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Cuando elegir el vino no es fácil…
El Zinfandel, con sus tonos granates y su poderoso bouquet
fue el favorito de todos: cuando cada comensal elige un plato
distinto, éste bien puede ser el componente universal del almuerzo,
gracias a su bouquet pimentoso, amaderado, en el que hay sabor
de bayas silvestres
Ana Alfaro
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
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| Gewurztraminer
Schlumberger ‘97 |
Siempre
he sido gran admiradora de los sabores de Asia; siempre he sido
gran admiradora del buen vino; siempre he sido gran admiradora
de las artes culinarias de Clara Icaza, chef del restaurante Limoncillo.
Y
nunca he sabido a ciencia cierta qué vino ordenar con la cocina
asiática, por lo que siempre termino ordenando una democrática
cerveza.
Así que cuando me enteré de que Clara está ofreciendo un menú
ejecutivo por 10 dólares (entrada, plato fuerte y postre), y que
en algunas ocasiones se desvía de su línea tradicional y cocina
algunos platos con influencia oriental, brinqué de la felicidad
y recluté a las otras dos personas que terminarían mi equipo de
asesoramiento: Ana María de Icaza, del Wine Store de Felipe Motta,
y Tato Ocaña, médico renacentista, astrónomo aficionado y enólogo
dispuesto.
Una vez que Clara nos pasó el menú, los e-mails fueron y vinieron
(“¡noooo, estás loca! ¡ese vino jamás!”) Lo que demuestra, que
bien asesorada, una llega lejos. (Ay, si cierta doña entendiera
esto…)
Ahora, pues, al grano: En cada parágrafo, primero daremos el plato,
luego el o los vinos elegidos, seguidos de nuestros comentarios.
Hago la salvedad de que este menú en particular estará “en cartelera”
únicamente por un par de semanas a partir de la fecha de hoy;
luego cambiarán los platillos, pero seguirá vigente el menú ejecutivo
de 10 dólares por persona; almuerzos únicamente de lunes a viernes.
1- Mero sazonado con aceite de cebollinas y sambal indonesio de
ajíes, sobre una cama de berros salteados con mirin y vinagre;
Chardonnay Amelia 1997, Concha y Toro, Valle de Casablanca; Pinot
Noir Beringer Founders’ Estate, Sonoma, California.
Ignacio Recabarren, enólogo de la casa Concha y Toro, deseaba
que el Amelia fuera el equivalente blanco de lo que para ellos
es el Don Melchor en tintos: un portaestandartes. Tanto es así
que en 1999 no embotelló, por insatisfecho. Pero el de 1997 está
de chuparse los dedos, y listo para tomarse ahora, ahora. Tiene
suficiente carácter para hacerle frente a los condimentos del
sambal, y el mero a su vez tiene una textura que compensa por
su sabor delicado y que hace excelente juego con la textura interesante
del berro salteado con mirin (vino dulce japonés); en cuanto al
Pinot Noir, sus leves aristas y tonos frutales levemente ácidos
son suavizados por los condimentos del sambal y el berro.
2. Filete de puerco sobre arroz al curry verde; Shiraz Rosemount
2000, Diamond Label, sudeste de Australia. Este Shiraz, cuya cepa
también se denomina Syrah en California, ha sido declarado vino
del año por instituciones diversas, aumentando el prestigio de
la casa Rosemount, una de las más importantes del continente austral.
Ligó magníficamente con el puerco, ofreciendo una primera sensación
amplia, con mucho condimento, mucha fruta y un acabado largo,
con mucha textura, que es un distintivo de esta variedad. Definitivamente
tendrá un acabado más largo dentro de algunos años, porque aquí
se le enfrascó en batalla contra un curry verde tailandés, contra
el cual pocos vinos sobreviven; pero este tiene la complejidad
y carácter necesarios y se defendió muy bien, aunque no tan bien
como el Zinfandel (ver número 3 a continuación).
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| Shiraz
Rosemount 2000 |
3.
Filete de pollo marinado con cilantro, pimienta y jengibre, con
una ensalada de papaya con fondo de tomate sobre una cama de arroz
con pepino, cebolla roja y cilantro; Due Uve (Pinot Grigio y Sauvignon
Blanc) Bertani, 1999, Verona, Italia; Zinfandel St. Francis 1997,
Sonoma, California.
Due Uve significa, literalmente, dos uvas, que son los componentes
de este maravilloso blanco italiano, donde la Pinot aporta terciopelo
al componente aromático de la Sauvignon. Para los amantes del
vino blanco se recomienda únicamente si tienen en cuenta que el
disfrute será corto, ya que aunque va bien con las notas de papaya
y con el arroz, los condimentos en que se marinó el pollo lo dominan
por completo. El Zinfandel, ¡Ah, el Zinfandel! Eso ya es otra
cosa. Sus tonos granates oscuros y su poderoso bouquet se tomaron
el día; tanto es así que terminamos probando este vino con todo,
ya que fue el que más carácter tuvo para hacer frente a los sabores
gregarios del pollo, que permeaban la boca entera. Este vino,
muy carnoso, también lo disfrutamos muchísimo con los fideos con
salsa de maní (ver número 4 a continuación). Se llevó muy bien,
en general, con todos los platos y si, como es habitual, cada
comensal pide un plato distinto, éste bien puede ser el componente
universal del almuerzo, gracias a su bouquet pimentoso, amaderado,
entre el que relucen notas de bayas silvestres.
4. Fideos con salsa de maní y ajonjolí, sambal, vinagre, chile,
y ajo; Gewurztraminer 1997, Schlumberger, Alsacia, Francia.
Cualquiera puede decir: Uf, qué pereza, fideos vegetarianos. Pero
estos, señores, no son fideos cualquiera; la deliciosa salsa tipo
saté, a base de maní y ajonjolí tostado con toques de chiles y
ajo, los hace diferentes. El Gewurztraminer alsaciano, así como
esa otra vid tan conocida de esa región, la Riesling, tienen un
bouquet muy florido: éste tiene intensos toque de rosa, que ofrece
una contraparte leve a la salsa de maní con sus sabores aromáticos
sin pasar a dulce. Sin embargo, vuelvo a hacer la advertencia
de que este vino no tendrá un acabado largo ya que la salsa con
todos sus sabores complejos lo pueden llegar a abrumar; pero es
una buena selección para la hora del almuerzo. Si lo suyo es el
tinto, entonces definitivamente disfrute del Zinfandel, cuyo contenido
alcohólico mayor (16%) potenció el sabor de ají y ajonjolí que
dan complejidad a la salsa, ya que el Zinf es el compañero que
le puede dar la talla, convirtiendo un simple plato de fideos
en la mejor experiencia vegetariana de su vida.
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