Panamá, 22 de junio de 2001
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¡Feliz cumpleaños, Zona Libre!

TEXTOS: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIAS: CORTESIA DE SU AUTOR, FRANK SCOTT
Para el tiempo en que fue captada esta fotografía, hábilmente lograda por nuestro buen y viejo amigo fotógrafo y aviador Frank Scott, la Zona Libre ya constaba de algunos pocos locales en las 14 hec- táreas de relleno asignadas. Sus oficinas administrativas quedaban en la planta ba- ja de uno de los cuatro edificios iguales que se ven al fondo. Ese edificio sede llevaba el nombre de Chagres y era pro- piedad del Instituto de Vivienda y Ur- banismo (IVU) de esos tiempos. Aún no estaba la cerca que mencionamos en el texto principal. El edificio de la Parke Davis es el del techo amplio. Aparecen también el edificio de Motta Internacional y el de Colon Import, de Clifford Maduro. Después se establecieron empresas co- mo la Pfizer, la Upjohn, la Squibb, Coca Cola, Becton Dickenson, Gillette y otras pocas más. Fuera del área restringida se observa el Colegio Abel Bravo y su gim- nasio, el estadio Mariano Bula, el Cuartel de los Bomberos y, más al fondo, uno de los muelles de Cristóbal. Frente al muelle se pensó en hacer un relleno, pero esto no pudo realizarse (ver Raíces del pa- sado domingo).

La Zona Libre de Colón cumple casualmente hoy 53 años de edad. Por ello, y por primera vez en siete años, Raíces ha dedicado dos números seguidos a conmemorar los orígenes de tan decisiva institución. Al mismo tiempo, tenemos algo más para mencionar, esta página llega a su edición número 350.

Habíamos quedado la semana pasada en la firma del decreto–ley que creó lo que nunca dejará de crecer. El proyecto de la Zona Libre había ido a la Asamblea Nacional, tal como es el debido proceder. Mas allí surgieron variados obstáculos, uno de los cuales era que cada honorable diputado quería una zona franca para su respectiva región.

Aprovechando un receso reglamentario del citado organismo, el presidente Enrique Jiménez decidió, para acelerar el proceso, crearla por medio de un decreto– ley.

El Gabinete ministerial de ese tiempo estaba formado por Jacinto López y León, en Gobierno y Justicia; Ernesto Jaén Guardia en Relaciones Exteriores; Manuel Varela Jr., en Educación; Guillermo Méndez Pereira, en Agricultura y Comercio; en Obras Públicas, Eduardo Icaza; en Trabajo, Previsión Social, y en Salud Pública, Catalino Arrocha Grael.

En la Gaceta Oficial respectiva omitieron al ministro de Hacienda y Tesoro, que si no estamos equivocados, era Galileo Solís.

El gobierno central optó por considerar que debería asignarle a la nueva entidad 300 mil balboas para que pudiera comenzar. Recordemos que el comercio colonense, si hubiese sido necesario, estaba dispuesto a aportar esa misma cantidad.

Habiendo finalizado el período de Enrique Jiménez, Arnulfo Arias Madrid asume la gestión presidencial.

El área que antes estaba vacía ahora se nota ocu- pada. Nuevas edificacio- nes como las de Tagaró- pulos, Peikard, la empresa licorera de los Fernández y Maffei, la Cía Henríquez, la de Herbert Toledano, Ford Lara y muchos más. El amplio terreno vacío en ese momento y al fondo, alojaba lo que era el ae- ropuerto Porfirio Meléndez y el edificio de su admi- nistración, hace tiempo desaparecido. Su desapa- rición dejó al área sin un aeropuerto propio, lo cual no tiene explicación dado el gran movimiento de car- ga de la Zona Libre.

Se nombra entonces a Silvio Salazar como primer gerente de la Zona Libre de Colón. El gobierno le entrega un cheque por 25 mil balboas para iniciar la actividad. Salazar deposita de inmediato aquello en el Banco de Colón, gerenciado por Basilio Ford, entidad que después pasó a ser la sucursal del Banco Nacional de Panamá.

Con parte de ese dinero, la Zona Libre pudo alquilar un bien dotado local, el del edificio Arboix. Se nombró a la primera junta directiva que estuvo formada por Agustín Cedeño, como presidente; Manuel J. Castillo, secretario y Herbert Toledano, tesorero.

La Cámara de Comercio de la ciudad capital tenía como representantes a Roberto Eisenmann, padre; a George Benett y a Galileo Solís como asesor.

Es entonces cuando Thomas Lyons, por iniciativa de la entidad, viene de nuevo a Colón.

Se asigna una nueva partida. Ya se necesitaba una cerca para aislar los negocios que funcionaban en lo que se conoció como las “zonitas”. La citada cerca la comenzó a construir la empresa Bilonik, mas la terminó Ferdinand Grebien a un costo de 95 mil balboas.

Habiendo caído el gobierno de Arnulfo Arias Madrid, Mario de Diego se convirtió en el nuevo gerente.

El primer edificio construido, ya dentro de los propios y cercados predios, fue el de la multinacional farmacéutica Parke Davis, que después se trasladó a otro país de la América Central.

Desde entonces el crecimiento de la Zona Libre ha sido constante, y con los nuevos, gigantescos y necesarios proyectos actuales, todo será como nadie se lo puede imaginar.

Hoy laboran 14 mil 400 empleados y existen mil 776 contratos firmados con las empresas allí radicadas. El área que abarca la Zona Libre actualmente es por lo menos cinco veces más grande que la Zona Libre que aparecen en nuestras fotos.

Todo Colón confía en que para el adelanto propio y el de la nación pronto todo aquello se transforme en un gigantesco centro de carga multimodal con instalaciones marítimas, aéreas, ferrocarrileras y de carreteras, como siempre debió ser.

Nuestras más expresivas gracias al gerente y al personal de Zona Libre, así como al viejo (¿?) y buen amigo Manolo Castillo por su colaboración.

 
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