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El índice de percepción de corrupción es un instrumento
que promueve Transparencia Internacional y que sirve para
despertar en los gobiernos una mayor consciencia de los
distintos modos en que opera la corrupción. Si no hay
procedimientos efectivos de rendición de cuentas, no habrá
evidencias de prácticas ilícitas en el manejo de la cosa
pública, pero queda la percepción de que muy probablemente
las hay. Si los funcionarios actúan en asuntos en los
que tienen un conflicto de intereses, por mucho que sus
acciones se apeguen a la ley de una manera formal, siempre
quedará la duda sobre sus motivaciones reales, lo que
genera percepciones de poca honestidad en el desempeño
público. La razón por la que Panamá aparece por primera
vez en este índice -que no es lo mismo que una lista negra-
es porque el capítulo de Transparencia en Panamá ha venido
haciendo un esfuerzo por varios años para que organismos
internacionales de reputación intachable evalúen la percepción
sobre el manejo de la cosa pública en Panamá. En su primera
aparición, Panamá se estrena con un puntaje preocupante
que sugiere que las cosas andan un poco torcidas. También
es importante acotar que ni la posición ni el puntaje
que le asigna el informe a Panamá son producto de las
denuncias de corrupción que han señalado los medios en
los últimos meses. Pero confirma que hay algo podrido
en Dinamarca.
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