Panamá, 15 de julio de 2001
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La ley de la química

Los químicos panameños tienen ahora una ley aprobada en el órgano legislativo, pero aún pendiente de sanción presidencial. Fue una dura lucha, pero se han logrado conquistas importantes.

ABDIEL ZÁRATE
azarate@prensa.com

La lucha ha sido larga y paciente. Después de 23 años de haber presentado los químicos panameños el primer anteproyecto de ley sobre la reglamentación de su profesión, al entonces Consejo Nacional de Legislación, lograron que la Asamblea Legislativa lo aprobara en tercer debate.

El primer paso para lograr este objetivo se dio el pasado 25 de junio, al aprobarse el proyecto de Ley No. 85, por medio del cual se reglamenta el ejercicio de la profesión del químico. Solo falta que la presidenta Mireya Moscoso lo sancione.

Anteriormente se habían presentado los anteproyectos No. 3 de 1983; el No. 68 de 1991; el No. 11 de 1999; el No. 21 del 2000 y ahora el proyecto de Ley 85.

El interés de estos profesionales por hacer valer su derecho constitucional a la reglamentación surgió al darse las primeras promociones de la Escuela de Química en 1965, iniciativa que después fue apoyada por el Colegio Panameño de Químicos en 1974.

La importancia

El artículo 2 del proyecto de Ley No. 85 dice que el químico es la persona que realiza experimentos, ensayos y análisis de la materia viva e inerte, con el fin de probar, elaborar, transformar o perfeccionar materiales y productos.

Además, hace investigaciones, elabora metodología y técnicas a fin de profundizar en las propiedades químicas y físicas de las sustancias y para controlar o desarrollar procedimientos industriales de fabricación.

Por más de 36 años, la Universidad de Panamá ha formado profesionales en esta disciplina, sin que hubiera una reglamentación de la profesión. Producto de esto, hoy día, una vez que obtienen su diploma y salen al mercado se encuentran con una desagradable situación cuando acuden a las empresas, instituciones gubernamentales o académicas a buscar empleo.

Reciben un trato “casi ultrajante de ofertas de empleos, muchos de los cuales requieren actividades químicas con serias implicaciones de riesgos ambientales, de tremendo impacto en la salud de los ciudadanos, pero que en la mente de los empleadores la puede realizar cualquier persona con un mínimo de sentido común”, señala Rafael Vásquez Jaramillo, presidente del Colegio Panameño de Químicos (COPAQUI).

Esto tiene un efecto. Según Vásquez, hay deterioro del aire, de ríos, de la bahía de Panamá, de los campos agrícolas del interior del país y de la salud en general, como consecuencia de la falta de supervisión calificada de la calidad de los procesos, el correcto manejo de los productos químicos y la disposición de los residuos peligrosos que de estos resultan.

La consolidación

Con este proyecto de Ley, según Vásquez, la idea no es recriminarle a las empresas por no contratar químicos. Lo que se quiere es que tomen conciencia de las ventajas competitivas si racionalizan su actividad química, con la ayuda de un profesional que le pueda aconsejar verdaderamente cómo explotar esa actividad.

“Nuestro proyecto de Ley se centra en la actividad química en su artículo 15, que no establece un regente farmacéutico o un regente químico; establece un responsable de la actividad, que podrá ser seleccionado de todos los químicos idóneos que laboren en una empresa, porque vamos a crear un código de ética. Esa es la protección que queremos darle a la sociedad panameña”, explica Vásquez.

De acuerdo con Vásquez, Panamá no solo está en la era de la globalización, sino también en la era de la protección del ambiente, por lo que “toda empresa que contamine y degrade más el ambiente no podrá competir, porque en algunos países desarrollados, los surtidores de materia prima están obligados a no surtir a toda empresa que no utilice una limpia tecnología”.

“Nosotros necesitamos el respaldo de la sociedad, pero esto solo se dará cuando vean que hay hechos concretos, de los cuales se va a beneficiar. El país debe volcarse a reflexionar y discutir en un panel, no solamente político sino científico, hacia dónde vamos”, indica Vásquez.

En palabras del presidente de COPAQUI, con la aprobación de la Ley del Químico se abre un canal para que la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACIT) los convoque como gremios profesionales, para que planteen cuál puede ser su aporte.

“Aquí se está discutiendo el aporte de la ciencia, pero ¿quién lo ejecuta? No es el profesional. ¿Cuándo ha habido un foro de profesionales para discutir este aspecto de la ciencia?”, pregunta Vásquez, al tiempo que propone a esta institución autónoma que haga contacto directo con las profesiones científicas.

Vásquez también le sugiere a SENACIT, que “no teoricen en el marco de la pobreza, que no se ilusionen con ideas rimbombantes de cómo se va a transformar esto con informática, con centros automáticos de análisis y con centros automáticos de producción, porque eso no se da. Eso se da con seres humanos perfectamente capacitados, profesionales con experiencia en su terruño, a los cuales se les da acceso a esos niveles de información”.

Si SENACIT, dice Vásquez, quiere llegar a convertirse en catalizador y puente para que “nosotros salgamos del atraso en que estamos como país tercermundista, tiene que recaer en los que conocen cómo está ocurriendo la situación. Ellos deben buscar la consolidación, por lo menos mediante un foro de gremios profesionales, para ver cómo la ciencia puede ser adaptada socialmente al país”.

 
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