Panamá, 12 de junio de 2001
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Una ejecución casi pública

McVeigh enfrentó su muerte sin ninguna palabra de disculpa por el acto terrorista que ejecutó

Grupos que apoyan la pena de muerte, se manifestaron frente a la penitenciaria federal de Terre Haute mientras se llevaba a cabo la ejecución de McVeigh.

WASHINGTON, DC (Servicios internacionales). —Imágenes del atentado retransmitidas hasta la saciedad, desfiles ante cámaras de las familias de las víctimas y de los testigos de la ejecución: las cadenas de televisión estadounidense le dieron carácter público a la ejecución ayer lunes de Timothy McVeigh para intentar exorcizar el drama nacional por el atentado de Oklahoma City.

Con excepción del momento mismo de la muerte, los televidentes pudieron seguir casi segundo a segundo el antes y el después de la ejecución de McVeigh.

McVeigh fue declarado muerto a las 07:14 locales (12:14 GMT) sin hacer ninguna declaración antes de su ejecución, anunció el director de la penitenciaría de Terre Haute (Indiana), Harley Lappin.

Sin embargo, dejó una declaración escrita: el poema Invictus, que el victoriano William Ernest Henley escribió en 1875, y que culmina: “Soy el amo de mi destino; Soy el capitán de mi alma”.

A las 07:00 locales (12:00 GMT), le fueron inyectadas tres drogas por vía intravenosa en la pierna derecha, ante la presencia de una treintena de testigos, entre ellos sus dos abogados, y 10 sobrevivientes y familiares de víctimas del atentado.

Autoproclamado un cruzado antigobiernista, McVeigh se mantuvo desafiante hasta su amargo final, y enfrentó su muerte sin ninguna palabra de disculpa ni arrepentimiento por el acto terrorista que ejecutó.

“La parte más escalofriante fue que él se tomó el tiempo para mirar a cada uno de nosotros a los ojos”, dijo Susan Carlson.

Cuando la primera de las tres drogas le fue administrada, los ojos de McVeigh, que habían estado bien abiertos y focalizados, comenzaron a desorbitarse. McVeigh tomó un par de fuertes suspiros después de que la segunda droga fue bombeada mediante una aguja intravenosa a su pierna derecha, y a las 07:14 murió.

Reacciones

El presidente estadounidense, George W, Bush, afirmó que la ejecución de McVeigh, fue “un acto de justicia, no de venganza”.

“Un hombre joven encontró el destino que había escogido para sí mismo hace seis años”, dijo Bush, al leer una breve declaración cerca de una hora después de que McVeigh fue ejecutado.

“Conforme a las leyes de nuestro país, el caso terminó”, declaró el mandatario ante la prensa. “Las víctimas del atentado de Oklahoma City no obtuvieron venganza, sino justicia”, añadió.

Sin embargo, organizaciones de todo el mundo expresaron su indignación tras la ejecución, si bien algunas se felicitaron de que impulse el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos.

Entre las reacciones, se contaba la condena de esa “retrógrada” por parte de Amnistía Internacional, que reprochó a Estados Unidos haber dejado a “la venganza triunfar sobre la justicia”.

En Francia, país que encabeza la campaña contra la pena de muerte, el presidente de la Liga de los Derechos Humanos, Michel Tubiana, habló de “una historia terrible en todos los aspectos” y un “circo mediático desprovisto de todo alcance informativo”.

El último mensaje de Timothy McVeigh

Timothy McVeigh no hizo ninguna declaración antes de ser ejecutado, pero dejó como último mensaje un poema de William Ernest Henley (1849-1903), poeta inglés largamente olvidado.

A continuación la traducción literal del poema Invictus, de William Ernest Henley:

Desde la noche que sobre mi se cierne,
Negra como su insondable abismo,
Agradezco a los dioses, si existen,
Por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia,
Nadie me vio llorar ni pestañar.
Bajo los golpes del destino,
Mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira,
Yacen los horrores de la sombra,
Pero la amenaza de los años
Me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
Cuán cargada de castigo la sentencia;
Soy el amo de mi destino;
Soy el capitán de mi alma.


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