De
armas, silencios y otros tráficos
Hablan
militares, ex embajadores, ministros. El asunto del tráfico
de armas argentinas hacia Croacia, utilizando a Panamá
como vértice del triángulo, ha comenzado a develar
verdades. Aquí nada se ha investigado oficialmente al respecto
ARISTIDES
CAJAR PAEZ Y HERASTO REYES
invest@prensa.com
Juan Bautista
Yofre, embajador argentino en Panamá en 1991, señaló
el pasado 18 de mayo de 2001 a medios de prensa de Buenos Aires
que la venta de armas argentinas, con el supuesto destino hacia
Panamá, del tipo que aparece descrito en los decretos firmados
por el entonces presidente Carlos Menem, era virtualmente
imposible, porque este país "ni podía
ni estaba en condiciones de comprar armas de guerra".
Se trata de
una de las últimas revelaciones en el caso del desvío
de armas argentinas hacia Ecuador y Croacia, entre 1991 y 1995,
con destinos supuestos hacia Panamá y Venezuela, amparadas
con documentos de pedido aparentemente falsos.
La versión
de Yofre choca frontalmente con lo defendido hasta el momento
por el expresidente Menem, quien asevera que al firmar los decretos
"secretos", que autorizaban la venta, no le había
levantado sospechas de que Panamá quisiera comprar estas
armas puesto que si bien este país no tenía ejército
"tiene una policía altamente especializada, por el
narcotráfico".
Una versión
similar había defendido su entonces ministro de defensa
Antonio Erman González, ahora detenido por este hecho,
en el sentido de que era "mentira" que Panamá
no tuviera ejército, porque según señaló
"tiene Guardia Nacional". Además, aseguró
que las armas que se definían en el decreto "no eran
armas pesadas".
La situación
de Menem se complicó también con las declaraciones
del controvertido ex coronel argentino "carapintada"
Mohamed Alí Seineldín, en el sentido de que Carlos
Menem era el jefe de la operación de desvío de armas
y que se había beneficiado de todo ello. Seineldín
brindó esas declaraciones a la prensa el pasado 21 de mayo
del 2001 y ese mismo día las ratificó ante el juez
Jorge Urso, quien ha estado a cargo del caso durante más
de dos años.
Seineldín
dijo que presentó ante la justicia argentina pruebas de
sus dichos, generadas a través de una investigación
que desarrolló por su cuenta desde la cárcel militar
de Campo de Mayo, donde permanece recluido tras la última
intentona golpista en ese país protagonizada por él
el 3 de diciembre de 1990.
Menem ha sido
citado a declarar ante la justicia el 13 de julio del 2001 como
sospechoso de haber sido el jefe de una asociación ilícita
para desviar el envío de armas argentinas al extranjero.
Tanto Yofre
("Tata" Yofre, como se le conoce en los círculos
políticos argentinos) como Seineldín tienen razones
para conocer de lo que hablan. Si bien ambos se han revelado como
desencantados y hasta resentidos con Menem, por razones distintas
cada uno, sus vinculaciones con Panamá confieren peso a
su testimonio sobre lo que pudo haber pasado en este país
en 1991, en relación con estos movimientos.
Yofre
Yofre no era
simplemente un embajador más. Tata Yofre había sido,
hasta 1990, nada menos que el jefe civil de la Secretaría
de Inteligencia argentina (SIDE), entidad que debía conocer
sobre todos los asuntos de seguridad e inteligencia del país
austral. Según Yofre, él reveló a los periodistas
la semana pasada, tras su renuncia, que habría querido
zafarse del gobierno menemista, sin embargo algo pasó.
Menem, hasta su asunción como presidente un crítico
de Estados Unidos, tuvo ya en su cargo un encuentro con el vicepresidente
estadounidense Dan Quayle, quien le habría dicho : "no
te olvides de Panamá", a la sazón, aún
en proceso de recomposición de sus instituciones tras la
invasión estadounidense, y sin muchas representaciones
diplomáticas extranjeras en ese entonces.
Menem le habría
respondido a Quayle: "Voy a designar a uno de los hombres
de mi íntima confianza" y a despecho de sus deseos,
Tata Yofre es nombrado en Panamá. Yofre arriba a Panamá
en enero de 1990 y se impresiona con el panorama de un país
virtualmente ocupado por las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Yofre narra
que, en el marco de las "visitas de cortesía",
propias de su función diplomática, se entrevistó
con el entonces jefe de la Fuerza Pública panameña,
Eduardo Herrera Hassán. Según cuenta, Herrera, cuya
oficina se encontraba "al lado de la del enlace militar estadounidense"
en esa época, le dejó entrever "recelos y críticas
al gobierno de (Guillermo) Endara. De lo dicho por Herrera
vaticiné que marchaba en dirección de un intento
de golpe de Estado. Así lo informé a la cancillería
(argentina), en un cable cifrado.
"Fui
a actos de finalización de cursos de oficiales de policía
panameños y a sus formaciones", cuenta Yofre. "Vestían
como policías norteamericanos (con cierto toque latino),
usaban armas cortas y escopetas, carecían de toda clase
de arma pesada", resalta Yofre.
Yofre señala
que a través de los diarios panameños se enteró
de que el país necesitaba lanchas para custodiar su litoral
marítimo y realizó algunas diligencias ("tanteos",
las llama él), para ofrecer "dotaciones usadas por
la prefectura naval" argentina.
Luego de esto,
el entonces embajador estadounidense en Panamá, Deane Hinton,
lo llamó y le dijo "en el lenguaje propio de un virrey",
que ese material sólo sería provisto por los Estados
Unidos.
Subraya Yofre
que siempre tuvo "excelentes relaciones" con el presidente
Endara y con el vicepresidente Guillermo Ford, pero recuerda que
la relación con el primer vicepresidente y Ministro de
Gobierno y Justicia Ricardo Arias Calderón fue tensa, debido
a la "desconfianza" manifestada a Yofre en virtud de
su anterior cargo al frente de la inteligencia argentina.
Yofre insiste
en que debido precisamente a su pasado como jefe de inteligencia
de su país, así como en virtud de la buena relación
con el Gobierno panameño, de haber tenido el Gobierno
panameño algún interés en adquirir armas
a la Argentina, el primero en saberlo hubiera sido yo y nadie
más.
Seineldín
Mohamed Alí
Seineldín es uno de los pocos militares argentinos, que
hasta el día de hoy recuerda con gratitud y aprecio a Manuel
Antonio Noriega. Ahora se ha convertido en una pesadilla para
el expresidente Menem en el caso del desvío de armas. Seineldín
señala que Menem se prestó para facilitarle a Estados
Unidos el aprovisionamiento de armas para el ejército de
Croacia, a fin de inclinar la balanza de fuerza en los Balcanes
hacia este grupo y lograr neutralizar a los serbios en 1991.
Impulsivo,
controvertido, deliberante, Seineldín fue uno de los líderes
del sector rebelde del ejército argentino, los "Carapintadas",
lo que lo convirtió en proscrito y le valió la reclusión
de por vida en Campo de Mayo por la intentona golpista de 1990.
Seineldín
se siente traicionado por Menem, quien lo llamaba "paisano"
hace uno años debido al origen libanés de ambos,
pero que no lo ayudó a evitar la prisión, siendo
el único militar golpista que no fue perdonado y que aún
está tras las rejas.
El gobierno
de Raúl Alfonsín temía a Seineldín
por ser jefe de comandos, veterano de la guerra de las Malvinas
y además "carapintada" y que por tal razón,
a principios de 1985, lo mandó a Panamá, para mantenerlo
lejos de Argentina.
En realidad,
esto provocó que se creara un fuerte vínculo de
Seineldín con Panamá, a través de nada menos
que Manuel Antonio Noriega, en ese entonces comandante de las
Fuerzas de Defensa. Según cuenta el periodista Daniel Santoro,
quien lo entrevistó en diciembre del 2000, Seineldín
no se dedicó en Panamá "a la diplomacia sino
a adiestrar la Fuerza de Defensa". Según la versión
publicada en la revista Gatopardo de marzo de 2001, la misión
de Seineldín "debía durar hasta 1986, pero
Alfonsín la extendió hasta 1988".
Seineldín
estaba agradecido con Noriega porque éste le dijo que había
abortado un plan para asesinarlo, fraguado supuestamente por los
servicios de inteligencia argentinos y ex montoneros radicados
en Panamá. Un viejo dirigente peronista llegó a
Panamá en 1988 y le encargó a Seineldín la
preparación de una visita que el candidato Carlos Menem
supuestamente realizaría a Panamá. Pero Menem no
vino, para que no lo vincularan con el levantamiento carapintada
de Villa Marteli, en diciembre de ese año, y que Seineldín
le había anunciado a Menem para "reorganizar"
las fuerzas armadas y ponerlas a su disposición, una vez
obtuviera el poder por los votos.
Aunque Noriega
le ofreció una casa y un carro, Seineldín cumplió
su palabra y abandonó Panamá en 1988, luego de organizar
aquí una escuela de comandos. Solo aceptó una pistola
rusa Makarov, por parte del panameño.
Un
asunto no investigado
Es una historia
larga. Viene desde principios de la última década
del siglo pasado. Habla de tráfico ilegal de armas, de
triangulaciones, de certificados de destino final; habla de Argentina-Panamá-Croacia.
Cuenta que
se otorgó o se falsificó el pasaporte panameño
de Diego Emilio Palleros, el militar argentino cabecilla del tráfico
de armas, quien recorrió el mundo amparado con la nacionalidad
panameña, cuando las autoridades de su país lo reclamaban
por los delitos de tráfico de armas y afines.
Palleros visitaba
con mucha frecuencia las oficinas del Ministerio de Gobierno y
Justicia de Panamá en 1991. José Miguel Alemán,
entonces viceministro del ramo, lo recibía. En ese cabildeo
Palleros obtuvo documentos que le permitieron, mediante falsificación
o alteración, según dice Alemán, que las
autoridades argentinas asumieran que el destino final de las armas
era Panamá.
También
por aquellos años, el argentino obtuvo el citado pasaporte
panameño, cuyo número (N 15- 368) correspondía
al de un ciudadano de origen chino con más de 30 años
de vivir en Panamá. El registro (número perforado)
correspondía al pasaporte otorgado a una joven de 20 años,
residente en Santa Librada, San Miguelito. El panameño
Palleros, detenido en Sudáfrica, optó por contar
sus verdades, así como lo han hecho en Buenos Aires muchos
de los protagonistas de esta historia.
Dentro del
largo proceso sobre el caso, el ministro bonaerense Antonio Erman
González mencionó a Alemán como la persona
que expidió los pedidos de armas a Argentina.
En el expediente
judicial de la investigación sobre el tráfico de
armas argentinas existen, aportadas por González, copias
del certificado de pedido de armas del viceministro de Gobierno
y Justicia de Panamá, José Miguel Alemán,
avaladas por la sección consular de la embajada argentina
en Panamá, que originó el decreto 1697/91, y de
la nota del encargado de negocios de la Embajada de Panamá
en Argentina, Alcibíades Ramos Simons, que dio origen al
decreto 2283/91, con la habilitación y legalización
correspondientes.
Alemán
sostuvo que certificados de destino final para la compra de armas,
como tales, no hubo. Estos documentos, si se expedían con
la normativa legal de por medio, debían ser firmados por
el ministro y viceministro de Gobierno.
Alemán
dice que no recuerda haber firmado ningún pedido de armas
a Argentina cuando era viceministro. Lo que sí firmó,
y esto lo recuerda porque en 1995 un funcionario del Ministerio
de Gobierno y Justicia le mostró una copia, fue una carta
de cortesía, dirigida a los señores
de Fabricaciones Militares, una empresa del ejército
argentino, mediante la cual el ministerio se comprometía
a considerar una compra ante una eventual cotización que
esa empresa hiciera.
Ramos Simons
y Alemán han dicho que ellos no tienen nada que ver con
el asunto de las armas. Alemán, incluso, fue exhortado
a declarar en el juicio de Buenos Aires.
Lo real fue
que Panamá era un vértice de papel, clave en el
trasiego ilegal de armas de Argentina a Croacia. Sin embargo,
las autoridades panameñas no han investigado absolutamente
nada sobre este grave hecho.
Tampoco han
investigado nada en relación al pasaporte panameño
de Palleros. Ni la Dirección Nacional de Pasaportes del
Ministerio de Gobierno y Justicia, ni el Ministerio Público
se han ocupado de esclarecer la verdad. Todo ha quedado bajo un
manto de oscuridad...
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