La anestesia para aliviar el dolor
Lastenia Murillo Muñoz
lmurillo@prensa.com
Cuando
se habla de llevar a cabo una operación, de las tantas preocupaciones
que nos asaltan una es si la anestesia va a funcionar o si la
cantidad a usar será la adecuada.
Tranquilo. Hay más mitos que verdades en materia de la anestesia,
su uso y sus consecuencias.
Lo cierto es que esta sustancia produce la pérdida parcial o total
de la sensibilidad del organismo, un requerimiento básico para
que usted no sufra dolores cuando es intervenido quirúrgicamente.
La anestesia puede ser administrada por vía intravenosa, mediante
una máscara o a través de un tubo colocado en su nariz o garganta.
También puede ser suministrada mediante una inyección en la espalda
o en el área en la que se va a realizar la cirugía. Solo un profesional
le puede decir cuál es la forma más eficaz para su caso en particular.
Hay anestesia local y regional. Ambas buscan insensibilizar una
área precisa del cuerpo.
La anestesia local actúa sobre las terminaciones más finas y es
útil en intervenciones quirúrgicas de escasa magnitud, generalmente
en exámenes oftalmológicos y dentales. La regional se diferencia
de la local, porque ejerce sus efectos sobre un haz nervioso central
y no sobre sus terminaciones. Esta modalidad es utilizada para
los partos complicados y en lesiones internas de las vías urinarias.
Repaso histórico
Ya en tiempos de Heródoto, Dioscórides y Plinio el Viejo, se hablaba
de inhalaciones de cocciones de cáñamo indio o de soluciones alcohólicas,
opio, de hiosciamo o de beleño para aliviar el dolor de los enfermos
y los heridos.
Para finales del siglo XVIII, uno de los métodos para someter
los centros nerviosos durante las operaciones era echando mano
de la raíz de la mandrágora (planta solanácea narcótica, sin tallo,
de hojas anchas y rugosas).
En los primeros años del siglo XIX comenzaron a desarrollarse
las investigaciones para obtener sustancias que atenuaran el dolor.
Así, Wilhelm Friedrich Sertürner experimentó en 1817 con el uso
de la morfina; el protóxido de nitrógeno, utilizado por el dentista
estadounidense Horace Wells en 1842; el éter, empleado ese mismo
año por sus coterráneos William Clark y Crawford Long; el cloroformo
de etilo, obtenido en 1831, pero aplicado en 1847 por Pierre Flourens,
y Carl Koller practica una insensibilización de córnea mediante
el uso de cocaína.
Salvo el protóxido de nitrógeno, la mayoría fue cayendo en desuso
en el siglo XX.
En 1903, el médico estadounidense Alfred Einhorn asegura el desarrollo
de la anestesia por bloqueo nervioso, al sintetizar la procaína
(primer anestésico local). Dos años más tarde, el también estadounidense
Ralph Milton Waters experimenta con un absorbente de anhídrido
carbónico.
En la década del 40 aparecen los anestésicos inhalatorios (entran
al organismo vía los pulmones).
Funciones del anestesiólogo
Como escribió el anestesiólogo Franklin Paulino (La Prensa, octubre
del 2000), al principio “la administración de la anestesia era
un procedimiento simple que se delegaba a técnicos, generalmente
enfermeras, llamados anestesistas. A medida que aparecieron nuevas
drogas anestésicas, la práctica se complicó y se decidió que debía
dejarse en manos de médicos con vasto conocimiento en fisiología
y farmacología: los anestesiólogos. En 1937 se reconoció la anestesiología
como una especialidad médica”.
El anestesiólogo no solo le suministra la sustancia que lo hará
no tener sensibilidad, sino que además estará pendiente durante
toda la operación de su respiración, ritmo cardíaco y tensión
arterial.
Vladimir Espinosa, presidente de la Sociedad Panameña de Anestesiología,
explica que un anestesiólogo es un médico que estudia seis años
en la Facultad de Medicina, y que como cualquier otro galeno hace
dos años de internado rotatorio para optar por la idoneidad que
le permitirá ejercer en el país, documento a otorgar por el Consejo
Técnico de Salud.
Una vez se cumple con el internado rotatorio, decide si se queda
como médico general o escoge una especialidad. Si se decide por
la anestesia, entonces serán tres años más de internado.
Dice Vladimir Espinosa que la labor del anestesiólogo no se conoce
mucho, porque la mayor parte de las veces el paciente lo conoce
en la víspera de su cirugía y esto no es una práctica recomendable.
“Todavía no nos hemos acostumbrado a que el paciente visite al
anestesiólogo en el consultorio, con la finalidad de que el médico
sepa su historia médica y sus antecedentes”, aseguró.
Vladimir Espinosa manifiesta que muchas personas temen a la anestesia
porque han escuchado versiones de pacientes que fallecen durante
la operación, que han quedado paralizados o muestran problemas
posteriores de concentración y memoria, pero este tipo de situaciones
son poco frecuentes.
Para evitar ese tipo de consecuencias, el enfermo debe informar
previamente si sufre de males como asma, hipertensión arterial,
epilepsia, diabetes, claustrofobia, o si tiene problemas pulmonares
o de coagulación.
También tiene que indicar si está tomando aspirina, medicamentos
para la presión alta o corticoides. Además, debe indicar si es
alérgico a algún medicamento o si en ocasiones anteriores ha tenido
dificultades para ser entubado; si fuma o toma alcohol en exceso
o si está tomando píldoras para adelgazar.
El especialista le recuerda a los pacientes que ellos tienen el
derecho de escoger a su anestesiólogo de confianza, y si no conoce
a ninguno, su cirujano podrá recomendarle uno de estos profesionales.
Espinosa, con 28 años de experiencia, comenta que muchos anestesiólogos
reciben un entrenamiento adicional después de especializarse en
manejo de dolor y se convierten en especialistas que reciben el
nombre de algiólogos.
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