Un
año más de la
Zona
Libre
TEXTO:
HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIAS: CORTESIA DE MANUEL J. CASTILLO
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Estos son, junto a los miembros de la Cámara de Comercio
colonense de aquellos tiempos, los verdaderos pioneros de
la Zona Libre de Colón. En el centro, el presidente de la
República, Enrique A. Jiménez (1945–1948). Su interés hizo
posible la realización de ese proyecto salvador. A su izquierda
aparecen Herbert Toledano (comerciante) y Manuel J. Castillo,
quien actualmente, y con sus noventa y pico de años, sigue
tan activo como siempre. A la derecha del mandatario están
Agustín Cedeño, presidente de la Cámara de Comercio atlántica,
y Galileo Solís, quien posteriormente fue ministro de Relaciones
Exteriores y de Hacienda. El también siempre creyó en Colón.
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Siendo presidente de la República Enrique A. Jiménez, se crea la
Zona Libre de Colón mediante el Decreto Ley No. 18 del 17 de junio
de 1948.
Raíces ha querido aprovechar la proximidad del cumpleaños número
53 de ese importante emporio comercial para recordar los detalles,
a los gestores y a los realizadores de esa empresa que, a pesar
de su medio siglo de existencia, apenas está comenzando a crecer.
El próximo domingo será precisamente la fecha para celebrar.
La historia de la actual Zona Libre comenzó en el año de 1946.
Sin embargo, hay antecedentes de que hubo otras “especies” de
zonas francas en el istmo.
Para 1931, en el área de Cristóbal y cerca de sus muelles, la
Ford Motor poseía edificios y bodegas en donde almacenaba autos,
camiones y piezas para ser re–exportadas.
Se recuerda a Gil Blas Tejeira, a Lucho Sayavedra, a Blas J. Celis
y a Eduardo Lanuza cuando trabajaban allí y, algunos años después,
en la recién fundada Zona Libre colonense. Aquel esbozo de “zonita
libre” finalizó en 1936.
Para esa época vivía en Estados Unidos un experto en zonas libres
de nombre Thomas Lyons, quien organizó las zonas francas de Nueva
Orleans y Seattle.
El Departamento de Comercio de su país lo envió a América Latina
para que estudiara sitios en donde se pudiera organizar una más.
El estudio fue remitido a Panamá, pero (qué cosa más extraña)
permaneció en las gavetas de cierto ministerio, sin que nadie
se interesara por él. En su informe recomendó, por su inigualable
posición geográfica, a nuestro principal puerto en la costa atlántica,
que nos imaginamos ustedes ya sabrán cuál es su nombre. Los engavetadores
pensarían probablemente: “¿Un estudio que favoreciera a Colón?
¡Por favor!”.
Afortunadamente, Agustín Cedeño –un abogado tableño, pero asentado
en Colón– encontró el olvidado informe y se lo llevó a su amigo
y copartidario, el presidente Enrique Jiménez, quien desde el
primer momento se interesó por el tema.
Además Cedeño se lo dio a conocer a la Cámara de Comercio de aquella
ciudad. Esta entidad funcionaba en el viejo edificio Arboix frente
al parque conocido como de los “aburridos”.
Algunos de los miembros de esa cámara era Antonio Tagarópulos,
Mario Julio, Ferdinand Grebien, el Dr. Carlos Reyna, el buen amigo
Osses, cuyo nombre, con perdón, no acude a nuestra memoria.
También la integraban José van Beverhoudt padre, Luis H. Ducruet,
Julio Salas, William T. Lum, Juan Palomeras, Bob Leigh y Galileo
Solís (también abogado con oficinas en Colón y futuro asesor),
John Bennett, Max Bilgray (gran gringo colonense), Edward Henríquez.
Nuevamente perdón por aquellos que hayamos olvidado mencionar.
El presidente Jiménez consiguió que el experto Thomas Lyons volviera
a visitar Colón.
Este escoge una franja del océano paralela a la Avenida del Frente,
que iba desde el extremo de los muelles de Cristóbal hasta lo
que fue el Club de Extranjeros y que comprendía 100 hectáreas
que se habrían de rellenar (ver una de las ilustraciones) para
poder hacer factible el plan.
Mas esa zona había sido cedida por Colombia, mediante tratados,
durante la construcción del ferrocarril, lo cual para entonces
no se podía reformar.
Es digno de anotar que entre el comercio colonense ya se habían
colectado los 300 mil dólares que se calculaba costaría el relleno
arriba mencionado. En sus inicios se pretendía que la Zona Libre
fuera un proyecto no gubernamental.
A todo esto, a ciertos estamentos capitalinos oficiales y privados
(cosa rara en nuestro medio) no les interesaba o simplemente se
oponían al ambicioso proyecto.
En la próxima edición, les tendremos más fotos y datos sobre este
interesante tema.
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