Por cierto...
Los fiscales estiman que la ganancia para Michael Norton alcanzó unos 20 millones de dólares
Betty Brannan Jaén
PANAMA, R. P. - Al tomarse su cafecito panameño hoy, apreciados lectores, quizás les interese saber que un empresario norteamericano acaba de ser condenado a prisión por una estafa que comprobó contundentemente la alta calidad de nuestro café criollo.
El fraude sencillamente consistía en comprar café tico y panameño (que en los años 90 tenía un precio al por mayor de alrededor de $1.80 la libra) y revenderlo como si fuera el café “Kona” de Hawai (que tenía un precio al por mayor de alrededor de $9.75 la libra). Obviamente, esta diferencia en precio refleja el hecho de que el café “Kona” tiene una producción muy limitada y es muy apreciado por los conocedores, mientras que el café de Costa Rica y Panamá es relativamente abundante y es considerado inferior por los expertos internacionales del café.
A principios de la década de los 90, el mayorista de café Michael Norton vio la oportunidad de hacerse millonario con esa discrepancia en precio —pero no, claramente, en calidad— entre los cafés de Panamá y Kona. Su plan, según parece, consistía en importar café tico y panameño al por mayor, sacarlo de sus bolsas originales, y entonces empaquetarlo en bolsas de henequén que decían “Pure Kona Coffee, Product of the USA”. En la bodega donde se efectuaba el cambio de bolsas, Norton tenía un equipo de trabajo que retiraba el café panameño de su bolsa original (dizque para inspeccionarlo) y otro equipo distinto de trabajo que lo colocaba en las bolsas con el sello de “Kona coffee”; así, los obreros no se daban cuenta del cambalache que se estaba efectuando.
Fue una estafa de grandes dimensiones. Entre 1992 y 1995, acusan los fiscales federales de California, casi 4 millones de libras del café fraudulento fueron vendidas a la cadena Starbucks y a otros almacenes de prestigio. Los fiscales estiman que la ganancia para Norton, quien era uno de los importadores de café más importantes de Estados Unidos, alcanzó unos 20 millones de dólares.
Lo asombroso es que los compradores de Starbucks y otras empresas parecidas no hayan podido detectar la diferencia entre un café y otro. Si uno cree que estas empresas fueron genuinamente las víctimas de un engaño, dos cosas quedan claramente confirmadas: que Starbucks y demás empresas tenían compradores ineptos y que el café panameño está subvalorado en el mercado internacional del café.
Por otro lado, algunos plantean una explicación más oscura por el éxito de este fraude: que los que le compraban el supuesto “café Kona” a Norton sabían perfectamente bien que el café era fraudulento. Bajo esa tesis, los cultivadores legítimos del “café Kona” le han puesto una demanda a Starbucks y demás empresas que compraban el café fraudulento de Norton. Estos cultivadores alegan que todos en la industria cafetera estadounidense sabían muy bien que había más “café Kona” en el mercado de lo que esa pequeña área es capaz de producir anualmente.
Norton, por su lado, inicialmente protestó su inocencia, arguyendo que el “café Kona” es meramente una idea abstracta —un “estilo de café”— no una garantía de proveniencia o “marca de fábrica” [“trademark”]. Como ejemplo, dijeron sus abogados, está el hecho de que no todo el pan francés viene de Francia. Este argumento puso de relieve que la industria cafetera no ha sabido regularse como la de los vinos, por ejemplo, ya que un vino blanco con burbujas solo puede llevar etiqueta de “champaña” si fue producido por los métodos correctos y en la región “Champagne” de Francia.
Aun así, Norton prefirió hacer un arreglo con los fiscales. Según la agencia noticiosa AFP, Norton se declaró culpable y de una pena máxima de hasta 100 años de cárcel, el miércoles lo sentenciaron a solo dos años y medio de prisión. Su castigo también incluye pagar una compensación a sus víctimas y que se le confisque unos 2 millones de dólares.
Y una parte no menos onerosa de su castigo, planteó AFP, es que el café de la cárcel seguramente será perverso, por no decir intomable.
Corresponsal en Washington
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