Profesión:
peligro
El
periodismo se ha tornado en una de las profesiones de más
alto riesgo para la vida y la libertad de quienes, pese a ello,
osan en su práctica. Parece que la tinta negra ha variado
de color: ahora es la sangre roja de quienes ponen en la palabra
la verdad y con ello no cesan de gritar libertad.
ARISTIDES
CAJAR PÁEZ
acajar@prensa.com
Después
de varias semanas de batalla, por fin, se le veía tranquilo.
Regresaba a casa luego de grabar un programa radial. Había
conversado con sus colegas sobre nuevos proyectos, luego de un
viaje a Cuba que le había servido como bálsamo y
a la vez como alimento para ideas frescas.
Pero alguien
había decidido otra cosa. Luego de un almuerzo suculento,
enrumbó su automóvil hacia su casa. Le faltaba poco
para llegar. Un auto estaba estacionado muy cerca. Al hacer un
giro para acercarse a su residencia, un hombre que venía
en el otro auto, bajó y le disparó de frente. Llovía,
por lo cual muy pocos testigos pudieron observar lo que pasó.
Solo saben que después de las detonaciones, el auto de
los asaltantes se alejó a alta velocidad.
Camino al
hospital lo sorprendió la muerte. Así fue el crimen
de Parmenio Medina, el periodista costarricense, director del
programa La Patada de Radio Monumental, asesinado el pasado sábado
7 de julio del 2001. Era la primera vez que un periodista costarricense
caía asesinado.
En fecha reciente
había concluido la polémica desatada por las denuncias
que había hecho en La Patada, sobre los malos manejos y
las dudas sobre la integridad del director de la emisora católica
Radio María, que le habían valido la censura de
su programa, críticas y amenazas, hasta que las investigaciones
resultantes dieron como fruto el respaldo de la Corte Suprema
de Justicia para continuar con su programa y el cierre de la emisora
católica ordenado por la alta jerarquía de la Iglesia
católica costarricense.
Medina entraba
así a engrosar la funesta lista de periodistas asesinados
por el cumplimiento de su labor durante los últimos años.
La agrupación profesional Reporteros sin Fronteras, radicada
en Francia, reconoce 11 periodistas asesinados en lo que va del
año 2001.
Sin embargo,
es evidente que hay muchos más. Pero lo preocupante no
son tanto las cantidades de comunicadores que han caído
acribillados por las balas de la intolerancia, la susceptibilidad
y la culpa.
Lo preocupante
es que estos crímenes confirman la percepción de
que el periodismo sigue siendo una de las profesiones más
peligrosas del mundo.
Una lista
incompleta
Reporteros
Sin Fronteras es una organización que lucha por la libertad
en el ejercicio profesional del periodismo en todo el mundo. Una
de sus principales campañas es contra el hostigamiento
a la prensa, la impunidad y la persecución.
Esta organización
sigue los casos de los periodistas asesinados, encarcelados o
enjuiciados en todo el mundo, documenta las causas de los crímenes
o de los procesos contra periodistas, el estado de cada caso y
solicita acción solidaria de otros colegas en todo el mundo
para hacer presión hacia los Gobiernos u organizaciones,
responsables tanto de investigar como de suspender este tipo de
prácticas contra la prensa.
En lo que
va del 2001, Reporteros Sin Fronteras reconoce un total de 11
periodistas asesinados en diferentes partes del mundo.
Dos de estos,
fueron asesinados en Argelia, país del norte de Africa,
aquejado por la intolerancia religiosa y el integrismo militante,
responsable de cruentos baños de sangre desde hace varios
años. Se trata de los periodistas Fadila Nedjma y Adel
Zerrouk, ambos asesinados el pasado 14 de junio.
De Costa Rica,
país que por primera vez ingresa a esta lista, se reseña
el caso de Medina. En España, está el caso de Santiago
Oleaga, ocurrido el 24 de mayo. Oleaga trabajaba para El Diario
Vasco, en una de las regiones más convulsas de España,
donde la banda terrorista ETA ha señalado como objetivo
militar a los periodistas que no se alineen con el extremismo.
Apenas empezando
el año, el 3 de enero, fue ultimado el periodista Rolando
Ureta de Filipinas, el cual es el único caso registrado
por Reporteros sin Fronteras procedente de esa nación del
este de Asia. Filipinas está jalonada entre la corrupción
gubernamental y el extremismo político de grupos guerrilleros
como el grupo musulmán Abu Sayaf, protagonista de secuestros
y brutales asesinatos en los últimos años.
Macedonia
es un país al borde de una guerra civil. Acicateado entre
una población nacional y la creciente minoría albanesa
que reside dentro de sus fronteras, esta nación balcánica
ha visto desbordarse hacia su territorio el conflicto albano-kosovar,
y tiene a la guerrilla de origen albanés bombardeando poblaciones
fronterizas y hasta las cercanías de la propia capital
del país. Allí, se ha reportado la muerte del periodista
Kerem Lawton, de la Associated Press, muerto el pasado 29 de marzo,
al iniciarse el conflicto.
El emirato
de Kuwait, célebre tras la invasión de Irak en 1991,
no escapa a las contradicciones: allí se produjo el pasado
20 de marzo la muerte del periodista Hudaya Sultan Al-Salem.
Salvador Medina,
periodista de Radio Ñemiti, es el único periodista
de Paraguay reportado muerto a la lista de Reporteros Sin Fronteras.
Su país ha sido sacudido por intentos de golpes de Estado
y asesinatos políticos en los años recientes, y
a la vez señalado como punto de trasiego de drogas y armas
en Sudamérica.
En Serbia,
fue asesinado el periodista Milan Pantic, el pasado 11 de junio.
Pantic trabajaba para Vechernje Novosti. Por último, se
menciona el caso de Igor Alexandrov, de Ucrania, asesinado el
7 de julio en Ucrania.
De Colombia,
solo figura el asesinato de Flavio Bedoya, del semanario izquierdista
Voz, ocurrido el pasado 27 de abril. Pero en el vecino país,
acosado por un complejo conflicto interno, ha habido este año
más víctimas de las que registró este listado.
Colombia
Según
el diario El Tiempo, hay al menos 12 periodistas colombianos que
han perdido la vida en lo que va del año. Colombia parece
mantener el más alto índice de periodistas asesinados
en el continente americano.
En un muy
corto lapso de tiempo, apenas a inicios de este mes, murieron
asesinados en Colombia tres periodistas, cuyos casos han demostrado
el nivel de riesgo de la profesión periodística
en ese país. Jorge Urbano Sánchez, de la radio Mar
Estéreo, fue asesinado el 7 de julio; José Vásquez,
de Radio Caracol de Florencia, el 6 de julio; Arquímedes
Arias dos días antes en su estudio de Radio Estéreo.
El director
general de Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura UNESCO, Koichiro Matsuura,
condenó el pasado martes el asesinato de los tres periodistas
en Colombia, además de el de Parmedio Medina en Costa Rica.
Los cuatro
"denunciaban la corrupción y el crimen organizado
y habían sido amenazados de muerte", indicó
Matsura en un comunicado de la organización que preside.
Koichiro Matsura
declaró que estos asesinatos "constituyen un grave
revés para el combate de América Latina por la libertad
de expresión", que "se repiten en forma chocante
sobre todo en Colombia", que "es imperativo" que
los responsables de estos crímenes sean juzgados y que
los periodistas deben ser protegidos
Unos 53 periodistas
fueron asesinados durante el año 2000 a través del
mundo, según diversos informes de organismos de derechos
humanos y de defensa de la prensa.
Según
estos informes, Colombia y Rusia continúan siendo los países
más peligrosos para ejercer el periodismo. Diez periodistas
perdieron la vida en Colombia y seis fueron asesinados en Rusia
el año pasado.
También
fueron asesinados periodistas en 25 países más,
incluyendo algunos donde la violencia contra la prensa es relativamente
poco frecuente, como en los Estados Unidos, donde un reportero
fue muerto a balazos en octubre, y en España, donde un
crítico de los separatistas vascos corrió parecida
suerte en el mes de mayo.
Un aspecto
preocupante que presentan estos informes es que cada vez son menos
frecuentes los crímenes contra periodistas en el frente
de batalla, pero cada vez son más los comunicadores abatidos
en sus casas.
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