La
ley de la química
Los químicos panameños tienen ahora una ley aprobada en el
órgano legislativo, pero aún pendiente de sanción presidencial.
Fue una dura lucha, pero se han logrado conquistas importantes.
ABDIEL
ZÁRATE
azarate@prensa.com
La lucha ha sido larga y paciente. Después de 23 años de haber
presentado los químicos panameños el primer anteproyecto de ley
sobre la reglamentación de su profesión, al entonces Consejo Nacional
de Legislación, lograron que la Asamblea Legislativa lo aprobara
en tercer debate.
El primer paso para lograr este objetivo se dio el pasado 25 de
junio, al aprobarse el proyecto de Ley No. 85, por medio del cual
se reglamenta el ejercicio de la profesión del químico. Solo falta
que la presidenta Mireya Moscoso lo sancione.
Anteriormente se habían presentado los anteproyectos No. 3 de
1983; el No. 68 de 1991; el No. 11 de 1999; el No. 21 del 2000
y ahora el proyecto de Ley 85.
El interés de estos profesionales por hacer valer su derecho constitucional
a la reglamentación surgió al darse las primeras promociones de
la Escuela de Química en 1965, iniciativa que después fue apoyada
por el Colegio Panameño de Químicos en 1974.
La importancia
El artículo 2 del proyecto de Ley No. 85 dice que el químico es
la persona que realiza experimentos, ensayos y análisis de la
materia viva e inerte, con el fin de probar, elaborar, transformar
o perfeccionar materiales y productos.
Además, hace investigaciones, elabora metodología y técnicas a
fin de profundizar en las propiedades químicas y físicas de las
sustancias y para controlar o desarrollar procedimientos industriales
de fabricación.
Por más de 36 años, la Universidad de Panamá ha formado profesionales
en esta disciplina, sin que hubiera una reglamentación de la profesión.
Producto de esto, hoy día, una vez que obtienen su diploma y salen
al mercado se encuentran con una desagradable situación cuando
acuden a las empresas, instituciones gubernamentales o académicas
a buscar empleo.
Reciben un trato “casi ultrajante de ofertas de empleos, muchos
de los cuales requieren actividades químicas con serias implicaciones
de riesgos ambientales, de tremendo impacto en la salud de los
ciudadanos, pero que en la mente de los empleadores la puede realizar
cualquier persona con un mínimo de sentido común”, señala Rafael
Vásquez Jaramillo, presidente del Colegio Panameño de Químicos
(COPAQUI).
Esto tiene un efecto. Según Vásquez, hay deterioro del aire, de
ríos, de la bahía de Panamá, de los campos agrícolas del interior
del país y de la salud en general, como consecuencia de la falta
de supervisión calificada de la calidad de los procesos, el correcto
manejo de los productos químicos y la disposición de los residuos
peligrosos que de estos resultan.
La consolidación
Con este proyecto de Ley, según Vásquez, la idea no es recriminarle
a las empresas por no contratar químicos. Lo que se quiere es
que tomen conciencia de las ventajas competitivas si racionalizan
su actividad química, con la ayuda de un profesional que le pueda
aconsejar verdaderamente cómo explotar esa actividad.
“Nuestro proyecto de Ley se centra en la actividad química en
su artículo 15, que no establece un regente farmacéutico o un
regente químico; establece un responsable de la actividad, que
podrá ser seleccionado de todos los químicos idóneos que laboren
en una empresa, porque vamos a crear un código de ética. Esa es
la protección que queremos darle a la sociedad panameña”, explica
Vásquez.
De acuerdo con Vásquez, Panamá no solo está en la era de la globalización,
sino también en la era de la protección del ambiente, por lo que
“toda empresa que contamine y degrade más el ambiente no podrá
competir, porque en algunos países desarrollados, los surtidores
de materia prima están obligados a no surtir a toda empresa que
no utilice una limpia tecnología”.
“Nosotros necesitamos el respaldo de la sociedad, pero esto solo
se dará cuando vean que hay hechos concretos, de los cuales se
va a beneficiar. El país debe volcarse a reflexionar y discutir
en un panel, no solamente político sino científico, hacia dónde
vamos”, indica Vásquez.
En palabras del presidente de COPAQUI, con la aprobación de la
Ley del Químico se abre un canal para que la Secretaría Nacional
de Ciencia y Tecnología (SENACIT) los convoque como gremios profesionales,
para que planteen cuál puede ser su aporte.
“Aquí se está discutiendo el aporte de la ciencia, pero ¿quién
lo ejecuta? No es el profesional. ¿Cuándo ha habido un foro de
profesionales para discutir este aspecto de la ciencia?”, pregunta
Vásquez, al tiempo que propone a esta institución autónoma que
haga contacto directo con las profesiones científicas.
Vásquez también le sugiere a SENACIT, que “no teoricen en el marco
de la pobreza, que no se ilusionen con ideas rimbombantes de cómo
se va a transformar esto con informática, con centros automáticos
de análisis y con centros automáticos de producción, porque eso
no se da. Eso se da con seres humanos perfectamente capacitados,
profesionales con experiencia en su terruño, a los cuales se les
da acceso a esos niveles de información”.
Si SENACIT, dice Vásquez, quiere llegar a convertirse en catalizador
y puente para que “nosotros salgamos del atraso en que estamos
como país tercermundista, tiene que recaer en los que conocen
cómo está ocurriendo la situación. Ellos deben buscar la consolidación,
por lo menos mediante un foro de gremios profesionales, para ver
cómo la ciencia puede ser adaptada socialmente al país”.
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