Panamá, 24 de junio de 2001
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De vuelta al Cerro Ancón

TEXTOS: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIAS: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR R. LOPEZ ARIAS

Las fotografías son de los años comprendidos entre 1880 y 1889. Es el mismo sitio que se aprovechó para erigir primero el Hospital Central de Panamá. Este fue derruido para dar paso al que se llamó Ancón y después Gorgas. El edificio que aparece a vuestra izquierda era el utilizado para las cocinas. Así se puede leer en el letrero que lo acompaña. Eso sí, está escrito en francés. Vemos a algunos empleados, alumnos (allí existió una escuela) y a una de las monjas encargadas. Un par de eficientes señores se disponen a transportar unas ollas y detrás de ellos otros con las ya desaparecidas, pero muy útiles portaviandas. Enfrente de todo ello, viviendas de los empleados y oficinas. Qué lejos estaba la aparición de los grandes termos, los que después acabaron con la frialdad de la comida de los pobres pacientes.

Seguramente de todos es sabido que la palabra Ancón, en español, significa “una pequeña bahía, ensenada o entrada del mar en la tierra, y en donde pueden ciertos barcos fondear”.

Entonces, cuando decimos solamente Cerro Ancón, no nos estamos expresando del todo bien. Más correcto sería decir “Cerro del Ancón”. ¿De acuerdo? ¿No? Qué le vamos a hacer.

Pues bien, esa pequeña altura es mucho lo que representa porque es otro símbolo de nuestra identidad.

Menos mal que ahora el famoso cerro ha vuelto a ser de propiedad panameña (aunque, con todo respeto, a veces no sabemos de quién). Ojalá que no lo vayan a utilizar para colocarle unos rascacielos, un palacio de gobierno, un pueblito chino o un centro comercial.

En tiempos de nuestra conquista, dicen algunas lecturas y no sabemos si con razón, Francisco Pizarro se vino desde el Perú con varios barcos y decenas de soldados a ver si podía apoderarse del territorio de Panamá y para ello fondeó en el Ancón.

Por otro lado, cuántas cosas no nos podemos imaginar acerca del uso que nuestros primitivos indígenas hacían en ese lugar.

Siglos más tarde y cuando los franceses llegaron para tratar de construir un canal, en el cerro mencionado construyeron primero una casa para el director de la compañía canalera, Sr. Dingler. Este no pudo habitarla porque las enfermedades predominantes en el istmo (la malaria y la fiebre amarilla) acabaron con toda su apreciable familia.

Pero además construyeron algo más útil, un gran hospital, al que bautizaron como el Hospital Central de Panamá, pero que era llamado por el pueblo “hospital de Nuestra Señora del Cerro”.

El mismo William Crawford Gorgas (1854–1920), que lo alcanzó a conocer, se expresaba en forma, por lo demás, encomiable de esa institución francesa.

Vemos ahora los amplios corredores que co- municaban los diferentes edificios del mismo hospital, los que a su vez servían para que los enfermos am- bulatorios se sentaran a to- mar un poco de aire, ca- minar o conversar. Lástima que llegadas las tardes, los mosquitos tomaran control de los corredores, agravan- do con sus picaduras la ya peligrosa situación. La com- pañía se hacía cargo, a cam- bio de una exigua suma, del tratamiento de empleados y obreros. Un problema era que muchos enfermos no se reportaban por miedo a per- der el trabajo, por ignoran- cia o por no poderse co- municar. Otro mucho mayor era que por desconocimien- to de las autoridades, los mosquitos ponían sus hue- vos en los cúmulos de aguas existentes dentro de los mismos predios del hos- pital.

Médicos franceses, como Carcenar, Companyo, Pidoux y otros, más monjas de la misma nacionalidad, se encargaron de poner a funcionar el hospital.

Mas los franceses se fueron, por razones bien conocidas, para darle paso a los sobrinos del Tío Sam, quienes comenzaron a planear cómo construir una pequeña urbanización en lo más alto del cerro.

Pero no resolvían cómo subir hasta allá. Pensaron en variados tipos de trenes, pero los costos no les permitieron proseguir.

Por fin una carretera fue la lógica solución. El hospital francés desapareció para darle paso al que fue el primitivo Hospital Ancón (más tarde Hospital Gorgas y hoy Oncológico Nacional). En la cúspide quedó un complejo de uso meramente militar.

No quisiéramos recordar que allá en el cerro se encontró una cantera de la cual se extrajo piedra triturada que sirvió para ayudar a la construcción de las esclusas del canal.

¿Que por qué no lo queremos recordar? Pues para no dar ideas, no sea que a alguien se le ocurra un buen día dar el Cerro Ancón en concesión (como podría ocurrir con las playas) para la extracción de materiales para la construcción.

 
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