Soñar con la libertad
“Soñar
con la ciudad” obtuvo el premio Ricardo Miró en la categoría novela
en 1998
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
Cuando el hoy escritor y abogado Ramón Fonseca Mora era estudiante
universitario tuvo una grata convivencia con campesinos de la
región de Santa Fe de Veraguas. Aquella experiencia le permitió
años más tarde escribir su novela Soñar con la ciudad.
Eran los años de 1969 y 1970. En aquella época Fonseca Mora conoció
al padre colombiano Héctor Gallego, asesinado por miembros de
la dictadura militar que gobernó Panamá entre 1968 y 1989.
“Eran tiempos muy diferentes a los de hoy. Aquella juventud era
inquieta, rebelde. Tuve mucho apego a la Iglesia de avanzada,
la de la teología de la liberación, una corriente en la que entré
en contacto gracias a los padres jesuitas, que regentaban el Colegio
Javier, que tenían un programa conjunto con la Iglesia de Veraguas
y las cooperativas campesinas Juan XXIII y La esperanza de los
campesinos”, dijo Fonseca Mora, a quien la Cámara Panameña del
Libro le entregará “La pluma de oro”, una distinción por su labor
narrativa.
En Santa Fe convivió con los campesinos, “en sus propias casas,
comiendo lo mismo que ellos, trabajando a su lado. Fue una enseñanza
invaluable. Algo que me enriqueció muchísimo. Descubrí que había
otro mundo diferente al que yo conocía en este mismo país; que
hay gente buena y mala en todos los niveles de la sociedad, y
que había que dar algo de lo que uno tiene y dárselo a los demás.
Hay que compartir”.
Fonseca Mora, junto con Edilma Gallego (hermana del sacerdote),
ha sido uno de los representantes de la Presidencia y de la Iglesia
católica en las investigaciones dirigidas a encontrar los restos
del religioso desaparecido.
Explica el autor de La danza de las mariposas que el personaje
de Mateo, que ayuda a Manuel y a Olga (los niños protagonistas
de Soñar con la ciudad), es un homenaje a su amigo.
Al respecto, promete que en un futuro cercano se encargará de
redactar un texto, de no ficción, sobre Héctor Gallego. “Fue difícil
tratar de describir en un personaje secundario una figura tan
grande como Héctor, una persona que está viva en mi mente, aunque
han pasado 30 años. El que lo conoció no puede olvidarlo, porque
fue un hombre sumamente alegre, entusiasta, que creía en lo que
hacía, no hablaba sin actuar él primero. En otros tiempos lo considerarían
un santo, alguien a quien tratar de imitar”.
Al rescate de una hermana
Soñar con la ciudad narra la historia de los hermanos Olga y Manuel,
que un buen día deciden trasladarse a la ciudad capital con el
firme propósito de rescatar a su hermana mayor María, que está
prácticamente como una esclava en la casa del dueño de una cantina
del mercado público.
Los chicos residen con sus padres en el pueblo de Tetume, una
comunidad que debe enfrentarse a la falta de servicios básicos
como agua potable, a escuelas que no cuentan con los implementos
necesarios; un sitio donde escasean los centros de salud y las
bibliotecas.
“El mundo no es justo. Las estrategias para resolver este problema
no han funcionado. La globalización tampoco parece ser la solución.
La mayoría de nosotros vivimos en nuestros mundos pequeños y egoístas;
nos encerramos y no nos importa lo que pasa más allá de nuestras
narices. Y eso es un grave error”, dijo Fonseca Mora, que se graduó
de derecho y ciencias políticas en la Universidad de Panamá y
continuó estudios de postgrado en la London School of Economics,
en Londres.
Algo que igualmente dejó patente en su novela es la desigualdad
que existe a lo interno de las familias, cuando el padre en ocasiones
se vuelve en un gestor de violencia. “El machismo está haciendo
mucho daño en las capas más humildes de Panamá, en las que la
mujer y los niños son los que más sufren. Eso tiene que cambiar.
Por lo menos hay actualmente una conciencia de que debemos cambiar”.
Soñar con la ciudad se basa indirectamente en un caso real, en
que una familia tenía en condiciones cercanas a la esclavitud
a una adolescente del interior del país. Fonseca Mora combinó
este hecho con un caso que le tocó sortear en su juventud, cuando
una señora de Veraguas le pidió que rescatara a su hija, llamada
María —como la chica de su novela más reciente—, de las manos
de un importante político de aquellos años. En cada uno de los
casos, el destino jugó para el bien de las víctimas.
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