Panamá, 15 de julio de 2001
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Totalmente acertadas fueron las primeras declaraciones públicas del designado por el Organo Ejecutivo para dirigir la Unidad Coordinadora para el saneamiento de la ciudad y la bahía de Panamá, cuando manifestó que “para sanear la bahía, hay que limpiar primero la ciudad”. Habrá que comenzar por limpiar y mantener limpias las aceras, las calles y los tragantes, si queremos que no se llenen de basura las quebradas y los ríos, y recolectar los tanques sépticos, procesar las aguas negras, oxidar los lixiviados y tratar los desechos agroindustriales para que toda la materia fecal, basura y contaminantes industriales no terminen en el mar, convirtiendo la bahía de Panamá en el gigantesco tanque séptico que es. El director de la Unidad Coordinadora debe tener autoridad vertical sobre todas las instituciones y dependencias que tienen competencia en el saneamiento de la ciudad y la bahía, el presupuesto directo para llevar a cabo los estudios técnicos, la autonomía administrativa para una gestión independiente sin presiones partidistas, la confianza tanto del Gobierno central como del municipal y, sobre todo, la solidaridad ciudadana para aceptar, por medio de la educación ambiental y normas de urbanidad estrictas, modificar las costumbres de siempre que han causado el daño y el deterioro ambiental que hemos producido en la ciudad y la bahía. De cada una de estas acciones dependerá el éxito de la Unidad Coordinadora.

 
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