Puebla-Panamá:
un mercado geopolítico
El Plan Puebla-Panamá pareciera estar más diseñado para proteger
los intereses comerciales y estratégicos de Estados Unidos en
su frontera sur que en generar el desarrollo de México y Centroamérica
ARISTIDES CAJAR PAEZ
acajar@prensa.com
Las
botas de Vicente Fox pisaron brevemente el suelo panameño hace
dos semanas. El nuevo presidente mexicano parecía querer asegurarse
así de la firmeza del territorio que se convertirá en el otro
extremo de su plan económico para desarrollar el sureste mexicano
y toda la región de Centroamérica: el Plan
Puebla-Panamá.
Pero ese plan que tanto enorgullece y emociona al enorme y elocuente
mandatario mexicano, al parecer, no es una idea original. Habría
nacido de la iniciativa de ex funcionarios y expertos durante
la presidencia de su antecesor Ernesto Zedillo.
Pese al intenso entusiasmo que este plan ha suscitado entre empresarios,
gobernantes y funcionarios de los rubros económicos y financieros,
esta ambiciosa iniciativa entraña riesgos y segundas intenciones
que al parecer aún no han sido debidamente consideradas por gobernantes
y particulares.
Lo que se dice que es
Según la versión oficial, el Plan Puebla-Panamá (PPP) es un proyecto
de desarrollo sustentable e integral creado por el presidente
Vicente Fox para los estados del sur-sureste de México y por extensión
al área de Centroamérica. Tiene un carácter “promotor, facilitador
y gestor de inversión productiva generadora de empleo”.
Según el planteamiento oficial, este plan nació por la preocupación
de reducir los contrastes entre el norte y el sur de México, generando
desarrollo social y no únicamente crecimiento económico.
La estrategia del PPP se sustenta en la concepción de que el desarrollo
económico y social de la región será posible en la medida en que
las acciones y políticas de gobierno estimulen el concurso de
inversión privada, en apoyo a proyectos productivos del sur-sureste
Por ello es que el plan tiene como prioridad atender tres tipos
de acciones y políticas: el fomento a la inversión productiva,
tanto en el ámbito estatal como en el federal; obras de infraestructura,
tales como carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles o con
generación de electricidad, y el establecimiento de condiciones
que garanticen la seguridad jurídica de las personas y de sus
bienes.
Este proyecto prevé la participación de los gobiernos de los países
centroamericanos, de los gobiernos estatales y municipales de
las nueve entidades de México involucradas, así como del sector
privado, de la sociedad civil y de organismos financieros internacionales.
Se ha propuesto a Centroamérica la creación de una representación
interlocutora de la Coordinación General del Plan Puebla-Panamá.
El propósito es impulsar la cooperación para compartir el desarrollo.
Un posible origen
Según la revista Proceso, el origen del PPP debe buscarse en un
proyecto de Santiago Levy, nombrado por Fox como director del
Instituto Mexicano de Seguro Social, y quien también fuera subsecretario
de Hacienda en el sexenio del priísta Ernesto Zedillo, donde encabezó
el programa de combate a la pobreza.
Experto en proyectos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
para combatir la pobreza en Ecuador e Indonesia, colaborador del
Banco Mundial y de la Organización Mundial de Comercio (OCDE),
Levy preparó el estudio El Sur también existe, un ensayo sobre
el desarrollo regional de México.
El estudio de Levy y sus colaboradores Enrique Dávila y Georgina
Kessel reconoce que el conflicto chiapaneco descubrió los errores
cometidos en la aplicación de las políticas gubernamentales en
los últimos 50 años y advierte que, si no se toman medidas estructurales
para resolver el atraso de todo el sureste mexicano, "se corre
el riesgo de ahondar los desequilibrios regionales del país".
En el texto de Levy, reproducido por Proceso, se lee: “El 1 de
enero de 1994 Chiapas sorprendió a México y al mundo. La entrada
en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, prueba
inequívoca de un México dispuesto a entrar de lleno a la modernidad,
coincide, no casualmente, con el descubrimiento, para muchos,
de un México desconocido y, para otros, es constancia del olvido,
pobreza y marginación en la que una gran cantidad de ciudadanos
se encuentran sumergidos”.
Continúa el texto: “Con el inicio del conflicto armado en Chiapas
se hizo patente la gravedad de la problemática socioeconómica
de la entidad. Esta situación es compartida, en alguna medida,
con el resto del sureste del país, región abundante en recursos
naturales y con un rico acervo histórico que, a finales del siglo
XX, no había logrado vencer el lastre del subdesarrollo”.
A seis años del levantamiento zapatista, los autores sostienen
que más allá del aumento del gasto social, de 20 mil a 27 mil
millones de pesos en el sexenio zedillista, lo que se requiere
para Chiapas es un replanteamiento profundo de la política de
desarrollo regional, ubicando su problemática en un contexto también
nacional.
La tesis central es que las políticas públicas instrumentadas
por el gobierno mexicano en las últimas cinco o seis décadas implícitamente
han desalentado el desarrollo económico de Chiapas y la región
del sureste en general.
Por ello, argumentan, se debe dar un papel protagónico a la iniciativa
privada a fin de optimizar la explotación de recursos naturales
de esas zonas y la consecuente incorporación masiva de sus pobladores
como asalariados de industrias con alto valor agregado.
Los defensores del plan, pese a que niegan que este sea una copia
del documento de Levy, aceptan su influencia, así como la de otros
expertos que habrían “coincidido” con el mismo diagnóstico y su
propuesta de solución.
Lo concreto y lo desconocido
Presentado como el principal proyecto de inversión y desarrollo
del gobierno de Vicente Fox, el PPP “se encuentra todavía en ceros”,
según publica una nota del diario mexicano La Jornada . De acuerdo
con este reporte, todos los propósitos están sólo en el papel.
Pero, aparentemente, los objetivos están claros:
"Si no queremos amagos a la paz social, si no queremos que se
multipliquen los grupos subversivos, si queremos que se fortalezca
el Estado de derecho, démosle opción a la gente. Quien no tiene
nada en el estómago, tiene muy caliente la cabeza", razona el
coordinador del PPP, Florencio Salazar Adame, antiguo militante
del Partido Revolucionario Institucional, (PRI), hoy en las filas
del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN).
Aunque todavía ninguna empresa ha acordado realizar inversiones
ni se ha colocado una sola piedra para ningún proyecto, Salazar
asegura que ya hay líneas de crédito disponibles, de bancos mexicanos
y extranjeros, para que el plan entre en marcha.
Según el funcionario, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
ofreció 2 mil millones de dólares; la Corporación Andina de Fomento
garantiza una aportación de 80 millones de dólares como "capital
semilla", y el Banco Japonés de Cooperación, el Banco Mundial
y del Banco Centroamericano se han manifestado interesados en
tener alguna participación.
Sin embargo, el 12 de mayo del 2001, 150 organizaciones campesinas
e indígenas de México, Nicaragua y El Salvador emitieron la Declaración
de Tapachula, en Chiapas, en la que repudian la "colonización
salvaje" que representa el PPP, el cual pretende desalentar la
migración de la zona implicada a Estados Unidos.
"Se trata de un proyecto que quiere ser impuesto una vez más como
lo fueron los programas de ajuste estructural y los tratados de
libre comercio, con el agravante de que es promovido desde el
gobierno mexicano y abarca países centroamericanos, lo cual en
el mejor de los casos, es un abuso y una violación a la soberanía
de los pueblos del istmo centroamericano", señala el documento.
En cuanto al tipo de servicios y empresas que se instalarían en
la región, Salazar asegura que se cuidarán los derechos laborales
de los lugareños, quienes, dice, “irremediablemente emigrarán
a la ciudad, se convertirán en pequeños empresarios con el ecoturismo
y, en el peor de los casos, pasarán de campesinos a maquiladores”.
Otras críticas
Uno de los más ácidos críticos del PPP es el subcomandante Marcos.
Y no es para menos. Según el análisis de sectores allegados al
movimiento zapatista, liderado por Marcos, este plan es “la antítesis
de los acuerdos de San Andrés”, para la pacificación del sur de
México, a los cuales el presidente Fox había manifestado su apoyo.
Tal como lo señalan algunas voces críticas en México, al gobierno
de Fox le urge la pacificación de Chiapas para poder llevar a
cabo el plan, lo que habría implicado el acondicionamiento de
las bases militares de San Quintín y Toniná para el desplazamiento
de tropas de despliegue rápido. Esta movilización hace temer a
los zapatistas un desenlace distinto a la solución pacífica del
conflicto.
Aparentemente, en el marco de la “seguridad” para las inversiones
del PPP, se encuentra un fuerte dispositivo militar para “sellar”
la frontera sur de México y evitar la migración hacia el norte.
Las autoridades consideran que entre 80% y 90% de los inmigrantes
ilegales no mexicanos deportados cada año por Estados Unidos proceden
de Centroamérica.
Hace dos semanas, Fox y los presidentes de Centroamérica acordaron
trabajar conjuntamente en el desarrollo del turismo, el comercio
y la educación, lo que afirmaron reduciría la pobreza y la inmigración
ilegal.
Según el postulado de Fox para México, y extendible a Centroamérica,
una mejora de las condiciones económicas convencería a los mexicanos
a quedarse en su país, así como a los centroamericanos a quedarse
en los suyos. Si eso no basta, para eso está el ejército.
El “sello” de la frontera sur de México implica un gasto anunciado
de unos 10 millones de dólares, en un esfuerzo para reducir el
continuo flujo de inmigrantes ilegales, drogas y armas que ingresan
al país en ruta hacia Estados Unidos.
El gobierno mexicano planea desplegar a numerosos guardias adicionales
y numerosos soldados en la región y remozar los 13 puestos de
control en la frontera con Belice y Guatemala.
No obstante, la militarización de la frontera sur mexicana ha
provocado la oposición del gobernador de Chiapas, Pablo Salazar.
Esta medida "sería contradictoria con nuestros principios, con
lo que históricamente hemos reclamado a nuestro vecino del norte
(Estados Unidos)”, dice Salazar.
Según la visión crítica, Estados Unidos habría seducido a la nueva
administración mexicana con sugerencias, promesas y no pocas presiones,
tendientes a generar la “solución mágica” del PPP para matar dos
pájaros de un solo tiro: contener la inmigración ilegal hispana
y concretar su hegemonía estratégica y comercial en la región.
|