Panamá, 29 de mayo de 2001
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De armas, silencios y otros tráficos

Hablan militares, ex embajadores, ministros. El asunto del tráfico de armas argentinas hacia Croacia, utilizando a Panamá como vértice del triángulo, ha comenzado a develar verdades. Aquí nada se ha investigado oficialmente al respecto

ARISTIDES CAJAR PAEZ Y HERASTO REYES
invest@prensa.com

Juan Bautista Yofre, embajador argentino en Panamá en 1991, señaló el pasado 18 de mayo de 2001 a medios de prensa de Buenos Aires que la venta de armas argentinas, con el supuesto destino hacia Panamá, del tipo que aparece descrito en los decretos firmados por el entonces presidente Carlos Menem, era “virtualmente imposible”, porque este país "ni podía ni estaba en condiciones de comprar armas de guerra".

Se trata de una de las últimas revelaciones en el caso del desvío de armas argentinas hacia Ecuador y Croacia, entre 1991 y 1995, con destinos supuestos hacia Panamá y Venezuela, amparadas con documentos de pedido aparentemente falsos.

La versión de Yofre choca frontalmente con lo defendido hasta el momento por el expresidente Menem, quien asevera que al firmar los decretos "secretos", que autorizaban la venta, no le había levantado sospechas de que Panamá quisiera comprar estas armas puesto que si bien este país no tenía ejército "tiene una policía altamente especializada, por el narcotráfico".

Una versión similar había defendido su entonces ministro de defensa Antonio Erman González, ahora detenido por este hecho, en el sentido de que era "mentira" que Panamá no tuviera ejército, porque según señaló "tiene Guardia Nacional". Además, aseguró que las armas que se definían en el decreto "no eran armas pesadas".

La situación de Menem se complicó también con las declaraciones del controvertido ex coronel argentino "carapintada" Mohamed Alí Seineldín, en el sentido de que Carlos Menem era el jefe de la operación de desvío de armas y que se había beneficiado de todo ello. Seineldín brindó esas declaraciones a la prensa el pasado 21 de mayo del 2001 y ese mismo día las ratificó ante el juez Jorge Urso, quien ha estado a cargo del caso durante más de dos años.

Seineldín dijo que presentó ante la justicia argentina pruebas de sus dichos, generadas a través de una investigación que desarrolló por su cuenta desde la cárcel militar de Campo de Mayo, donde permanece recluido tras la última intentona golpista en ese país protagonizada por él el 3 de diciembre de 1990.

Menem ha sido citado a declarar ante la justicia el 13 de julio del 2001 como sospechoso de haber sido el jefe de una asociación ilícita para desviar el envío de armas argentinas al extranjero.

Tanto Yofre ("Tata" Yofre, como se le conoce en los círculos políticos argentinos) como Seineldín tienen razones para conocer de lo que hablan. Si bien ambos se han revelado como desencantados y hasta resentidos con Menem, por razones distintas cada uno, sus vinculaciones con Panamá confieren peso a su testimonio sobre lo que pudo haber pasado en este país en 1991, en relación con estos movimientos.

Yofre

Yofre no era simplemente un embajador más. Tata Yofre había sido, hasta 1990, nada menos que el jefe civil de la Secretaría de Inteligencia argentina (SIDE), entidad que debía conocer sobre todos los asuntos de seguridad e inteligencia del país austral. Según Yofre, él reveló a los periodistas la semana pasada, tras su renuncia, que habría querido zafarse del gobierno menemista, sin embargo algo pasó. Menem, hasta su asunción como presidente un crítico de Estados Unidos, tuvo ya en su cargo un encuentro con el vicepresidente estadounidense Dan Quayle, quien le habría dicho : "no te olvides de Panamá", a la sazón, aún en proceso de recomposición de sus instituciones tras la invasión estadounidense, y sin muchas representaciones diplomáticas extranjeras en ese entonces.

Menem le habría respondido a Quayle: "Voy a designar a uno de los hombres de mi íntima confianza" y a despecho de sus deseos, Tata Yofre es nombrado en Panamá. Yofre arriba a Panamá en enero de 1990 y se impresiona con el panorama de un país virtualmente ocupado por las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Yofre narra que, en el marco de las "visitas de cortesía", propias de su función diplomática, se entrevistó con el entonces jefe de la Fuerza Pública panameña, Eduardo Herrera Hassán. Según cuenta, Herrera, cuya oficina se encontraba "al lado de la del enlace militar estadounidense" en esa época, le dejó entrever "recelos y críticas al gobierno de (Guillermo) Endara”. De lo dicho por Herrera “vaticiné que marchaba en dirección de un intento de golpe de Estado. Así lo informé a la cancillería (argentina), en un cable cifrado”.

"Fui a actos de finalización de cursos de oficiales de policía panameños y a sus formaciones", cuenta Yofre. "Vestían como policías norteamericanos (con cierto toque latino), usaban armas cortas y escopetas, carecían de toda clase de arma pesada", resalta Yofre.

Yofre señala que a través de los diarios panameños se enteró de que el país necesitaba lanchas para custodiar su litoral marítimo y realizó algunas diligencias ("tanteos", las llama él), para ofrecer "dotaciones usadas por la prefectura naval" argentina.

Luego de esto, el entonces embajador estadounidense en Panamá, Deane Hinton, lo llamó y le dijo "en el lenguaje propio de un virrey", que ese material sólo sería provisto por los Estados Unidos.

Subraya Yofre que siempre tuvo "excelentes relaciones" con el presidente Endara y con el vicepresidente Guillermo Ford, pero recuerda que la relación con el primer vicepresidente y Ministro de Gobierno y Justicia Ricardo Arias Calderón fue tensa, debido a la "desconfianza" manifestada a Yofre en virtud de su anterior cargo al frente de la inteligencia argentina.

Yofre insiste en que debido precisamente a su pasado como jefe de inteligencia de su país, así como en virtud de la buena relación con el Gobierno panameño, “de haber tenido el Gobierno panameño algún interés en adquirir armas a la Argentina, el primero en saberlo hubiera sido yo y nadie más”.

Seineldín

Mohamed Alí Seineldín es uno de los pocos militares argentinos, que hasta el día de hoy recuerda con gratitud y aprecio a Manuel Antonio Noriega. Ahora se ha convertido en una pesadilla para el expresidente Menem en el caso del desvío de armas. Seineldín señala que Menem se prestó para facilitarle a Estados Unidos el aprovisionamiento de armas para el ejército de Croacia, a fin de inclinar la balanza de fuerza en los Balcanes hacia este grupo y lograr neutralizar a los serbios en 1991.

Impulsivo, controvertido, deliberante, Seineldín fue uno de los líderes del sector rebelde del ejército argentino, los "Carapintadas", lo que lo convirtió en proscrito y le valió la reclusión de por vida en Campo de Mayo por la intentona golpista de 1990.

Seineldín se siente traicionado por Menem, quien lo llamaba "paisano" hace uno años debido al origen libanés de ambos, pero que no lo ayudó a evitar la prisión, siendo el único militar golpista que no fue perdonado y que aún está tras las rejas.

El gobierno de Raúl Alfonsín temía a Seineldín por ser jefe de comandos, veterano de la guerra de las Malvinas y además "carapintada" y que por tal razón, a principios de 1985, lo mandó a Panamá, para mantenerlo lejos de Argentina.

En realidad, esto provocó que se creara un fuerte vínculo de Seineldín con Panamá, a través de nada menos que Manuel Antonio Noriega, en ese entonces comandante de las Fuerzas de Defensa. Según cuenta el periodista Daniel Santoro, quien lo entrevistó en diciembre del 2000, Seineldín no se dedicó en Panamá "a la diplomacia sino a adiestrar la Fuerza de Defensa". Según la versión publicada en la revista Gatopardo de marzo de 2001, la misión de Seineldín "debía durar hasta 1986, pero Alfonsín la extendió hasta 1988".

Seineldín estaba agradecido con Noriega porque éste le dijo que había abortado un plan para asesinarlo, fraguado supuestamente por los servicios de inteligencia argentinos y ex montoneros radicados en Panamá. Un viejo dirigente peronista llegó a Panamá en 1988 y le encargó a Seineldín la preparación de una visita que el candidato Carlos Menem supuestamente realizaría a Panamá. Pero Menem no vino, para que no lo vincularan con el levantamiento carapintada de Villa Marteli, en diciembre de ese año, y que Seineldín le había anunciado a Menem para "reorganizar" las fuerzas armadas y ponerlas a su disposición, una vez obtuviera el poder por los votos.

Aunque Noriega le ofreció una casa y un carro, Seineldín cumplió su palabra y abandonó Panamá en 1988, luego de organizar aquí una escuela de comandos. Solo aceptó una pistola rusa Makarov, por parte del panameño.


Un asunto no investigado

Es una historia larga. Viene desde principios de la última década del siglo pasado. Habla de tráfico ilegal de armas, de triangulaciones, de certificados de destino final; habla de Argentina-Panamá-Croacia.

Cuenta que se otorgó o se falsificó el pasaporte panameño de Diego Emilio Palleros, el militar argentino cabecilla del tráfico de armas, quien recorrió el mundo amparado con la nacionalidad panameña, cuando las autoridades de su país lo reclamaban por los delitos de tráfico de armas y afines.

Palleros visitaba con mucha frecuencia las oficinas del Ministerio de Gobierno y Justicia de Panamá en 1991. José Miguel Alemán, entonces viceministro del ramo, lo recibía. En ese cabildeo Palleros obtuvo documentos que le permitieron, mediante falsificación o alteración, según dice Alemán, que las autoridades argentinas asumieran que el destino final de las armas era Panamá.

También por aquellos años, el argentino obtuvo el citado pasaporte panameño, cuyo número (N 15- 368) correspondía al de un ciudadano de origen chino con más de 30 años de vivir en Panamá. El registro (número perforado) correspondía al pasaporte otorgado a una joven de 20 años, residente en Santa Librada, San Miguelito. El “panameño” Palleros, detenido en Sudáfrica, optó por contar sus verdades, así como lo han hecho en Buenos Aires muchos de los protagonistas de esta historia.

Dentro del largo proceso sobre el caso, el ministro bonaerense Antonio Erman González mencionó a Alemán como la persona que expidió los pedidos de armas a Argentina.

En el expediente judicial de la investigación sobre el tráfico de armas argentinas existen, aportadas por González, ‘‘copias del certificado de pedido de armas del viceministro de Gobierno y Justicia de Panamá, José Miguel Alemán, avaladas por la sección consular de la embajada argentina en Panamá, que originó el decreto 1697/91, y de la nota del encargado de negocios de la Embajada de Panamá en Argentina, Alcibíades Ramos Simons, que dio origen al decreto 2283/91, con la habilitación y legalización correspondientes’’.

Alemán sostuvo que certificados de destino final para la compra de armas, como tales, no hubo. Estos documentos, si se expedían con la normativa legal de por medio, debían ser firmados por el ministro y viceministro de Gobierno.

Alemán dice que no recuerda haber firmado ningún pedido de armas a Argentina cuando era viceministro. Lo que sí firmó, y esto lo recuerda porque en 1995 un funcionario del Ministerio de Gobierno y Justicia le mostró una copia, fue una carta de cortesía, ‘‘dirigida a los señores de Fabricaciones Militares’’, una empresa del ejército argentino, mediante la cual el ministerio se comprometía a considerar una compra ante una eventual cotización que esa empresa hiciera.

Ramos Simons y Alemán han dicho que ellos no tienen nada que ver con el asunto de las armas. Alemán, incluso, fue exhortado a declarar en el juicio de Buenos Aires.

Lo real fue que Panamá era un vértice de papel, clave en el trasiego ilegal de armas de Argentina a Croacia. Sin embargo, las autoridades panameñas no han investigado absolutamente nada sobre este grave hecho.

Tampoco han investigado nada en relación al pasaporte panameño de Palleros. Ni la Dirección Nacional de Pasaportes del Ministerio de Gobierno y Justicia, ni el Ministerio Público se han ocupado de esclarecer la verdad. Todo ha quedado bajo un manto de oscuridad...

 
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