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Las circunstancias y el momento en que se producen,
suelen variar los resultados, a veces en forma radical.
Eso es lo ocurrido con la licitación sobre los canales
de televisión que revirtieron a Panamá cuando el Comando
Sur y el Ejército Sur dejaron de utilizarlos. Primero,
la Asamblea Legislativa impuso restricciones para impedir
que el diario La Prensa pudiera participar en la licitación
de algún canal de televisión. Luego, el Ente Regulador
de los Servicios Públicos, la Contraloría y el Ejecutivo,
se las ingeniaron para armar un espantoso enredo burocrático
que retrasó la licitación por más de año y medio. Por
supuesto, la economía hoy no es lo que antes fue, la publicidad
en las televisoras se ha reducido, razón por la cual los
canales que antes ofrecían programación continua, ahora
terminan poco después de media noche. También hay nuevos
competidores en el mercado, tales como Direct TV e Internet.
En todo caso, el interés por nuevos canales de televisión
ya no es el mismo, como lo demuestran incontrovertiblemente
los resultados de la licitación efectuada ayer. El Estado
dejó de obtener recursos que mucha falta le hacen, porque
el Gobierno no supo o no quiso hacer las cosas a tiempo.
¿Quién o quiénes son responsables por comisión u omisión?
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