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Es legítima aspiración de todo gobierno dejar obras
perdurables por las que sean recordados favorablemente
por las futuras generaciones. Unos se inclinan por proyectos
de interés social como el del Valle de Tennessee en Estados
Unidos, otros por obras monumentales como Brasil con su
capital Brasilia, y Panamá con su ciudad gubernamental.
Se propuso como alternativa a los cuantiosos alquileres
que paga el Estado, minimizando el hecho de que los promotores
del proyecto habrían de ser eventualmente compensados
con creces, por lo que pareciese más que de un ahorro,
dejar de pagarle a unos para empezar a pagarle a otros.
La opinión pública, salvo honrosas excepciones, no se
interesó demasiado, tal vez pensando que la idea no cristalizaría.
Sin embargo, el Gobierno parece decidido a ejecutarla,
por lo que es hora de que los panameños se pregunten si
real y efectivamente se justifica seguir adelante. ¿Es
la ciudad gubernamental una prioridad nacional por encima
de las ingentes necesidades sociales? Por otra parte,
¿no sería preferible destinar a oficinas públicas algunos
de los tantos edificios ociosos en las áreas revertidas
que hoy, a duras penas, se pueden mantener?
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