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El
propio Gobierno, con el beneplácito de todos los involucrados
en el problema, solicitó al PNUD sus buenos oficios –que
en el pasado han resultado muy provechosos para lograr
consenso en torno a temas de Estado– para mediar en un
diálogo nacional tendiente a buscar una solución definitiva
al problema del Seguro Social. Pero ¡alas!, aún no se
inicia el proceso y ya se adelanta el Organo Legislativo,
con el visto bueno de la dirección de la Caja, a aprobar
una ley que lejos de resolver el problema integral, le
impone a la clase media un nuevo sacrificio: pagar seguro
social sobre los gastos de representación, disminuyéndole
así sus ingresos netos y por consiguiente su poder adquisitivo,
en aras de una solidaridad mal entendida. La clase media,
ayuna de los voceros de los de arriba y los de abajo,
continúa pagando los platos rotos del clientelismo político.
Ya es hora de que nuestros gobernantes afronten los ingentes
problemas nacionales, entre ellos el del Seguro Social,
con realismo y equidad para todos, no importa la turbulencia
que ello despierte. Los problemas hay que tratar de resolverlos
para siempre, no posponerlos para mañana. Ojalá la señora
presidenta vete esta ley por inconveniente.
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