Panamá, 12 de junio de 2001
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Unas grúas sin motor

Guillermo A. Cochez

Cada vez se sorprende uno más de la capacidad e inventiva que demuestran los funcionarios público para resolver los problemas que se les plantean o que ellos mismos generan, por la arbitrariedad con que atienden los asuntos a ellos confiados. Su creatividad llega a unos extremos que hace que nos preguntemos si estamos de vuelta en la época de las cavernas o si creen que los panameños nos estamos chupando los dedos y somos una partida de estúpidos y morones.

Los problemas que ha tenido la subadministradora García para explicar su actuación al no respetar el contrato suscrito entre la Autoridad Marítima de Panamá —firmado por el propio administrador Jerry Salazar— y la empresa Suministros Los Andes, S.A. para suministrar ocho grúas fijas con bomba hidráulica marca National para el Puerto de Vacamonte, han llegado a su fin. Gracias a Dios que todo ha sido aclarado.

Según declaraciones de Bertilda García Escalona al periodista Herasto Reyes y que aparecieron el 30 de mayo en la plana 2 del diario La Prensa, en el concurso de precios para proveer las grúas que con urgencia se requerían en ese puerto, habían participado dos empresas, cotizando Suministros Los Andes S.A. dos mil dólares menos que su competidora. “Pero es que las grúas ofrecidas por TIESA (el segundo concursante) tenían motor y las de Suministros Los Andes no, por eso eran más caras”, aclaró García.

Finalmente la ciudadanía podía entender las razones por las que le habían quitado las ocho grúas a Suministros Los Andes, desconociendo el contrato suscrito con dicha empresa por el administrador Salazar, a pesar de que la partida del presupuesto ya estaba comprometida, se tenía la aprobación de la Contraloría y del CENA. El contrato nunca fue rescindido, ni se argumentó ninguna razón para hacerlo.

El problema radicaba en que las grúas ofertadas por Suministros Los Andes no tenían motor y por eso podían cotizarse en dos mil dólares menos que las de TIESA, empresa que llegó en segundo en el concurso.

¡Imagínense qué barbaridad: las grúas no tenían motor! Es como comprar un carro nuevo a una agencia y que tengamos que verificar si tiene o no motor.

¿Cómo serían las grúas fijas entonces? ¿Serían manuales? ¿Tendrían que usar carbón, como en los tiempos de la revolución industrial?

Este argumento, además de absurdo, resulta totalmente irracional. ¿Acaso se puede vender un auto que no tenga motor o nave que no pueda navegar? Lo mismo ocurre con una grúa. Si ésta no tiene motor, deja de ser grúa para convertirse en un caparazón de metal o en una chatarra.

Lo peor del asunto es que el contrato de las grúas sin motor de Suministros Los Andes lo firmó Jerry Salazar, el administrador titular de la institución; mientras que la nota del CENA donde se dejaba constancia de la regularidad del proceso la firmaba el entonces viceministro de Economía, Ricardo Quijano.

¿Qué clase de funcionarios serían Salazar y Quijano para dejarse engatusar tan fácilmente como para permitir que la Autoridad Marítima comprase una grúas sin motor?

En el absurdo supuesto que ello fuera así, tendríamos que preguntarnos entonces ¿qué dictamen técnico de la AMP habría certificado que las grúas de Suministros Los Andes, descritas en el contrato que se pretende irrespetar como “Grúas National, Modelo 50 con bomba hidráulica”, con manual que se adjuntó con las especificaciones de dichas grúas, carecían de motor? ¿Acaso basta con decir que en la cotización no se especificaba que las grúas no tenían motor?

La nota del CENA, de fecha 21 de marzo de 2000, dirigida a Jerry Salazar por Ricardo Quijano, como viceministro de Economía y secretario Técnico del Consejo Económico Nacional (CENA) decía que el CENA “por votación unánime, emitió concepto favorable a la solicitud de excepción de procedimiento de acto público y autorización para contratar directamente con la empresa Suministros Los Andes, S.A., para adquirir ocho (8) grúas fijas que serán utilizadas en el Puerto de Vacamonte”.

Al aceptar este caso, conversé con la subadministradora de la AMP, pero no logré convencerla de que sus argumentos carecían de sustento jurídico. La misma suerte corrí con Ricardo Quijano, quien me comentó que él personalmente revisó toda la documentación de las grúas en cuestión, informándome que su precio resultaba inferior al programado por la AMP para dicho concurso y que las grúas ofertadas eran de la misma marca que durante 25 años ha tenido Vacamonte. Nunca se mencionó si se trataba de grúas con o sin motor.

Por lo visto, no solo engañaron a Quijano y a Salazar —por no decir otra cosa—, sino que también engatusaron a los otros asistentes a la reunión donde se produjo la aprobación del contrato, entre los que se encuentran representantes de la misma Contraloría General.

Definitivamente que el cuento de las grúas sin motor se lo tendrán que echar a la fiscal Cecilia López, encargada de la Fiscalía Primera Anticorrupción, que es donde ha quedado radicada la denuncia criminal que a nombre de Suministros Los Andes interpusimos en contra de la subadministradora de la Autoridad Marítima por los supuestos delitos de abuso de autoridad, extralimitación de funciones y peculado de uso. Espero que la fiscal López no haya tenido nunca la experiencia de que al comprar un vehículo y tratar de arrancarlo se haya encontrado con la sorpresa de que éste no tenía motor.

El autor es abogado


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