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Los tentáculos de la política  
De aviación, política y otros desastres

En 1994, el secretario de Transporte de Estados Unidos, Federico Peña, dio a conocer el resultado de las inspecciones de la FAA, y Panamá obtuvo la categoría 1

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

Se suele decir que los males nunca vienen solos, y analizando la situación de la economía panameña, el desempleo, la baja recaudación fiscal y las crecientes crisis institucionales, parece que el dicho se aplica perfectamente a nuestro medio. Un área en la que no se esperaban especiales sobresaltos, la aviación, se ha sumado recientemente a la penosa realidad nacional. Panamá ha sido degradada de categoría en lo que concierne a “seguridad aérea” (ver recuadro).

Como es del conocimiento público, la FAA -agencia estadounidense que regula la seguridad aérea de ese país y que fiscaliza la situación de los países a los que llegan sus aviones- decidió degradar a Panamá de la categoría 1 a la 2, causando un revuelo en la aviación nacional y una desagradable e inesperada sorpresa a todos los que viven del sector.

Un poco de historia

En 1944, y con la firma de lo que se conoce como el “Convenio de Chicago”, se crea la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI por sus siglas en inglés), que luego pasa a formar parte del sistema de Naciones Unidas (ONU), con el mandato expreso de regular la aviación civil en los países que la conformaban.

Panamá pasó a formar parte de la OACI a partir de la ratificación del Convenio de Chicago en 1959 (firmado desde 1952), y hasta la creación de la Dirección de Aeronáutica Civil en 1969, la actividad era atendida en nuestro país por cuatro funcionarios desde una oficina del Ministerio de Gobierno y Justicia.

Precisamente, la creación de una institución independiente y autónoma del Gobierno para dirigir la aviación civil, puso a Panamá en la vanguardia de los procesos de modernización del sector. Muchos países de la región copiaron el modelo y nuestra reglamentación en la materia que, entonces y hasta no hace mucho, era de avanzada.

En 1992, y luego de un trágico accidente aéreo sufrido por una aereolínea latinoamericana en Nueva York, la FAA da la voz de alarma al mundo en el sentido de que los signatarios del Convenio de Chicago (los miembros de la OACI) no estaban cumpliendo con sus obligaciones en materia de seguridad aérea. Inicia entonces, de forma unilateral, el programa IASA, por sus siglas en inglés (International Aviation Safety Assesment), asignando a cada país una categoría, según cumplieran o no con los requerimientos del convenio de la OACI. La lista se divulga mundialmente en 1994, y a Panamá se le asigna la categoría 1.

Deterioro creciente

A pesar de la creación de la DAC y de que Panamá era considerada un modelo en el área, el inicio del deterioro de la institución se da casi desde el momento mismo de su creación, y muy especialmente durante los últimos años de la década del 80. Además, si bien los inspectores de la FAA han estado viniendo a Panamá al menos dos veces al año, nunca hubo un cumplimiento completo del convenio de la OACI (y sus anexos). Sin embargo, y como ya es sabido, la FAA le asigna a Panamá la categoría 1, privilegio que por lo visto no hemos sabido mantener.

Al preguntar las razones por las cuales se obtuvo esta buena calificación que al parecer no merecíamos del todo, una fuente ligada a la industria afirmó a La Prensa que “nos ayudó el hecho de tener especiales relaciones con Estados Unidos; de ser esa especie de protectorado... nunca se nos hizo una verdadera inspección...”

Unido a esta especie de “buena categoría ficticia”, el deterioro de la institución crecía. Cuando fue creada en 1969, había 4 técnicos por 1 administrativo. Hoy, con una imparable politización, la institución cuenta con 10 administrativos por cada técnico como consecuencia del “reparto del pastel político”. Pero además, ese número excesivo de funcionarios del área administrativa no ha sido un sostén eficiente para la operación de la DAC. Los criterios políticos, completamente alejados de la capacidad y preparación del personal nombrado, han ido empeorando la situación.

Para citar solo un ejemplo, hace poco la Dirección de Navegación Aérea de la DAC -que controla el espacio aéreo de Panamá- envió una nota al nuevo director, capitán Jorge Rodríguez, en la que le informaba que la administración no estaba brindando un apoyo eficiente a sus tareas.

Ventajas de las relaciones públicas

Como consecuencia de la categorización unilateral de la FAA, la OACI decide actuar y empieza un proceso de fiscalización, complementado con asesoría y ayuda a los países en problemas. Lo cierto fue que por razones de orgullo nacional, a ningún país le había caído bien esta especie de “lista negra” hecha por Estados Unidos; como reacción, impulsaron la acción de la OACI, a la que, después de todo, pertenecían como Estados miembros.

En lo que a Panamá respecta, se incrementan los acuerdos de cooperación y asistencia técnica entre la OACI y la DAC, liderando nuestro país -junto a Argentina, Brazil y Chile- los proyectos regionales de seguridad operacional.

Así llegamos a 1994, cuando, como parte de un gobierno PRD, es designado director de la DAC Eustacio Fábrega, quien al inicio de su mandato toma un curso especializado en Gestión de Administración de Aviación en Montreal, Canadá, gracias a la asistencia técnica de la OACI. Allí, logra conocer bien las instancias de la agencia internacional, los vericuetos del mundillo de la aviación civil internacional, y entra en contacto con personas influyentes del sector, incluyendo por supuesto la FAA.

Al asumir la dirección de la DAC, Eustacio Fábrega se destacó por llevar a cabo una intensa y muy eficiente campaña de relaciones públicas con todas las instancias internacionales del sector, logrando que la FAA no hiciera nunca una completa inspección a Panamá durante su mandato -a pesar de sus continuas visitas-, ni se le exigiera al país un cumplimiento total de los acuerdos de la OACI y sus anexos.

Como muestra de sus buenos contactos internacionales, Eustacio Fábrega pasa a ser primero vicepresidente y luego presidente de la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil (CLAC), máximo organismo político y técnico de la región; y logra la instalación en Panamá del Instituto Panamericana de Aviación Civil (IPAC), que hoy languidece.

Al parecer, pues, y a pesar de que el proceso de deterioro continuaba por obra y gracia de los gajes de la política criolla, Panamá -en la persona del director de la DAC- seguía siendo para todos la estrella del área.

De 1 a 2

Apenas unos días antes del cambio de gobierno- el 17 de agosto de 1999-, justo en el acto de inauguración de las instalaciones del IPAC, Eustacio Fábrega firma con el representante de la OACI, Renato Costa Pereira, un nuevo convenio de asistencia y cooperación, que no es otra cosa que la evidencia de que había mucho que hacer si no queríamos perder nuestra categoría 1 y que las relaciones públicas no eran suficientes.

Entre otras cosas, y especialmente en el área de “seguridad aérea” que nos ha puesto en problemas con la FAA, el Convenio establecía la necesidad de aprobar una nueva legislación, revisar los procedimientos de otorgamientos de licencias al personal que inspecciona las operaciones de servicios aéreos, el registro nacional de aereonaves, y un largo etcétera.

Cuando La Prensa le preguntó si a su salida en 1999, la situación de la “seguridad aérea” de la aviación civil panameña estaba al día o no, el anterior director de la DAC, Eustacio Fábrega, contestó que, “estábamos bien... Yo había estado negociando con Estados Unidos un nuevo Convenio de Cielos Abiertos que se firmó finalmente en 1997... en un proceso de negociación de esa naturaleza, ellos no podían meterse con Panamá. Además, cumplí al presentar a la Asamblea una propuesta de ley que no prosperó. Mi trabajo fue una “pequeña cancillería”, que trajo muchas ventajas a Panamá; éramos la estrella del área... Esta pérdida de categoría no me hubiera pasado nunca a mí..”.

Consecuencias

1- La degradación de Panamá a categoría 2 en lo que se conoce como “seguridad aérea”, se refiere únicamente a los Anexos 1, 6 y 8 del Convenio de la OACI que guardan relación con tres aspectos específicos:

a- Licencias de personal: implica el establecimiento y ejecución de rígidos procedimientos para la obtención de licencias que permitan ejercer como inspectores de la DAC.

b- Operación de aeronaves: se refiere a los procedimientos de operación, así como a la regulación y los requisitos para operar de las aeronaves.

c- Mantenimiento de las condiciones de aereonavegabilidad: inspecciones que se llevan a cabo para comprobar el mantenimiento de las aeronaves.

2- A pesar de lo que se ha dicho públicamente, la calificación no incluye la seguridad de los aeropuertos, tema que está pendiente para una próxima inspección y para lo cual la actual administración deberá tomar precauciones.

3- Las consecuencias económicas de la degradación para las aereolíneas panameñas pueden llegar a ser grandes. Por lo pronto, ni COPA ni DHL Panamá, pueden ampliar sus destinos en Estados Unidos, y COPA tiene además el problema del código compartido con Continental.

4- Tocumen y Howard han sufrido una devaluación para futuros procesos de privatización

 
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