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Totalmente acertadas fueron las primeras declaraciones
públicas del designado por el Organo Ejecutivo para dirigir
la Unidad Coordinadora para el saneamiento de la ciudad
y la bahía de Panamá, cuando manifestó que “para sanear
la bahía, hay que limpiar primero la ciudad”. Habrá que
comenzar por limpiar y mantener limpias las aceras, las
calles y los tragantes, si queremos que no se llenen de
basura las quebradas y los ríos, y recolectar los tanques
sépticos, procesar las aguas negras, oxidar los lixiviados
y tratar los desechos agroindustriales para que toda la
materia fecal, basura y contaminantes industriales no
terminen en el mar, convirtiendo la bahía de Panamá en
el gigantesco tanque séptico que es. El director de la
Unidad Coordinadora debe tener autoridad vertical sobre
todas las instituciones y dependencias que tienen competencia
en el saneamiento de la ciudad y la bahía, el presupuesto
directo para llevar a cabo los estudios técnicos, la autonomía
administrativa para una gestión independiente sin presiones
partidistas, la confianza tanto del Gobierno central como
del municipal y, sobre todo, la solidaridad ciudadana
para aceptar, por medio de la educación ambiental y normas
de urbanidad estrictas, modificar las costumbres de siempre
que han causado el daño y el deterioro ambiental que hemos
producido en la ciudad y la bahía. De cada una de estas
acciones dependerá el éxito de la Unidad Coordinadora.
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