De inconsistencias e incongruencias
¿Cómo no dudar de la capacidad de los gobernantes o de su verdadera intención al consultar a los empresarios?
Alberto B. Conte
Una de las actividades que más motivó mis nuevos días de “semirretiro” fue ser designado por la junta directiva del Consejo Nacional de la Empresa Privada -CoNEP- presidida por el ejecutivo Fernando Marques, como asesor, permitiéndome en consecuencia colaborar con la labor de los empresarios en la búsqueda de cambios para ajustar la economía nacional a los nuevos y difíciles tiempos.
Desde esta posición, me tocó aportar mi humilde experiencia para ayudar a definir las políticas de defensa de los intereses de los gremios miembros del CoNEP y participar en los comités de trabajo que conformaban la base de la investigación que permitiría hacer recomendaciones tanto al sector privado como al público. Las recomendaciones al sector público tendrían la importancia adicional de incidir profundamente en el devenir social, económico y político del país.
Mis vivencias en muchos foros nacionales, y que generaron serias y valiosas recomendaciones para enrumbar nuestra economía nacional, me enseñaron que no todo lo que yo creía bueno o conveniente era aceptado. Sin embargo, aquellas medidas acordadas en consenso se respetaban y se cumplían al pie de la letra, sin que se les introdujese cambios a menos que los mismos fueran nuevamente aprobados por todos los proponentes.
En los proyectos que atañían de manera exclusiva al ámbito privado, se procedía así y de manera inmediata. Lamentablemente, en lo que se refiere al sector oficial y a pesar de sus múltiples promesas de adoptar lo concertado, nunca se actuó en consecuencia. Debido a ello, las muchas horas empleadas, el voluminoso trabajo desarrollado, los ingentes costos pagados y la enorme esperanza burlada, son los únicos resultados que deja el trabajo realizado, además de la lógica pérdida de interés de participar en estos estériles ejercicios.
Esto ocurrió con los acuerdos Bambitos, Coronados, Visión 20-20, estrategia nacional de desarrollo y, más recientemente, vuelve a ocurrir con el foro para la rápida reactivación de la economía nacional, cuyas 58 iniciativas están atascadas en el légamo oficial.
Y ahora, ¿qué hacemos? ¿Cómo no dudar de la capacidad de los gobernantes para tomar acciones, o de su verdadera intención al perder el valioso tiempo de los empresarios? ¿Cómo considerar que hay consistencia en los planes oficiales si no hay ejecución? Finalmente, ¿cómo no desconfiar de la incongruencia oficial si para la reactivación de toda la economía del país aportan un capital de 20 millones de dólares, cuando para reparar buses viejos en la esperanza de mejorar el transporte colectivo, designan 30 millones de dólares sin hacer el menor esfuerzo para cobrar los 21 millones de dólares que en multas morosas tiene el sector transporte?
Aunque ya mi asesoría al CoNEP terminó, dadas las muestras de desinterés del sector oficial en realizar lo que ellos mismos han prohijado, les aconsejaría a mis antiguos compañeros empresarios que revisen y actualicen el esfuerzo realizado en marzo de 1999, en el trabajo titulado Propuesta del Sector Privado para una Estrategia Nacional de Desarrollo, y si están convencidos de que es la mejor fórmula, entonces ejerzan la presión ciudadana necesaria para que la misma sea una plataforma para constituir el proyecto nacional que tanto necesita Panamá.
El autor es empresario
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