Panamá, 18 de julio de 2001
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Panamá, la Escuela de las Américas y sus manuales de tortura

El entrenamiento militar que hoy se da en lo que fuera la Escuela de las Américas, está enfocado en la guerra contra las drogas

Betty Brannan Jaén

Entre declaraciones contradictorias sobre la nacionalidad del instructor militar que tuvo la nefasta idea de incluir unos llamados “manuales de tortura” en el currículum de la Escuela de las Américas, una cosa han quedado confirmada: esos manuales se hicieron en Panamá, bajo los auspicios del Comando Sur.

La Escuela de las Américas, (o SOA, por sus siglas en ingles), se cambió el nombre a principios de este año, aunque se disputa si el cambio es cosmético o genuino. Desde los años 60, cuando la Escuela estaba ubicada en Panamá, Estados Unidos ha utilizado la institución para darle adiestramiento a miles de militares latinoamericanos. En la medida en que los militares latinoamericanos se distinguieron por su escasa devoción a principios democráticos y de derechos humanos, se fue criticando con creciente fervor que el currículum de la Escuela de las Américas apadrinaba estos abusos. La organización SOA Watch, fundada por el padre Maryknoll Roy Bourgeois, lleva más de diez años de estar presionando para que la SOA fuera cerrada.

El movimiento en contra de la SOA fue cobrando fuerza, especialmente después de que en 1996 se descubrió que durante un período de varios años en las décadas 80 y 90, el currículum de la Escuela incluyó unos manuales que los medios estadounidenses tildaron “manuales de tortura”. Entre otras cosas, estos manuales -que estaban en español- señalaban que para reclutar y control a informantes, las tácticas a utilizarse incluían ejecuciones, intimidación, palizas, secuestros, drogas, e hipnotismo. Los manuales también se referían a la conveniencia de “neutralizar” a distintos “blancos” como “funcionarios gubernamentales” y “líderes políticos”.

Los medios estadounidenses reportan que los manuales fueron distribuidos a miles de militares latinoamericanos. Entre 1987 y 1989, según parece, los manuales fueron utilizados por instructores estadounidenses que rondaban el hemisferio ofreciendo adiestramiento. Entre 1989 y 1991, los manuales fueron utilizados como parte del currículum de la SOA, que para esa época se había mudado a Fort Benning, Georgia.

Comprenderán mi asombro cuando hace algunas semanas vi un artículo que informaba que quien llevó los llamados “manuales de tortura” a la SOA y los incluyó en su currículum fue un instructor panameño. El artículo del diario Daily Press de Newport News, Virginia, firmado por la periodista Nicole Johnson, atribuyó esta información a Kenneth La Plante, descrito como un especialista en asuntos extranjeros para el ejército estadounidense. Según Johnson, La Plante había explicado que “un instructor panameño llevó los supuestos 'manuales de tortura' a la Escuela [de las Américas] pero que estos manuales no fueron confeccionados por la Escuela”. Sin embargo, según Johnson, La Plante admitió que la Escuela de las Américas cometió un error en no revisar los manuales antes de que fueron distribuídos “a unos 50 estudiantes”.

Llamé a La Plante para preguntar el nombre del instructor panameño pero, para mi sorpresa, este negó haber dicho lo que la periodista Johnson le atribuía. Quien llevó esos materiales a la Escuela fue un estadounidense, no un panameño, insistió La Plante (que de paso aclaró que él no trabaja directamente con el ejército estadounidense sino que trabaja con un contratista que le proporciona servicios al Ejército). La periodista Johnson me indicó ayer que La Plante dijo “un instructor de Panamá”, sin especificar su nacionalidad.

En todo caso, La Plante objetó el hecho de que los medios se refieran a estos documentos como “manuales de tortura” cuando, según él, solo había 26 frases “cuestionables” en más de mil páginas de texto. Según La Plante señaló a La Prensa, los manuales “fueron desarrollados por la unidad estadounidense en Panamá” y fueron llevados a la Escuela de las Américas por “un ex militar estadounidense de la unidad en Panamá ...que a la época había estado acantonado en Panamá”.

En otras palabras, los llamados “manuales de tortura” fueron un producto confeccionado en suelo nuestro bajo la autoridad del Comando Sur, que dirigía la presencia militar estadounidense en el Istmo y tenía su sede en Quarry Heights. Quizás los militares panameños tuvieron acceso a ellos, ya que sería lógico asumir que un producto local haya tenido consumo local como parte de los muchos lazos estrechos que existían entre los militares panameños y norteamericanos. Si es así, ello ocurrió mucho antes de que los manuales llegaran a la Escuela de las Américas, independientemente de que haya sido o no un panameño quien los llevo allí. Sin embargo, los militares panameños no tuvieron acceso a estos manuales después de que fueron incluidos en el currículum de la Escuela, porque eso no ocurrió hasta 1989 y los militares panameños habían dejado de asistir a la SOA en 1988.

Desde entonces, los miembros de las fuerzas supuestamente civiles de Panamá no han regresado a la escuela militar en Fort Benning, pero sí han recibido adiestramiento en otras escuelas militares estadounidenses. Resulta que lo que antes se llamaba la “Escuela de las Américas” (SOA) y ahora se llama el “Instituto del Hemisferio Occidental para Cooperación de Seguridad” (o WHINSEC, por sus siglas en ingles), es solo la más grande y la más conocida de varias escuelas que el Pentágono mantiene para adiestrar a militares latinoamericanos. WHINSEC es una escuela del Ejército estadounidense, pero la Fuerza Aérea y la Armada de Estados Unidos tienen sus propias escuelas satélites por donde han desfilado cientos de miembros del Servicio Aéreo Nacional y el Servicio Marítimo Nacional. Al enviar agentes supuestamente civiles a estas escuelas militares, los gobiernos que hemos tenido desde 1991 insisten en que los estudiantes panameños están recibiendo un adiestramiento primordialmente técnico al que de otra manera no tendrían acceso. Hasta donde he podido investigar, no se ha analizado con cuidado si a estos estudiantes se les inculca un criterio militarista que va más allá del adiestramiento técnico.

Mientras tanto, quedan dudas de si la antigua Escuela de las Américas se ha cambiado más que el nombre. Sus defensores dicen que sí. El señor La Plante, cuando lo entrevisté, insistió en que se trata de una escuela distinta con una misión distinta. Esta nueva escuela, sostuvo La Plante, tiene un enfoque mucho más amplio, mucho más orientado hacia lo civil, por más que siga siendo “en el fondo, una institución militar”.

Otros defensores de WHINSEC aducen que si antes la institución tenía la guerra contra el comunismo como su enfoque principal, ahora se ve que la guerra contra las drogas es el problema más grave de la región. Lo que este argumento reconoce, sin embargo, es precisamente que la guerra contra las drogas se ha ido militarizando de manera peligrosa.

Ahora mismo hay 26 personas encarceladas en Estados Unidos por una protesta que se realizó contra la Escuela de las Américas en noviembre del año pasado, antes de cambiarse el nombre. Entre ellas están dos monjas Maryknoll, Dorothy y Gwen Hennessey, de 88 y 68 años, respectivamente. Antes de imponerles sentencia en febrero de este año, el juez le preguntó a todos los presos si veían alguna diferencia entre la vieja SOA y la nueva WHINSEC. Absolutamente ninguna, respondieron los presos con unanimidad. Seis meses de prisión, dictaminó el juez.

Corresponsal en Washington


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