa, la impunidad y la persecución.

Esta organización sigue los casos de los periodistas asesinados, encarcelados o enjuiciados en todo el mundo, documenta las causas de los crímenes o de los procesos contra periodistas, el estado de cada caso y solicita acción solidaria de otros colegas en todo el mundo para hacer presión hacia los Gobiernos u organizaciones, responsables tanto de investigar como de suspender este tipo de prácticas contra la prensa.

En lo que va del 2001, Reporteros Sin Fronteras reconoce un total de 11 periodistas asesinados en diferentes partes del mundo.

Dos de estos, fueron asesinados en Argelia, país del norte de Africa, aquejado por la intolerancia religiosa y el integrismo militante, responsable de cruentos baños de sangre desde hace varios años. Se trata de los periodistas Fadila Nedjma y Adel Zerrouk, ambos asesinados el pasado 14 de junio.

De Costa Rica, país que por primera vez ingresa a esta lista, se reseña el caso de Medina. En España, está el caso de Santiago Oleaga, ocurrido el 24 de mayo. Oleaga trabajaba para El Diario Vasco, en una de las regiones más convulsas de España, donde la banda terrorista ETA ha señalado como objetivo militar a los periodistas que no se alineen con el extremismo.

Apenas empezando el año, el 3 de enero, fue ultimado el periodista Rolando Ureta de Filipinas, el cual es el único caso registrado por Reporteros sin Fronteras procedente de esa nación del este de Asia. Filipinas está jalonada entre la corrupción gubernamental y el extremismo político de grupos guerrilleros como el grupo musulmán Abu Sayaf, protagonista de secuestros y brutales asesinatos en los últimos años.

Macedonia es un país al borde de una guerra civil. Acicateado entre una población nacional y la creciente minoría albanesa que reside dentro de sus fronteras, esta nación balcánica ha visto desbordarse hacia su territorio el conflicto albano-kosovar, y tiene a la guerrilla de origen albanés bombardeando poblaciones fronterizas y hasta las cercanías de la propia capital del país. Allí, se ha reportado la muerte del periodista Kerem Lawton, de la Associated Press, muerto el pasado 29 de marzo, al iniciarse el conflicto.

El emirato de Kuwait, célebre tras la invasión de Irak en 1991, no escapa a las contradicciones: allí se produjo el pasado 20 de marzo la muerte del periodista Hudaya Sultan Al-Salem.

Salvador Medina, periodista de Radio Ñemiti, es el único periodista de Paraguay reportado muerto a la lista de Reporteros Sin Fronteras. Su país ha sido sacudido por intentos de golpes de Estado y asesinatos políticos en los años recientes, y a la vez señalado como punto de trasiego de drogas y armas en Sudamérica.

En Serbia, fue asesinado el periodista Milan Pantic, el pasado 11 de junio. Pantic trabajaba para Vechernje Novosti. Por último, se menciona el caso de Igor Alexandrov, de Ucrania, asesinado el 7 de julio en Ucrania.

De Colombia, solo figura el asesinato de Flavio Bedoya, del semanario izquierdista Voz, ocurrido el pasado 27 de abril. Pero en el vecino país, acosado por un complejo conflicto interno, ha habido este año más víctimas de las que registró este listado.

Colombia

Según el diario El Tiempo, hay al menos 12 periodistas colombianos que han perdido la vida en lo que va del año. Colombia parece mantener el más alto índice de periodistas asesinados en el continente americano.

En un muy corto lapso de tiempo, apenas a inicios de este mes, murieron asesinados en Colombia tres periodistas, cuyos casos han demostrado el nivel de riesgo de la profesión periodística en ese país. Jorge Urbano Sánchez, de la radio Mar Estéreo, fue asesinado el 7 de julio; José Vásquez, de Radio Caracol de Florencia, el 6 de julio; Arquímedes Arias dos días antes en su estudio de Radio Estéreo.

El director general de Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura UNESCO, Koichiro Matsuura, condenó el pasado martes el asesinato de los tres periodistas en Colombia, además de el de Parmedio Medina en Costa Rica.

Los cuatro "denunciaban la corrupción y el crimen organizado y habían sido amenazados de muerte", indicó Matsura en un comunicado de la organización que preside.

Koichiro Matsura declaró que estos asesinatos "constituyen un grave revés para el combate de América Latina por la libertad de expresión", que "se repiten en forma chocante sobre todo en Colombia", que "es imperativo" que los responsables de estos crímenes sean juzgados y que los periodistas deben ser protegidos

Unos 53 periodistas fueron asesinados durante el año 2000 a través del mundo, según diversos informes de organismos de derechos humanos y de defensa de la prensa.

Según estos informes, Colombia y Rusia continúan siendo los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Diez periodistas perdieron la vida en Colombia y seis fueron asesinados en Rusia el año pasado.

También fueron asesinados periodistas en 25 países más, incluyendo algunos donde la violencia contra la prensa es relativamente poco frecuente, como en los Estados Unidos, donde un reportero fue muerto a balazos en octubre, y en España, donde un crítico de los separatistas vascos corrió parecida suerte en el mes de mayo.

Un aspecto preocupante que presentan estos informes es que cada vez son menos frecuentes los crímenes contra periodistas en el frente de batalla, pero cada vez son más los comunicadores abatidos en sus casas.

 
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