Panamá, 13 de julio de 2001
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Toledo... ¡por fin!

Ha terminado con éxito la larga lucha de Alejandro Toledo contra la corrupta autocracia Fujimori-Montesinos

I. Roberto Eisenmann Jr.

Alejandro Toledo le hizo la batalla a la mancuerna autocrática Fujimori-Montesinos con una valentía y persistencia dignas de admiración. Sufrió el robo descarado de su elección contra Fujimori y su protesta recibió la violencia del Estado; pero persistió, y los que representaban la autocracia desvergonzada huyeron, uno al Japón y el otro —gracias a la firmeza de la presidenta al resistir las presiones de EU, la OEA, etc., para que se le diera asilo— no se quedó aquí en Panamá, evitando una nueva vergüenza a nuestra nación. Llegó a Venezuela y en una operación claro/oscura finalmente terminó en una cárcel peruana.

Luego de toda esta lucha, vino otra amenaza casi increíble: Alan García, el hombre que desgobernó corruptamente al Perú desprestigiando a un partido histórico como el APRA y produciendo como consecuencia a Fujimori y su autocracia, regresa “triunfante” y se postula a la Presidencia luego de ocho años de ausencia.

Pero al final Toledo ve premiada su lucha y es elegido presidente de Perú por 46% de la población, con García cerca logrando el 41%, y los votos en blanco (opción democrática poco lógica) con 14%. “Perú Posible” —el partido creado por Toledo— recibe 45 escaños, de los 120 del Congreso, lo que lo forzará a buscar alianzas políticas para lograr una mayoría legislativa.

Por supuesto que es ahora cuando comienza la tarea más difícil: lograr la gobernabilidad, reconstruir las instituciones democráticas, acabar de limpiar las Fuerzas Armadas del veneno y corrupción de Montesinos y, quizás lo más complicado en el mundo de hoy, lograr vigorizar la economía recesiva y desesperada que dejó todo el trauma de liberarse de la autocracia. Se menciona al respetado tecnócrata Pedro Pablo Kuczynski como ministro encargado de la Economía, lo que ofrece esperanzas.

Conocí a Toledo y a su esposa (nacida en Bélgica) en una reunión en Nueva York cuando enfrentaba su elección desigual contra Fujimori. Toledo es, sin duda, la cara del Perú, una gran ventaja política. Su señora se mostraba extraordinariamente comprometida con su lucha. Ambos son inteligentes, persistentes y parecían conocer las 4 ó 5 cosas importantes para gobernar con eficacia.

Durante la campaña surgieron acusaciones personales preocupantes, pero veniales al lado de la comprobadamente fracasada y corrupta opción que significaba Alan García.

Ha terminado con éxito la larga lucha de Alejandro Toledo contra la corrupta autocracia Fujimori-Montesinos. Las expectativas de cambio deben ser muy altas, seguramente que inalcanzables por lo exageradas.

La historia nos muestra que tendrá poco tiempo para lograr lo mucho que se espera de él, antes de que se inicie la natural desilusión por la imposibilidad de resolver todos los graves problemas en forma instantánea.

Al acecho estará García, listo para iniciar otro ciclo negativo ya conocido, el choque contra el mismo tronco una y otra vez.

Por el Perú y los hermanos peruanos, hay que rogar que Dios ilumine a Toledo, el limpiabotas hecho presidente constitucional.

El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana


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