Panamá, 26 de junio de 2001
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Ring Side

Una noche perfecta

La noche del sábado 16 será recordada por mucho tiempo en Panamá porque fue perfecta. No solo se alcanzó el título mundial anhelado de manos de Pedro Alcázar, sino que Miguelito Callist y Armando Córdoba lograron triunfos importantes para sus carreras. Esto, aunado al excelente espectáculo que presentó la empresa Promociones y Eventos del Istmo, de Rogelio Espiño, hizo recordar los días de gloria del boxeo panameño.

Deseo empezar esta columna con Armando Córdoba, quien venció sorpresivamente al ex doble campeón mundial Antonio Cermeño. Admito que no veía cómo el panameño pudiera ganarle al venezolano; porque ya sea por carrera, por estamina, en todos los sentidos, para mí era superior.

No obstante, ni Cermeño ni yo contábamos con un golpe mañanero en el mismo primer asalto, que definió de una vez por todas el rumbo de la pelea. El ex campeón, como todo un caballero, admitió su derrota, y señaló que jamás pudo recuperarse del golpe que lo hizo visitar la lona.

El triunfo de Córdoba fue estrecho. Nunca entendí el porqué si estaba dominando a su contrario con el boxeo afuera, se empecinaba en intercambiar golpes a lo cortito, terreno donde Cermeño sacaba buen provecho. Lo que sí es meritorio reconocer es el trabajo de la esquina de Córdoba, que lo hizo llegar a la distancia encimado a su contrario. Tal vez, y solo tal vez, fue por ello que el hoy campeón bolivariano llevara ese tren de pelea, que muchos consideramos equivocado.

La victoria que sí esperábamos era la de Miguelito Callist, pero no de la forma tan brutal y contundente como se dio. Esperábamos un par de asaltos más, mostrando Gilbert Serrano algo que lo llevó a ser campeón del mundo, pero no tuvo tiempo y en la primera de cambio lo pusieron a dormir por toda la cuenta.

Callist tuvo su noche, era la que estuvo esperando desde hacía mucho tiempo y que por diversos motivos no se le había podido cumplir. Frente a Serrano, cumplió su primer encuentro desde que peleara contra otro venezolano en diciembre pasado, y después de algunas peleas canceladas en Estados Unidos. Un consejo al señor Luis Spada: póngale mucha más gasolina a la carrera de Miguelito.

Llegamos al nuevo campeón del mundo, Pedro Alcázar, a quien le vimos hacer la pelea de su vida. Desde el mismo primer asalto le mostró a Adonis Rivas en qué terreno se iba a dar la pelea. La misma se dio en el centro del cuadrilátero, cuando el panameño así lo planteó, y llegó a las cuerdas en el momento en que lo decidió.

Un paréntesis. La tensión era tan grande en la esquina del Rockero, que a los segundas se les olvidó el protector bucal en el camerino. Marcos Martínez tuvo que ir a buscarlo mientras se hacían las presentaciones.

A propósito de segundas, el trabajo hecho por los ayudantes del Rockero fue reconocido por los colegas nicaragüenses. “Nunca el Rockero se vio mal, aun recibiendo golpes”, dijo Miguel Mendoza, de La Noticia.

Detalles que no nos gustaron, sin embargo, fue que Alcázar se quedara en las cuerdas a recibir golpes. Les aseguro que muchos de esos asaltos se los dieron a Rivas, aunque al final siempre el panameño reaccionaba.

Otros dos aspectos negativos: la cantidad de manzanillos en el cuadrilátero, y el pésimo trabajo de la policía. Fueron muy pocos los que trabajaron eficientemente.

NICOLAS ESPINOSA S.
nespinos@prensa.com

 
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